lunes, 29 de mayo de 2023

Hagan el arqueo ¡y todos a trabajar!

Ahora ya ha pasado todo. Si se hace como antes, habrán vivido  el trámite del arqueo de Caja delante del Interventor y el Secretario general, para comprobar que todo va en orden. A partir de ahora, ni agua. En Badajoz, por ejemplo, los deberes que quedaron por hacer habrán de tener prioridad. Ya saben, todos las cosas gordas que tienen que acometer. No nos creímos muchas de las promesas, vayamos a lo práctico y sobre todo a las pequeñas, las tonterías: la ausencia de Policía Local en la calle, las zarrapastrosas aceras desconchadas y levantadas, las barandillas que se rompen y no se reponen, la extinción de aquellas cuadrillas que iban a reparar todas las piteras de la ciudad y de las que nunca más se supo, la limpieza (que ha mejorado, cierto), la escasez de aparcamientos (pero hay que animar a la gente a caminar), buscar solución al agobiante paro que hunde a muchos paisanos en la desesperación, las carencias en materia deportiva y de instalaciones, los atascos de trafico (sin sueños de túneles, sin tantas fantasías). Siga el todavía alcalde o haya un cambio, Badajoz merece más cariños de sus 27 concejales hacia la ciudad. Los votantes se lo exigimos. Les toca cumplir a ellos. A vé…

(Publicado en papel en HOY el 29 de mayo de 2023)

 

martes, 23 de mayo de 2023

Libros vivos, siempre los libros

 Soy testigo privilegiado de la vida de la Biblioteca pública del Estado en Badajoz, desde su antigua sede en la Avenida de Europa hasta la actual, que he visto nacer ladrillo a ladrillo, tabique a tabique. Conozco sus rincones, sus estanterías, las joyas que alberga. He estado allí con Juan Ramón, con Landero, con García Márquez, con Pérez Reverte, con Chateaubriand escuchando los arrullos de la paloma de Virginia mientras el indio Chactas llevaba en brazos el cadáver de su amada. Gracias a los libros he recorrido cientos de países, miles de ciudades, he intimado con Sancho y con el diablo cojuelo, con Séneca, con Machado, con Quevedo, con Salgari, con Aramburu, con Marías, con Gerardo Diego. He estado en Macondo y en la Roma de los Césares, he buscado los asombros perdidos con Delgado Valhondo, he palpado el agua del Guadiana con Manuel Pacheco, he hundido mis manos en los cabellos venerables de Umberto Eco, he llorado con Bécquer y he soñado con Jaime Álvarez Buiza, me han aterrorizado las pantarujas que describe Ramírez Lozano en su Monsalud…  Ahora Badajoz ha vivido su Feria del Libro. Un año más este paseo de la cultura por las calles. Que nadie nos robe el aliento de los libros.


(Publicado en HOY en papel el 15 de mayo de 2023)


martes, 9 de mayo de 2023

¿Quién va delante en esta invasión?

No sé qué fue primero, si el gusano cabezudo, el cernícalo primilla o el águila culebrera. Pero llegó lo de las cotorras y hasta el cronista oficial de Badajoz, Alberto González, hubo de tomar cartas en el asunto y emitir su venerable dictamen que por una vez no fue prolijo (gracias, Alberto y apaga la pipa). Y en esas estábamos (tras el gélido invierno llegará el tórrido verano) cuando se coló en medio otro debate, no el de si son galgos o son podencos sino el de la petición de ayuda que hace la Junta a los vecinos del Guadiana, para que ayuden a cazar cuanto galápago de Florida vean suelto, que mire usted por donde por una vez Mérida no va delante de Badajoz en esta invasión (aunque el rio Guadiana corre aguas abajo y pasa primero por Mérida). El malvado galápago quiere cargarse a los galápagos leprosos, que son los buenos. Y, ainda mais, según ha escrito la periodista Natalia Reigadas, tenemos también la tortuga falsa mapa, la de vientre rojo o el galápago chino. Anden ojo avizor y llamen si los ven al 669535789, para que se los lleven. Peor que el tórrido verano es el fuego abrasador. Ya, de las cotorras, otro lunes. ¡Qué cruz!

