miércoles, 31 de diciembre de 2014

lunes, 29 de diciembre de 2014

La pájara de Badajoz

A mis cortas luces que no debe haberle hecho gracia a ella que Joaquin Sabina haya dicho que le dio al acabar el concierto un ramalazo de miedo escénico, un pastora-soler.
Sin duda que no es plato de gusto que a alguien le pase lo que sucedió al de los diecinueve días y las quinientas noches, pero después de sus muchas noches en vela, y de cantar a Chavela, no es de extrañar que le ocurriera eso. En el argot ciclista se emplea otra expresión para describir situaciones parecidas, que es la que podríamos aplicarle a Badajoz -la capitalina, que dice Alonso de la Torre-, a la que de cuando en cuando se le aparece una pájara que a esta ciudad de los miles de fantasmas le cuesta quitarse de encima. Ayer mismo, martes, iba servidor por el casco antiguo para celebrar mi sesenta y muchos cumpleaños (sí, hijo, sí) y puede comprobar que los mismos defectos y los mismos vicios siguen presentes, aunque ya hay menos coches en doble fila, porque el fotomatón ese de coche con ruedas impone un respeto.Pero seguimos viendo cacas de perros, conductores que no respetan los giros prohibidos a la izquierda, tablones y maderas al lado de los contenedores arrojados por desaprensivos, bolsas de basuras escondidas en los bajos de los coches, socavones y tuberías reventadas como las de Ciudad Jardín… Sigue sin haber un cartel en los contenedores que diga a qué horas está permitido tirar la basura, siguen cruzando sesentones y setentones con bastón por el lugar en el que no están los pasos de peatones, lo mismo en Carolina Coronado que en Ricardo Carapeto que en Fernando Calzadilla… No quiero una ciudad tomada por la Policía, pero a veces se les echa de menos en la calle y parece que se hubieran ido todos a espantar la pájara de esta capitalina a la que yo no cambio por ninguna otra.(Publicado en la edición impresa de HOY el 19 de diciembre de 2014)

viernes, 5 de diciembre de 2014

Amaina, pero no se va



Este cartel no tiene nada que ver con la historia. Si lo traigo aquí es para informar de  lo fácil que resulta prohibir en este país. Estaba a las puertas de un local cerca de la Estación de Autobuses de Badajoz (Foto M. L.)


Una vez le oí a mi compañera periodista Merche Barrado una frase que me hizo sonreír: “Dios aprieta pero no suelta”, comentaba socarrona ante la que estaba cayendo ya por aquellos tiempos (después ha caído más, sin duda, y que se lo pregunten a ella). Traducido a otros lenguajes y a otros campos, puede decirse que el personal suele acordarse de un callo (de los de los pies) mientras le duele y mientras “dios aprieta pero no suelta”. Cuando le quitan el callo, el paciente empieza ya a preocuparse por otras cosas. Algo así nos pasa en Badajoz: A saber, tenemos abundantes callos en la ciudad y no estoy pensando en ningún concejal. Pero callos buenos son el problema del paro; la no extensión de la renta básica; la buena gente que está sin vivienda propia y sin techo bajo el que cobijarse; los agobios de los administradores de los comedores sociales que reclaman más ayudas (aunque esto hay que mirarlo con generosidad, pero con lupa); otros temas podrían ser menores como las calles sin asfaltar, el agobio por la falta de aparcamientos, la escasez de antenas parabólicas, los baches, las cacas de los perros, el botellón, los escándalos de algunos pisos de estudiantes, el parking de Conquistadores, la lenta agonía de las palmeras de ese presunto parking que el alcalde Fragoso va a rescatar presuntamente para la ciudad.
  Acostumbrado a emborregarme de cuando en cuando con la tele, soy de los apasionados con la información del tiempo y por eso sigo de cerca cuanto se refiere a los fenómenos adversos y el temporal. Aparte de que se despìden asegurando “volvemos a las nueve, una menos en Canarias”, del temporal largan diciendo que amaina, pero no se va (en fin, que él no se va…).

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes, 5 de noviembre de 2014. Nihil obstat)

viernes, 21 de noviembre de 2014

Una menos en Canarias






Esta foto es de tres limones morrocotudos que me ha regalado mi vecino Santiago Soto. Se los ha dad un limonero que tiene en su parcelita de Valverde de Leganés. Entre los tres pesan casi tres kilos. Los tales limones son dignos de aparecer en un telediario.