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 8 de mayo de 2023)

martes, 2 de mayo de 2023

Cotorras, urracas y otros (más) pajaros

En Badajoz la Avenida Condes de Barcelona (lleva el nombre de los padres de El Campechano, velaí) acoge entre sus árboles una amplia familia de urracas, a las que no sé si calificar de juguetonas, pero sí de gamberras. Estos pajarracos se distinguen por su afición a lo ajeno y las atrae todo lo que brilla: joyas, pulseras, chupetes de bebés, collares, adornos… todo lo que brille (como dicen que le pasa a El Campechano, más o menos). Pero de esta familia de aves lo que me interesa es poner el acento en las cotorras, que son las que han venido a enfrentar una vez más a las autoridades municipales en Badajoz y al gobierno de la Junta, por un quítame allá esas cotorras, para ver de quién son estas aves que vuelan libres y sientan sus reales allá donde les place. Y, sobre todo, para ver quién le pone freno a los desmanes ecológicos derivados de su presencia en las ciudades. Si ni en esto llegan a acuerdos los técnicos de las administraciones, ya me dirán ustedes qué será en lo que se pongan de acuerdo estos políticos que nos gobiernan y los que aspiran a tomar el relevo. ¡Qué tropa


(Publicado en HOY el 1 de mayo de 2023)

lunes, 24 de abril de 2023

Vibrante Orquesta que nos enamora

 

Soy un privilegiado sentado en la butaca que he elegido esta temporada en el Palacio de Congresos de Badajoz, hasta la que “escalo” tras superar los generosos escalones para cuyo diseño acaso se pensó poco en los mayores, sin un humilde apoyamanos lateral. De este privilegio gozamos en Extremadura, gracias al empeño del entonces consejero Paco Muñoz y el presidente Ibarra, asiduo también a los conciertos en Badajoz. Y todo empieza con las charlas ilustrativas que ‘lanza’ sobre los asistentes el violinista y gran comunicador Santi Pavón. Y digo que las lanza porque si ustedes se cruzan con él con su violín puede arrollarles de tanta pasión como pone en el empeño. Hasta mi lugar me llega la música que puedo tocar con las manos. De tocar, de hacer sonar los instrumentos, ya se ocupan tantos maestros (de violín, viola, chelos, oboes, fagot, trompas, bajos, flautas, percusión, trombones, arpa.. ) situados en el escenario, entre los que adoro a Javier Borreguero y Gustavo Castro, dos más del formidable elenco de este regalo, de este lujo barato que jamás elogiaremos lo bastante. La que yo llamé desde siempre “la Orquesta de todos” es un motivo fijo para el orgullo de la cultura extremeña.

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 24 de abril de 2023)

martes, 18 de abril de 2023

El andamio interminable

Me pregunto, como muchos de los peatones diarios habituales de la avenida Fernando Calzadilla, cuánto puede durar un andamio invadiendo la acera y adosado a un bloque de viviendas. Y lo digo sólo como espectador porque ni vivo en esa avenida ni sé quién habita tras ese andamio cuya presencia se eterniza. Pero tengo la mala costumbre de ir a papelerías, a zapaterías, a bares, al podólogo, a las tiendas de alimentación (pronto nos cobrarán por mirar los tomates), a las oficinas bancarias… y para pasar por esa avenida e ir a esos lugares hay que meterse bajo el túnel que está adosado al andamio, una precaución que han adoptado porque un día se puede caer un cascote o un tablón y darnos en la cabeza a los que, como usted o como yo, solemos andar por la calle sin casco, porque ni vamos  a trabajar en la construcción ni vamos a inaugurar nada como los políticos que visitan obras para salir en la foto. El andamio de Calzadilla va camino de convertirse en un fijo de la temporada otoño/invierno/verano y si a alguien se le ocurre meterlo en el censo electoral, hasta podía aparecer cerca de las urnas el 28 de mayo. A vé…

         