¡Qué jartito estoy yo ya de los telediarios! Ya decidí borrarme de La 1 y ando buscando qué cadena televisiva podrá dar satisfacción a mis demandas (no digo a mis intereses). A todas horas muertes, violaciones, malos tratos a mujeres, corrupciones, evasión de capitales, engaños. Uno acude a diario a estos santuarios de la noticia con la esperanza de ver y escuchar qué dicen de Badajoz o del cruce de las Hererrías o de Peraleda de la Mata o de Herrera del Duque, pero siempre sale la misma cantinela. Quiero saber si baja el paro en Extremadura, si por fin Fragoso arregla el conflicto del parking de Conquistadores, si el Canal de Badajoz va a generar para la ciudad los dividendos que debería, si el Cubo de Biblioteconomía va a caer, si el concejal se ha bajado ya de la moto, si Floriano se vuelve a dar clases a la Universidad y deja de hacer el ridículo nacional, si el arzobispo se da cuenta de que parece que se la ido la mano con las reformas de Palacio, si la contribución va o no a bajar, si va a desaparecer como debería el canon Monago –digo, del agua-, si han empezado a poner remedio a los acerados de Suerte de Saavedra, si los vecinos de la margen derecha tienen un poco más de ayuda, si la renta básica llega a quien debe llegar, si van por fin a hacer algo en Badajoz antes de las elecciones que parece que no hagan nada, aunque tal vez lo están haciendo … pero siempre me dicen lo mismo que no quiero oir: Que si la Pantoja, que si la Duquesa, que si el coleta, que si el amigo del coleta, que si Mas sigue con sus bromas sobre todos nosotros, que si el tío plasta del plasma sigue igual de pusilánime, que si Juan Parejo ha ido o no ha ido a ver a no sé que proyecto de desarrollo popular y ha abrazado al alcalde y a sus concejales…
  Y para más inri, la broma final esa con la que se despiden los presentadores, que me parece que me están mirando directamente cuando dicen: “Volvemos con ustedes a las nueve, las ocho en Canarias”. A vé…

(Publicado en la edición impresa de HOY el 21 de noviembre de 2014)

lunes, 3 de noviembre de 2014

Y ahora os lamentaréis













(Dedicado a todos los que usted y yo sabemos, empezando por los de arriba y acabando por los de abajo, que somos los que saldremos perdiendo)


“El que excava una fosa caerá en ella, el que hace rodar una piedra se le vendrá encima” (Libro de los Proverbios, 26). “Al que ya de mañana hasta a su prójimo bendice en alta voz le será contado como una maldición” (Prov., 27). “El hombre rico se cree sabio pero el pobre inteligente lo desenmascara” (Prov. 28). “No te apoyes en riquezas injustas, que de nada te servirán el día de la adversidad” (Eclesiástico, 5).”El pobre es honrado por su saber y el rico lo es por su riqueza” (Ecles., 10)”Guárdate del malvado, porque maquina el mal, no sea que te manche para siempre” (Ecles. 11). “Como jaula llena de aves, así están sus casas llenas de fraudes. Así se engrandecieron y se enriquecieron, engordaron, se alustraron” (Jeremías, 5). “¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron? Avergonzarse, no se avergonzaron; sonrojarse, tampoco supieron; por lo tanto caerán con los que cayeren” (Jeremías, 6). “Nadie deplora su maldad, diciendo ¿qué he hecho? Todos se extravían, cada cual en su carrera, cual caballo que irrumpe en la batalla. Hasta la cigüeña en el cielo conoce su estación” (Jerem. 8). “Tu comerás, pero no te saciarás. Tu mugre estará dentro de ti. Pondrás a buen recaudo, mas nada salvarás y lo que hayas salvado lo entregaré yo a la espada” (Miqueas, 6). “Por haber saqueado a naciones numerosas te saqueará a ti el resto de los pueblos” (Habacuc, II) “Difícilmente se libra de falta el negociante, el comerciante no quedará limpio de pecado” (Eclesiástico, 26)

(Textos recogidos del Antiguo Testamento sobre una idea copiada al periodista José María Pagador)

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes  3 de noviembre de 2014 )

martes, 28 de octubre de 2014

Aquí, como si siempre fuera la misma hora, todos los días la misma hora










(La Barcelona de hoy, el 12 de octubre pasado. Contrastes de la vida. Fotos M.L.)


Corroborarán conmigo en que Badajoz es un lugar en el que pareciera que no pasa el tiempo, como en las novelas de García Márquez pero con más mala leche. Uno se va quince días a la periferia (ingenua forma de hablar de Girona, de Barcelona, de Torrelodones) y vuelve con los colmillos aún más retorcidos porque ve que en los territorios de Monago (territory comanche Monago’s, que ellos gustan de anunciarse en inglés en la prensa nacional) parece que no pasa el tiempo.
  Los mismos parsimoniosos trenes de Chamizo, los carísimos aviones que le pagamos a Air Europa que casualemnte abre enlaces con Tel Aviv, como quien dice ahí al lado con Caminorisco, las carreteras medianamente arregladas… Pero el tren, el avión… En la periferia esa que nombro he asistido estupefacto a las infraestructuras casi lujuriosas de la Estación de Francia, de Sants, al milagro que hace decenas años propiciamos con nuestros impuestos todos los españoles mientras aquí nos siguen regateando un cacho de AVE, nos cuesta un ojo de la cara montarnos en un avión en Talavera, arreglar una vía del túnel de Miravete se lleva tres días con un carril cortado...
  Por aquí parece que no ha pasado el tiempo de los años 50 aunque en algunas cosas andemos algo mejor que esos vecinos tan adorables a los que he visitado. El Gobex, ese invento que al menos tiene la ventaja de que no han saltado chispas de corrupción, sí se resiente de un protagonismo de los que acuden a ver los buitres volar en Monfrague o la berrea con un casco puesto. Son tributos a la galería. Mientras, desde Badajoz, donde no pasa el tiempo y seguimos como hace 50 años, vemos que España continúa progresando y aquí aún forramos los libros con papel de estraza. La culpa quizá no sea de nuestros gobernantes, sino de todos nosotros, de los que no saltamos la verja con decisión. Porque aquí siendo siendo todos los días la misma hora. A vé si no…

(Publicado en la edición impresa de HOY el martes 21 de octubre de 2014)

martes, 30 de septiembre de 2014

Acoso policial en nuestras calles





Para que nadie se moleste, traigo aquí una imagen de dos policías locales en un país europeo, que estaban apatrullando la ciudad. (Foto M. L.)

Caminaré yo esta mañana por el Puente Real tratando de evitar ser atropellado por algún conductor deslumbrado cuando se me vendrá a la mente que hace semanas y semanas que no veo a los muy diligentes y activos señores de la Policía Local haciendo controles en esa zona ni en el Puente de la Universidad ni en ninguna parte. Eso desmiente mi teoría de que somos una ciudad asediada por “los locales”, que es como la versión light de la Policía Nacional, porque a estos últimos se les llama los nacionales mientras los otros son los locales y hace ná y menos eran los municipales (allí donde los haya, porque hay pueblos en que los municipales son como un espanto). En este Badajoz de mi Martínez Mediero, moderno y desconfiado, el agobio a que nos tienen sometidos los municipales es horrible. Intentas evitar ser atropellado en un semáforo, ves a un gamberro motorizado con el escape libre saltándose el semáforo, tratas de que limpie la caca la vecina (no vayan a llamarme machista) que hace cucamonas al perro mientras este se desocupa, ves al gamberro belga rompiendo botellas en Fernando Calzadilla, quieres increpar al jubilado (llámenme lo que quieran) que sacude las alfombras a todas horas del día y de la noche… y de pronto ves que no es necesario que lo hagas tu, que estás rodeado de municipales que se encargan de hacer cumplir las ordenanzas municipales, con una presencia policial que es agobiante para los que presumimos de ser gente de orden. Esta masiva salida de agentes a la calle, apatrullando la ciudad, que para sí quisieran en Marbella o en Mérida, hace que uno recupere la confianza en quienes rigen nuestros destinos, que saben de sobra que cuando un pueblo se siente tan vigilado acaba por gritar ¡fuera las cadenas, que quiero ser libre! Menos mal que, como ya tengo escrito, Badajoz aguanta todo. Hasta al concejal de la moto (aquí no ha pasado nada, mire usted) y al agobio de tanto policía en la calle. A vé…

(Publicado en HOY el 30 de septiembre de 2014)

martes, 16 de septiembre de 2014

¿Es posible que esto vaya a ser el Hospital de la Gran Muralla china?


(El Hospital provincial San Sebastián, que la Diputación cedió graciosamente al Estado para instalar un Parador Nacional. Por la desidia del Estado y de sus responsables, el propio Estado tendrá que gastarse medio millón de euros en reparar los efectos del vandalismo. Así nos luce el pelo. Fotos: M.L.)


Iba servidor de usted a comprar papel para forrar los libros cuando tras atravesar San Francisco vi una multitud que rodeaba las traseras del López de Ayala. No, no era gente que fuera a comprar entradas para ver a algún cómico ni era tampoco otra cola de desesperados a las puertas de Hacienda a reclamar la devolución aún pendiente. Era, sencillamente, una concentración pacífica de personas que al pasar por la acera se habían parado a contemplar a tres ciudadanos del mundo que con varios cartapacios y cámaras, ipad’s y utensilios de lo más variopinto miraban y remiraban la fachada y luego se iban a  los laterales y señalaban las ventanas y cuchicheaban, porque, eso sí, hablan bajito (no son españoles, claro). Chinos de la gran muralla mirando y remirando el que fuera Hospital provincial desde todos los ángulos posibles. ¿Qué coño estarán mirando? se preguntaba un concejal que pasaba por allí montado en su moto y que iba a aparcar a la Plaza Alta. Un curioso ciudadano se atrevió a preguntarles en perfecto idioma chino mandarín y recibió la fatídica respuesta que le dejó perplejo. “Estamos -dijo el chino viejo- mirando a ver si nos interesa quedarnos con el local”. El chino no dijo más pero de su chaqueta asomaba un recorte de este periódico en que podía leerse con letras gordas que el Estado va a soltar 525.000 euros para reparar los desperfectos del Hospital antes de devolvérselo a la Diputación de Badajoz. Y los chinos habrán echado sus cuentas y verán que por mucho que les pidan por el traspaso, como papá Estado se va a gastar medio millón de euros en reparar los daños causados por la incompetencia de nuestras autoridades (concejales, diputados provinciales, alcaldes, presidente de Diputación de Badajoz, etc …) pues ellos con ná y menos nos colocan ahí una tienda de souvenir, una gran muralla o lo que haga falta… ¡Qué poca vergüenza que el Estado pague ahora medio millón de euros tras unos años cerrado el jodido edificio cuando el más tonto del pueblo (yo, por ejemplo) sabía de sobra que ahí no se iba a hacer ni un Parador ni un Paratres ni leches! ¿Por qué se cedió gratis et amore? Este pueblo no se merece tener estos jodidos gobernantes, sean del signo que sean. Y a todos estos gobernantes hay que echarlos a los leones.