(Publicado el lunes 17 de abril de 2023)

miércoles, 12 de abril de 2023

Cuidaos de los animales


Cuando a mis cortas luces se les enciende una bombilla, me echo a soñar. Mañana tristona de sábado santo, dicen. Me sitúo en la calle La Sal de Badajoz, Arias Montano. Y visualizo la Papelería de la familia de Luis Millán Vázquez de Miguel; o el Colegio  Merino, o Casa Espejo o los almacenes David o Foto Pérez donde el recordado Norberto me revelaba mis primeras fotos. O la Imprenta Mangas, de mi pariente Alfonso, hombre que rezumaba bondad, negocio que siguió su hija, mi pariente Petri Mangas (¡hola, Petri!). Y si de ahí paso a ver la estatua de Porrinas y tropiezo con La Cubana ya todo es un paseo hasta la calle Menacho, con el recuerdo de Antonio Rivero (la presencia fija en la ventana de Manolo Peñaranda) o Alejandro Ramírez del Molino. Veo a Foto Mimosa, a Publicidad Vicente Novillo o a la recordada Casa Arroyo, comidas. A lo lejos Regalos Cuéllar, que llevaban Pepa y Antonio Barquilla, quien se borró ya de estos negocios. Más allá el otrora Frente de Juventudes y en la calle Menacho los albañiles, pagados por los vecinos, buscando la pala de otro (¡). Y en  muchas tiendas, aunque cerradas, el cartel de moda, “Prohibido el paso a los animales”. A vé…


Publicado en HOY el 10 de abril de 2023


viernes, 7 de abril de 2023

Policías a pedal

A las muy taurinas 5 de la tarde, el miércoles de la semana pasada, dos policías municipales llegan a la calle Menacho en Badajoz con dos bicis guapas. Una y uno (municipala y municipal, que el todavía alcalde Gragera cuida eso de la paridad, no te digo). Esperan al semáforo de la calle del emérito campechano, se ajustan los cascos y siguen la ronda. En años pasados por estas fechas ya asomaban los uniformes de verano, el pantalón corto que alivia los calores de las tardes de Badajoz. De Menacho irían a San Francisco. Son dos de los rarísimos policías locales que pueden verse en Badajoz. No es que yo quiera que nos inunden de agentes, pero me dan confianza, como cuando veo que los encargados de vaciar las papeleras se llevan la fusca que hemos ido dejando tirada, mucha fuera de las bolsas. A esta hora empiezan a subirse las persianas de los locales de Menacho, La Soledad, San Francisco, Ricardo Carapeto, Carolina Coronado, Sinforiano Madroñero... Y esa es también la hora en que muchas persianas permanecen bajadas (lo siento, Ángel Pulido en la carretera de la Corte). Hoy tampoco abrirán, hoy el comercio tradicional seguirá languideciendo. Y le duele al todavía plumilla. A vé…


Publicado en HOY el 3 de abril de 2023, página 28

lunes, 27 de marzo de 2023

Lechuza, ¿quieres aceite?


 

El astuto siseo y ulular de la lechuza por las noches me acompañó en mis insomnios infantiles. “Lechuza, ¿quieres aceite?” le preguntábamos, escondidos a las espaldas de la iglesia, porque era creencia que la lechuza habitaba en el campanario y salía sólo (con acento, por favor) de noche a cazar pájaros dormidos, que engullía con voracidad. Decíamos entonces que las lechuzas chupaban el aceite de los lampadarios, que no eran como los de ahora, cuando ya son pura tecnología y velas con luces led, para captar limosnas de los incautos feligreses. Por eso el aceite lampante ha sido visto por cuatro sinvergüenzas como una fuente de negocio, burlando los controles sanitarios y jugando con la salud humana. En fruterías y colmados de la avenida Juan Pereda Pila en Badajoz hemos podido comprar aceites como el “acebuche” por su bajo precio, de 21 a 24 euros la tarra de 5 litros. Hasta que Sanidad lo ha retirado. La pregunta es por qué no se ha actuado con más diligencia y no se ha trincado ya a los terroristas del aceite. ¿Están esperando como con la colza? Mientras, los pájaros han volado de noche, como la lechuza. Seguiremos otro lunes, a vé…


Publicado en HOY el lunes 27 de marzo de 2023


lunes, 20 de marzo de 2023

Si la gata se pone de parto en mi casa...