(Publicado en la edición impresa de HOY el martes 16 de septiembre de 2014)

lunes, 8 de septiembre de 2014

Don Manuel Botello Marin, designado hijo predilecto de Salvaleón

   









Salvaleón ha rendido un homenaje popular el domingo 7 de septiembre al que durante casi dos décadas fuera su párroco, el sacerdote Manuel Botello Marín, que coincidiendo con este homenaje popular acaba de ser designado por el ayuntamiento hijo predilecto de la villa. Natural de esta población, Manuel Botello ha ejercido su ministerio sacerdotal en Cheles, Entrín Bajo, Berlanga y Salvaleón, culminando su última etapa de dedicación a la Iglesia como capellán del Hospital Infanta Cristina, donde su  popular figura adquirió especial relevancia entre el personal sanitario del centro y los numerosos enfermos a los que visitó en sus más de diez años en el centro hospitalario. Ha sido esta, precisamente, la cualidad humana que la ha sido más reconocida en su vida sacerdotal, la de las numerosas visitas y el afecto demostrado a los enfermos en las parroquias que le fueron encomendadas.
Al homenaje ahora celebrado a iniciativa de un grupo de feligreses se sumó la Corporación Local, que acordó conceder su nombre a una céntrica calle. El alcalde, Francisco Albarrán, anunció en el sencillo acto de descubrimiento de la placa de la calle que llevará su nombre que la Corporación local había decidirlo concederle el título de hijo predilecto. Más de 500 vecinos asistieron a la misa de acción de gracias celebrada en la ermita de la Virgen de Aguasantas y al descubrimiento de la placa, siendo completados estos actos con una convivencia de hermandad en una cafetería de la población. Hubo numerosas intervenciones de organizadores y amigos. Emocionado, don Manuel Botello Marín dio las gracias y narró escenas de su vida infantil y juvenil desarrolladas precisamente en el espacio en el que hoy se asienta la que desde ahora será su calle y que antes era conocido como La Capellanía.
Ya jubilado de su actividad parroquial, sigue colaborando en las tareas de la parroquia de la que es titular Santa Marta, de Salvaleón, donde recibe a diario el afecto de todos los vecinos porrineros.



sábado, 6 de septiembre de 2014

La esquina ilustrada de Badajoz

Hay en Badajoz un lugar que rezuma sabiduría popular desde que amanece. Yo lo llamo la esquina ilustrada y está donde en su día asentó sus reales un negocio que respondía al nombre de La Esquina Educativa. En la Avenida de Fernando Calzadilla, esquina con Avenida de Juan Pereda Pila, antes de las oho de cada mañana de lunes a viernes se da cita una curiosa masa de jubilados y jubiladas que acuden allí movidos por la pasión por la lectura y, supongo, las escasas ganas de gastarse un duro en periódicos. Esa esquina, que las palomas ponen hecha un asco cada madrugada y que luego a lo largo del día es fregada por los titulares de una parafarmacia, es uno de los lugares elegidos por los repartidores de periódicos gratuitos en Badajoz, Desde poco antes de las 8 de la mañana, tanto en el jodido invierno como en el tórrido verano, puede verse allí a varias docenas de jubilados que departen en animada charla y forman las tertulias prerecepción de la carga de erudición que se supone es llevada por los periódicos gratuitos. Esa esquina ilustrada recibe la lluvia de la cultura periodística y no solo se registran colas esperando a los repartidores y a Pepi (ex trabajadora de Duven, Durán Ventura, almacenes de mobiliario y oficinas), que se encarga de recibir de los repartidores los folletos que los periódicos gratuitos también distribuyen entre los ávidos y ahorrativos lectores. Son los que jamás van a pagar un euro por un periódico, como los clientes de los bares a los que a veces no les importa esperar media hora con tal de leer gratis el periódico, y que no dudan en gastarse uno o los euros que sean con tal de disfrutar de la cultura gratuita. Todos ellos son los otros lectores que no pueden incluirse en las estadísticas de lectura de periódicos. Pero así es la vida. Por más que las palomas se empeñen en seguir cagando sobre la letra impresa que se lleva infeliz las declaraciones de todos los astorga de turno. A vé…

(Publicado en la edición impresa de HOY el  jueves 4 de septiembre de 2014)

domingo, 24 de agosto de 2014

El lejío es para el que se lo trabaja

Me contaba Manolo Pérez, el veterano locutor y ex director de RadioCadena Española en Badajoz, en aquellos buenos tiempos en que en Sailor´s una noche si y otra también nos pasábamos “a lo fregao”, que en su juventud (porque él también fue joven, no crean) se iba a las murallas de Mérida a tirarle pedruscos a los enemigos de Calamonte al grito de guerra de “calamonteño, rabúo” (espero que no se me molesten ahora ya por recordarlo). Porque en Mérida siempre han tenido muchas piedras, para dar y tirar y no como en Badajoz, donde lo que abunda son los chinatos. De eso quería yo hablar hoy otra vez porque hace unos días un colega colaborar de esta columna, Fernando Sánchez Lavado, se refería a la Plaza de Conquistadores diciendo que el pueblo la había bautizado como el lejío de los chinatos y exactamente no es así. Fue el entonces alcalde de Badajoz Gabriel Montesinos, (que también llegó a la alcaldía de rebote como Fran Fragoso), quien defendía la firma de la cesión de terrenos a El Corte Inglés, a la que se oponía el Partido Popular de aquel momento, con Miguel Celdrán como primer espada (era concejal, pero en la oposición). Incluso el PP llegó a propiciar la colocación de pancartas en los edificios que hoy miran a El Corte Inglés, en las que podía leerse “Yo también quiero la plaza”. Tuve la suerte de ser yo como plumilla el que recogió y aireó después siempre que pude aquella frase: “Esa plaza no vale para nada. Es un lejío de chinatos”. Triunfó la opción de El Corte Inglés porque el PSOE tenía mayoría en el ayuntamiento y parece que el resultado no podía ser mejor de lo que ha sido. Hoy, junto a lo que fue el lejío de los chinatos, por desgracia, permanece sólo el que bien podríamos llamar el lejío de las palmeras.

(Publicado en la edicióm impresa de HOY el viernes 22 de agosto de 2014)

viernes, 8 de agosto de 2014

Tírate de la moto, mi teniente de alcalde



Los abuelos recientes, como Manolo Becerro, acuden a San Francisco a contemplar pasmados y felices los asombros de sus nietos. Asisten a las miles de preguntas de los niños que quieren aprenderlo todo de golpe. A Manolo le preguntará su nieta Greta, recién llegada a este mundo, si los caminos y las carreteras se hacen y él contestará, como yo, que no, que están trazados por otros y no se hacen, se escriben.
    Los pajarillos y las asquerosas palomas hacen sus caminos en el cielo de Badajoz. Ellas buscan las cornisas en las noches, tras la hora dudosa que se inventó Paz López (esa hora que va de las 9:00 post meridiem a las 10 p.m., o sea, cuando el concejal-teniente de alcalde sale de paseo con su moto de 600 y pico c.c.), para dejar caer su apestosa y sucia descarga (la de las palomas, ¡eh!). ¡Qué asco de palomas en Badajoz! Ahí no hay concejal que sea capaz de ponerles remedio (como tampoco el teniente de alcalde es capaz de poner orden en su corbata) y las esquinas de la calle del Obispo, el campo de San Juan, Fernando Calzadilla, la Avenida de Huelva, Ricardo Carapeto, la de Colón, ofrecen un lamentable espectáculo de excrementos palomares que ¡vaya tela!
  En esa hora dudosa uno se acerca al quiosco de San Francisco y no sabe si pedir una tónica o una caña para acompañar un rato de lectura reposada que Miguel Murillo vigila, mordaz, desde la Terraza del López de Ayala, a la que él ha subido para espantar las palomas porque Onofre no le hace ni caso. Mientras, los del vaso largo siguen aún en La Marina y Antonio Abril, el jubilado de lujo de Sonytel, reclama un poco de plática a los paseantes de Damián Téllez, en el banco al lado de donde Hilario dormita y Horacio bromea con el carnicero Alberto Cerrato sobre la casta esta que nos gobierna, mientras unos desaprensivos, con cara de amantes de los animales,  llevan sus perros a defecar en los mismos jardines de Damián Téllez en los que unos niños harán su primeros pinitos de paseantes mirando el hermoso volar de las palomas, sembradoras de cacas por todas partes sin concejal que pueda con ellas, porque éste está buscando la moto, esa de la que Los Inhumanos (unos músicos, oigan) conminan al concejal,"de la moto tírate..." Y mientras Greta, la nieta de Manolo Becerro, crecerá soñando palomas y caminos.Bienvenida, Greta.

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 8 de agoso de 2014. El titular apareció cambiado)
http://manololopezgarcia.blogspot.com/

jueves, 31 de julio de 2014

Los burros de Badajoz



Historias de burros en Badajoz hay para dar y tomar. Empezando por el burro de la lejía o siguiendo por las mulas de El Chato. De eso saben algo los nacidos en el siglo pasado. También historias de dos personajes extremeños, tristemente desaparecidos, que pusieron un burro en algún momento de sus vidas. Uno fue el pintor Francisco Morán Cruz, funcionario de la Diputación de Badajoz, al que organizaron una exposición en Madrid y dijo que él se encargaba de jalearla. No eran tiempos de ruedas de prensa pero entre la prensa desoficiada de la capital se corrió la voz en cuanto que Paco Morán apareció en la Gran Vía madrileña, montado en un burrito capón con unas alforjas y traje típico extremeño, fumando su pipa. La asaetearon con cámaras y micrófonos,vendió su mercancía, se deshizo en elogios de sus propios cuadros, presumió de su extremeñismo holgadamente y cuando un listillo periodista quiso cazarle y preguntó “¿de dónde es el burro?”, Paco soltó la respuesta que tenía preparada: “El burro es de Madrid”. Las crónicas no dicen nada más y cuando Paco me lo contó hace ya muchos años se enrojecía de satisfacción.
     El otro protagonista fue Rafael Ortega, el alfarero de Fregenal de la Sierra, que exhibió una de sus creaciones con Sancho Panza delante en su burro y Don Quijote en su jamelgo Rocinante detrás. Cuando le preguntaron por qué había cambiado el orden contestó con guasa: “Ya estoy harto de que vaya delante siempre el mismo”. Me confesó el buenazo de Rafael, un hombre de izquierdas, que en aquellos tiempos temió que desde la lucecita que a decir de las crónicas lucía por las noches en El Pardo se le callara la boca. Pero la cosa no pasó de ahí y desde entonces Sancho Panza ya fue siempre por delante en su burro. Y don Quijote detrás, de segundón.