El Ayuntamiento de Badajoz se puso bravucón una vez (¡) y denunció y multó con 40.000 duros o más a una entidad cultural autonómica, cuya sede central estaba y está (como casi todo) en Mérida. Aquellas 200.000 pesetas de aquellos años eran la respuesta municipal a la Consejería que sembró de octavillas la calle del Obispo en Badajoz, a la que se condenaba además a recoger los papeles, dos semanas después de haberse producido los hechos. Nunca más se supo. Las octavillas se las llevó el viento y a un superviviente de aquella época se lo recuerdo y me sacude y me dice, “anda, chacho, mira, tienes una cagadita en la chaquetina, échate pallá” (Esto es, que te calles y mires para otro lado). Pero yo insisto: “Luis, dime si se pagó aquella multa”. (Me mira por encima de las gafas tras fruncir su entrecejo propio). Por eso y no por otra cosa me viene a la mente lo que dice en la eternamente inacabada plaza del Pirulo el frutero Emilio Gamito, de Villafranco, hijo del Emilio Gamito de Santa Marta de los Barros. Él se referirá a los que procuran nadar y guardar la ropa. Dice: “Si la gata pare en mi casa, los gatinos son mios”.

Ya, si eso, otro lunes hablamos de los gatinos, ¡miau!, a vé…


(Publicado en la edición impresa de HOY el 20 de marzo de 2023)

viernes, 17 de marzo de 2023

Mijina de tomate para hacer de comer

Del Gobierno ya hablaron Tip y Coll en Badajoz, en unos carnavales hace años. Ahora lo más próximo a hoy lunes son los mercadillos de domingo  y martes cerca de El Nevero y el Puente Real (¡a un leuro, a dos, a tres leuros!), en los que se vendía antes de casi todo, aunque las verduras escasean y las telas, pasado el carnaval, se han  caído. Ahora, un kilo de tomate se acerca peligrosamente a los tres euros (“niño -dice en un puesto un ama de casa-, ponme unos tomatinos pá hacer de comer”). Las distribuidoras de alimentación nos están sacando los higadillos. “¿Qué hacemos?” le pregunto al concejal de Consumo en Badajoz, si lo hay. Porque ya no es solo el galopante disparo de los precios, es también la cara de tonto que se nos pone cuando vemos que el precio del aceite se ha subido al séptimo cielo y que nos están timando (¿y también envenenando como con la colza?) con esa mezcla que nos quieren dar como si fuera aceite y es un zarrapastroso brebaje incomible y peligroso, cual aceite de ricino, que había que hacerles beber a los que quieren forrarse a nuestra costa. (Ahora nos dirán que se van a tomar medidas y se les va a sancionar y hablarán de miles de euros en multas).

Ya, si eso, la semana que viene hablamos de las multas y de los infelices que las pagan, que me da a mi que las multas son trompetería celestial. . A vé…


Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 13 de marzo de 2023


martes, 7 de marzo de 2023

Un ratito a pie y otro caminando

 Cuando Manolo García levantó  la vista del libro que firmaba en la Feria del Libro de Badajoz (aquel año en la Plaza de Minayo) supe que me había conquistado como hizo con Laura, la gerente de la frutería Golden que regenta con Lorenzo en Fernando Calzadilla. Y me dijo “que ya no me paro ni un momento, antes de que se nos lleve el viento”. Yo iba a acompañado de mi añorado compañero Manolo García Carmona, que se nos murió en maldita sea la hora. Y ante el también periodista JuanMa Cardoso, le dije al cantante y poeta y pintor “¡mira, otro Manolo García!”. Puso cara de no enterarse el ex de ‘El Último de la fila’, pero se arrancó: “préstame esta noche tu maleta de los sueños”. (Por allí se desenvolvía también, sinuoso -permítanme el adjetivo- Boris Izaguirre) A mi lo de la maleta me recordó a viajes, a carreteras, ¡a trenes! Ya está, otra vez la misma copla del tren (sí, presidente Vara, ya me sé la canción de los 1.700 millones invertidos), y me explotó el titular que escribió el jueves pasado el periodista Juan Soriano, “los grandes trenes de mercancías no caben en dos de las tres terminales de la región que están en obras”…Lo que dice el cantante, “iremos a San Fernando un ratito a pie y otro caminando”. Y ya, si eso, del Gobierno hablaremos el lunes que viene. A vé…