(Publicado en la edición impresa de HOY el  lunes 28 de Julio de 2014)

viernes, 18 de julio de 2014

Triste como una casa sin cántaros







( Los elementos más identificativos de Salvatierra de los Barros, en el Museo de la Alfarería de la población, una joya que es a la vez un homenaje a una artesanía que se resiste a desaparecer) Foto: M. LÓPEZ


En las casas aún habitadas de la zona de la Plaza Alta de Badajoz puede que aún haya cantareras, esa reliquia del pasado que a algunos se les antoja ya lejano pero que ofrecían una imagen de frescura en las casas que se aprecia especialmente en verano. Revelaban las cantareras además el ingenio y el buen hacer de los albañiles de antaño, que a su vez habían heredado la sabiduría constructiva de sus ancestros. Puede que haya aún cantareras y cántaros con agua en algunas casas del viejo San Roque, en el Cerro de Reyes, acaso en La Picuriña, tal vez en la Estación o San Fernando, por el Gurugú, por la Luneta… Y desde luego, en la inmensa mayoría de nuestros pueblos, que visitaban asiduamente los arrieros de Salvatierra llevando su prodigiosa y artesanal mercancía, los porrones, los piches, los cántaros, los pucheros. Hace unos días en esta sección recordaba yo esa simpática y nostálgica presencia de los arrieros en la plaza de mi pueblo, Salvaleón. Allí acudían con su mercancía mientras otros de sus compañeros llegaron con los cántaros, los espiches y hasta los burros a Nueva York.
Hoy, ya digo, no hay cantareras ni cántaros en muchos lugares y hasta al bar/pub La Cantarera de Sinforiano Madroñero creo que le han cambiado el nombre y lo ha adoptado un kebab, mire usted qué gracia. Menos mal que esa desaparición no será total mientras haya personas que mantengan vivo en su espíritu y en su recuerdo el sabor agradable del agua enfríada no en el frigorífico, sino a golpe del barro de Salvatierra. No se perderá todo mientras podamos luchar incluso a favor de quien se empeñe en no tener alma de cántaro. Pero sí, son tristes las casas sin cántaros.

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 18 de julio de 2014)

viernes, 4 de julio de 2014

Como un pueblo sin su plaza







La Plaza de España de Salvaleón, desmantelada de su empedrado portugués. Las máquinas han invadido el lugar de nuestros paseos y nuestros sueños, nuestra infancia y juventud.


Lo que nos va quedando es sólo el recuerdo. Nuestros juegos en la plaza del pueblo, en este caso de Salvaleón. Ahí estaba el moral, ahí estaba el algarrobo, ahí se sentaban los viejos que hicieron historia en nuestras vidas, ahí vivimos nuestros primeros amores, ahí nos moceábamos. Ahí jugábamos al marro y a medias y enteras, ahí dormían junto a sus cargas los vendedores de melones de La Torre, ahí exponían su mercancía los alfareros de Salvatierra, ahí bailábamos en verano con Los Velasco, con Ramonito y Burrino y Blasito, con Los Sonics de Barcarrota. Ahí, en una plaza desnivelada, se invirtieron millones para que artesanos portugueses hicieran un hermoso mosaico de piedras con las que bordaron el escudo del pueblo… Miles y miles de euros sobre los que se ha echado capas de cemento que se iba a pulir. Pero los técnicos no han acertado y han optado por lo más vil, por descuajar las miles de piedrecitas y arrasar la plaza de un pueblo que se queda sin su plaza. En la mañana del martes primero de julio alguna mujer ha ido indignada a pedir explicaciones al alcalde, que ha dicho que el daño lo va a reparar la empresa, que no costará un euro al pueblo. Nos quedamos sin el mosaico portugués. Nos quedamos con la plaza descuajada como una encina vieja y ya se bromea diciendo que ahí se va a hacer un verjel. Nos quedamos sin Centro de Salud, sin Instituto, con un cura ambulante, con un médico ambulante, con un ATS, sin guardia civil, con un sólo policía local, sin el moral, sin el algarrobo. Eso sí, tenemos las excavadoras metidas en la plaza. Ya ni sitio tenemos para despedir a nuestros muertos a la puerta de la iglesia.
Pero tranquilos, porrrineros, ha dicho el alcalde que eso lo va a costear la empresa que ha destrozado nuestra plaza. Y lo ha hecho en las propias narices del alcalde y de toda la Corporación que este pueblo ha votado.

(Publicado en la edición impresa de HOY el martes 1 de julio de 2014)

Corcheas y semicorcheas


Mis recuerdos de infancia y pasmosa juventud van ligados a mis aficiones musicales, a mi querer y no poder ser un musiquillo aficionado que hacia lo que podía con la clave de Sol y el método Eslava. Mis primeros contactos con la Banda Municipal de Música  de Badajoz, cuando el concejal responsable de la Banda era el maestro Antonio Regalado, datan de una visita a lo que por entonces era lugar de ensayo y no sé si lo seguirá siendo en la calle Las Peñas (ahora Eugenio Hermoso), con varias sillas mal puestas que servían para sentar las posaderas de los señores músicos. In illo témpore yo había conocido en Pipo’s, aquel lugar de perdición, las habilidades trompeteras de El Maceta, un buen músico y gran persona, cuando pululaba por el local gestionándolo el desaparecido Gerardo Barredo., que se jugaba el tipo cada noche con los que se negaban a pagar las copas de “ las chicas”. Allí cantaba desgarrado el “me quemaste, me quemaste, como un muñeco de falla” un joven y entusiasta Ángel de España que hacía las delicias de la concurrencia a eso de las cinco de la madrugada, cargado el local de humo y de colonia barata y quizás hasta alguna vendedora de claveles. Ya iba yo por la vida con ciertos saberes de las corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas, garrapateas, etc, por lo que esto de que ahora se hayan filtrado preguntas de los exámenes para elegir nuevos componentes de la Banda Municipal me llena de disgusto, porque viene a ser como si alguien se hubiera tomado tan seria oposición como el pito del sereno.
  Y es que está visto que ni las corcheas son ya ajenas a la pillería humana. No sé yo si será mi colega periodista Paloma Morcillo la concejala-delegada de las corcheas, que para eso y para todas las cosas de la Cultura se la llevó ahí Migué Celdrán, que me imagino se encogerá de hombros y dirá aquello de a mi que “me dejen de musicas” o que se vayan con la música a otra parte. A vé…

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 16 de junio de 2014)

sábado, 31 de mayo de 2014

Filosofía de mercadillo









(No se ve muy allá, pero ahí está la pintada en el suelo del mercadillo de los martes. Filosofía pura)


Siempre se aprende algo, todos los días. Y al hilo de ello confieso que soy un ferviente seguidor del mercadillo de los martes y persisto en el empeño de visitarlo (en plan chandalista, claro, arreglado pero informal) porque me encanta situarme ante los puestos y escuchar las conversaciones, ver a desoficiados y desoficiadas como yo vagando entre los puestos, compartir la sonrisa socarrona del currante Emilio Gamito y su clan (su hermana Isabel Gamito, su hijo Javi Gamito y compañeros mártires), a los que invariablemente pregunto si tienen garrapatos, que al final compro en otro sitio porque el jodido de él casi nunca los tiene. Pues en el mercadillo de los martes, por una de las calles, apareció hace ya más de un año una simpática pintada que aún persiste allí y ha aguantado el paso del tiempo y, como dirían los latinos, el peso del día y el calor (esta mañana me encontré en la plaza de Minayo a mi profesor de Latin/Literatura don José Huertas y seguro que él recordará de sobra la traducción del “pondus diei et aestus”, el peso del día y del calor). Pues allí en el mercadillo resiste la pintada ese pondus etc: “Que nos separe la ropa y no lo haga el tiempo”. Algo misterioso que quizá se refiera a trifulcas entre familias de vendedores separadas, porque no se explica de lo contrario esa alusión a la ropa separadora, porque la ropa más que separar tapa o esconde y abriga a los ojos de los demás. Camino del mercadillo me encuentro los martes al afanoso Francisco Centeno, doctor en biología molecular y PSOEconfeso por lo que puedo leer en su Twiter, ex alumno mio en los años de nuestra Escuela Virgen de Guadalupe. Y muy cerca de él veo también a Ricardo Cabezas, ese entusiasta cooperante, alma de la margen derecha del Guadiana y de los movimientos que tengan que ver con la lucha contra la marginalidad, de la que tanto sabemos. Pero en el meollo del mercadillo descubrí el pasado martes a eso de las 9:22 de la mañana a varios (y varios es más de dos y más de tres) niños de algo menos de 5 años, regateándole a pelotas de trapo entre los puestos de venta de ropa de sus padres o sus madres. Como también vi a dos polis locales recogidos en el coche oficial cuando ya me iba con los garrrapatos, imagino que los susodichos al empezar su ronda saldrían del coche y mandarían a los niños al colegio. Porque la labor de la Policía no es solo denunciar y poner orden, es también esa. Vamos, esa es al menos mi filosofía del mercadillo de esta vida. A vé.

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 30 de mayo de 2014)

jueves, 15 de mayo de 2014

Epidemia de jaras, de Jara





Tengo que pedirle perdón al poeta y periodista extremeño José María Bermejo por haberle robado  parte del título de su libro Epidemia de nieve con el que ganó el Premio Adonais de poesía. Hablaba él de su Tornavacas natal, sobre el que describía que se había depositado una epidemia de nieve. Hablo yo ahora de la epidemia de flores de jara que ha inundado Monsalud, La Jara, los hermosos campos que se atraviesan entre Salvaleón y Nogales. Las cunetas de El Regío, escenario de episodios poco agradables de los años 30, hoy felizmente superados. Y tengo que pedirle permiso también al cantautor extremeño Luis Pastor que  pide  en sus poemas “tráeme paisajes de encina en tus ojos, tráeme simiente de vida en tus brazos”. Esta explosión de flores de jara, este espectáculo único de nuestra naturaleza, casi acaba de morir hogaño. Porque la de la jara es flor de un día, flor que muere, pero que también alienta a las laboriosas abejas que liban su néctar para endulzarnos la vida con la miel de jara. En estos tiempos de tanta maldad urbana (¿no es eso lo que estamos padeciendo?) es un gozo pasar por estas carreteras, por estos parajes en los que la jara es casi único signo de vida, sentir la tentación de abandonar la marcha para sentarse a contemplar el enconado trabajo de las abejas, el devenir del nacimiento y muerte diarios de la flor. Alguna de las cercanas golondrinas, el reventar de la primavera que se nos está casi yendo de las manos atosigada por el sofocante calor del verano que se acerca. Estas flores de jara han sido y son aún el puente que nos une con la vida. En estos tiempos en que en los campos no hay casi ni pájaros y las casas están cercadas de palomas, al menos tendremos las amapolas y las espigas para recordarnos que antes estuvieron con nosotros las flores de jaras.