Publicado en la edición impresa de HOY el 6 de marzo de 2023


martes, 28 de febrero de 2023

Chaquetina tras Morales

Cuando me puse a hacer la calle y pasé a ser un reportero dicharachero me compré una chaquetina jaspeá que cumplió trienios. Y jaleé mucho la chaqueta del poeta universal Manolo Pacheco. Hoy, que sólo uso chaqueta en las bodas, me gusta la del venerable Santiago Corchete. Un día me agradó el chaleco negro de domador de Ángel Cristo , sobre un elefante calle del Obispo abajo huyendo del ayuntamiento con su Circo en la feria de Badajoz, sin  Bárbara Rey. Lucía chaqueta azul el gobernador civil Luis Julve, quien creyó leerme la cartilla en su despacho (también es guapa la entallada del delegado del Gobierno, Francisco Mendoza). Como la de cuero con que fardaba El Jerezano en el campo de San Juan. O el terno que se gastaban Reyes Honorio y Andrés Toscano (verde botella y granate pasión) tras la barra de Sailor’s, antes de pasarnos a lo fregao. Hoy las chaquetas son de quita y pon (ejemplo, la verde con abalorios de Ramón Tamames), basta mirar tras la estatua del Divino Morales, con su blusón, en San Juan. Hay allí un arsenal de chaquetas cambiadas. Oiga, ¿y lo del tren? Ya, si eso, mejor otro lunes. A vé…

(Publicado  en la edición impresa de HOY el lunes 27 de febrero de 2023)

viernes, 16 de diciembre de 2022

El legío de la Biblioteca






Iba yo con mi bolsa y mis (sus) tres libros a la Biblioteca, seguro de que la funcionaria de turno no iba a soltarme esa frase tan manida ya de “¿bolsita, caballero?”, que la escucho en todas partes, que ya me cruzo con mi señora en el pasillo de casa y me dice ”¿bolsita?”… A lo que iba, que estaba llegando al noble edificio cuando me topé (topar, eso se dice mucho ahora) de frente con el lejío de la biblioteca lleno de cacharritos, los coches chocantes de Naranjo. Este año no han encontrado sitio en la plaza de El Corte Inglés, el antiguo lejío de los chinatos. Y en el entorno de la Biblioteca, que quedó perfectamente asfaltado, había aún un hueco junto a las pistas polideportivas y allí que ha caido este espacio para los cacharritos, rodeado de chinatos y de charcos de agua, menos mal, ¡agua virgen de Bótoa! Pues a lo que iba, que cambié los libros por otros y caí en la cuenta de que nadie me reclamó nada por la bolsa, y pensando, pensando, me vino a la mente la leyenda del contrabandista de bicicletas, que pasaba todos los días a Portugal y de allí vuelta a España sin que los civiles ni los guardiñas le dijeran nada hasta que cayeron en la cuenta de que el truco del almendruco estaba en la bicicleta. Y yo, mísero de mi, sin darme cuenta del negocio al que me estaba prestando con las compras en el supermercado Día, donde no contentos con poner las bolsas a 17 a los pocos días las han subido a 19 céntimos de euro, casi 120 reales de los de los tiempos de la oprobiosa. De modo que cada vez que voy a salir a la calle, aunque solo vaya a darle los buenos días a Emilio el frutero, me palpo las faltriqueras y me aseguro de llevar una bolsa que esté de buen ver, por si cae alguna compra. Que a mi no me soplan más por las bolsas y si puedo lo evito. Señor, que a fuerza de evitar los chinatos y los charcos, no sabe uno ni qué bolsa coger al salir de casa (de segunda mano, las tengo verdes, blancas, horteras como la furgoneta de los mejillones Jarry, azul claro, azul oscuro, del Día, de El Inglés (¡) y hasta guardada como oro en paño una de La Alianza) a enfrentarse a los precios, uf, los precios. Y eso no hay Gobierno que lo pare. ¡Qué cruz!