(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles14 de mayo de 2014)

viernes, 2 de mayo de 2014

Mayores en la Universidad de Extremadura




(En la foto superior, de izquierda a derecha, Luis Ruiz, Luis Cintas y Luis Chávez, los tres luises. Debajo, Juan González Carmona, Valentín Sánchez Cerrato y un servidor. Los seis, alumnos de la Universidad de los Mayores, de excursión gastronómico-cultural en Borba y Estremoz el pasado invierno. Y para practicar algo de nuestras clases de portugués).

Cuando en las pasadas tardes del jodido invierno el cuerpo pedía quedarse en casa o en estas de la insultante primavera más apetece pasear (para desintoxicar, para acompañar a los nietos en el aprendizaje de los paseos, para quemar el jodido azúcar, para curiosear en los mercadillos o husmear en la bibliotecas) sigue habiendo un grupo de más de mil personas (que ya es grupo, ya y cuando se enteren algunos partidos políticos nos abordarán para pedirnos su voto o tratar de manosearnos) que en Badajoz, Cáceres, Plasencia, Mérida, Don Benito/Villanueva o Zafra acudimos a las clases de la Universidad de Mayores bajo el manto protector de la Universidad de Extremadura. Entre los alumnos hay muchos que solo conocen de la Universidad el nombre, que no han tenido la oportunidad de estudiar más allá de las cuatro reglas ni de acceder a una educación que pase de la elemental, que en muchas ocasiones es bastante más educación que la de quienes ostentan títulos de categoría aparentemente superior. Acudimos para seguir aprendiendo, junto a jóvenes alumnos (como los de la Facultad de Educación en Badajoz) que nos miran como bichos raros. Porque aparte de algunas clases ininteligibles que nos ofrecen hablando de los RCV (sí, lector, los riesgos cardiovasculares), estamos conociendo, ya con más de ¡sesenta y pico de años! tanto de las ideas de Marx o Descartes con Faustino Lobato como de las teorías de la psicología y las relaciones interpersonales con Isabel Cuadrado, de la Literatura extremeña con Enrique García Fuentes, de los avatares de la Historia y la Geografía con Inés Rodríguez y Encarna Masot, de los entresijos de la lengua de la Reina Madre (bueno, es un decir, con respeto, que se me entienda bien) con Manolo Becerro, de la Química aplicada a la sociedad actual con Lorenzo Calvo, de la grandeza del cine con Emilio Vàzquez, de la cultura del Renacimiento con ese caballero profesor que es Francisco Pedraja.

El papel que está prestando a la sociedad extremeña la Universidad de los Mayores es impagable y la sociedad ya lo reconoció dándole la Medalla de Extremadcura. Ahora somos los alumnos de esta Universidad los que estamos en deuda con la sociedad extremeña  por darnos esta segunda oportunidad que, para muchos, es la primera. Los becarios y el personal de la Secretaría y los responsables del programa Miguel Caballero y Florentino Blázquez bien merecen el aplauso que no les regateamos.

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 2 de mayo de 2014)

lunes, 21 de abril de 2014

Pedrada en ojo de boticario







(Algunas medicinas sirven para ser lanzadas como arma arrojadiza por parte de los gobernantes contra las multinacionales de la farmacia. Eso sí, jugando con los enfermos. Ahora te doy estas pastillas, ahora te las cambio...)

No sabía yo por qué se decía eso de pedrada en ojo de boticario hasta que he ido a mi farmacia habitual y me han dicho que nones, que de mis viejas medicinas el SES del experto consejero señor Carrón ha decidido que naranjas de la China comunista y ahora me toca cambiarme las pastillas. De nada habrá servido la opinión de  mi abnegado médico Emilio Salguero. Porque nadie le ha preguntado. Algún burócrata de la Consejería ha decidido que el Bisoprolol y el Telmisartan y el Ganfort son mejor que los que me tomaba antes y ahora he de olvidarme de convivir con el Emcorcor, el Micardis, el Lumigan (ya saben, estos son mis males y mis remedios)… una leche auténtica. Me acuerdo de los tiempos del siglo pasado en que  yo no usaba tantas pastillas y un inexperto consejero de Sanidad llamado Rodríguez Ibarra (que sí, que lo fue aunque casi nadie se acuerde ya) asumía con humildad su ignorancia en el tema, frente a lo listo que es el consejero actual, seguramente un digno maestro pero me temo que un más que profano administrador sanitario.
  Y eso que no puedo dejar de reconocer que aún sin haberlo solicitado cada dos por tres me reembolsan cinco o seis eurillos de la demasía que estoy pagando, que no es tal demasía porque hasta hace poco yo no pagaba un duro por los medicamentos hasta que llegó mi hora, como en la pelí del salvaje Oeste y me vi obligado a aflojar la yesca con las medicinas. Que sí, que puedo pagarlas, pero que así ha ido empezando todo. Así que mis boticarios favoritos Pepe Pintor Amador y Jorge García Doncel ven mis lágrimas ahora al acudir a la farmacia y no ya por tener que pagar, sino porque me han cambiado las medicinas en un intento de presionar a la industria farmacéutica, poniéndome a mi y a todos los pensionistas como escudos, para que la sanidad vaya bien… Y aquí estoy sin saber muy bien si me están curando o me están salvando o están experimentando conmigo (vamos, como con todos ustedes). Señor, qué desbarajuste, a vé…

(Publicado en la edición en papel de HOY el lunes 21 de abril de 2014)