(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 16 de diciembre de 2022, página 11)

                                                                                

jueves, 1 de diciembre de 2022

Papá, ven en barco por el Guadiana


La del alba sería (Cervantes, lo admito) cuando entré, armado de valor, hasta el supermercado. La cajera me miró desde la honda lontananza y no me dijo “buenos días” sino algo más prosaico: “¿Ponemos bolsita, caballero?” (Sí, pensé yo, a 17 céntimos en el Día y a 15 en El Corte Inglés, qué te parece). Pasé el arco voltaico (cómo me acuerdo de mis colegas columnistas ilustrados que a todo le sacan punta,  Plácido Ramírez Carrillo, el galeno Agapito Gómez Villa, el funcionario proactivo Diego Algaba, el ex jefe de bomberos Fernando Bermejo) y aquello -el arco, digo- empezó a pitar como el tren de Chamizo (el tren, esa es otra, queridos canallas) y yo sin poder ponerle remedio al pitido constante pensé de inmediato en el nenúfar del Guadiana y supuse que si algún día perforan y encajonan el maltrecho rio y lo hacen navegable hasta Sanlúcar de Barrameda, ya desde el primer momento saldrá con retraso. O no arrancará, que no sabemos si los maquinistas de los barcos serán tan “eficaces” como los de la Renfe (no es “Renfe” sino “ten fe”, debería decir su publicidad). Y en ello estaba cuando se me fueron las ideas hasta la aventura de ese padre que se gana la vida fuera de nuestras fronteras y quiere volver a casa en tren, como el turrón, a celebrar el natalicio y esas cosas. La cajera, a todo esto, pensaría al mirarme que a dónde irá el viejo este, sin jeíto, arrastrando los pies con esas zapatillas  y esa gorra portuguesa, vaya  pinta el hombre. Y yo, que intuí su pensamiento, me miré y me acomplejé y hasta (para, por, según, etc) me compadecí de mi mismo porque miré los muros de la patria mia y, zas, se me vinieron cuerpo a tierra los palos del sombrajo, que es eso que se cae siempre cuando para el dolor propio (menuda piltrafa de redacción me está brotando) no hay alternativa humana y menos de la otra. Y en la alternativa humana inexistente sigo preguntándome hasta qué altura habrá subido hoy el precio de la leche, la semidesnatada, que es la mia. Porque espero que un día baje, menudo optimista estoy hecho. Menos mal que la leche me la venden en su propia caja, que va incluida en el precio y no me cobran los 17 céntimos de la bolsa… Anda, agila palante y sube al barco, que nos vamos al Guadiana y no hay más turrón (aunque siempre nos quedará Castuera).

Publicado en la edición impresa de HOY el 26 de noviembre de 2022)

viernes, 11 de noviembre de 2022

¿Bolsita, caballero? Tan solo 17 céntimos

Era muy prometedor. Como medida disuasoria, “le cobramos una módica cantidad por las bolsitas que hasta ahora le estamos regalando”. Bueno, de regalando nada. Si me gasto 20 euros, sólo me regalan 5 céntimos de euro, una basura. Ya se lo cobran en demasía por otra parte. Tendremos que llevar la escopeta del 12 o el Colt 48 cuando vamos a hacer la compra. Y sí, a los comerciantes también les achuchan, les fríen a impuestos. Como a los  pensionistas y a los mediopensionistas y a los funcionarios y al zapatero y a los autónomos. También a los concejales les descuentan el IRPF de sus nominillas, los pobres. Pero todos pagamos el peaje de la supuesta lucha contra el cambio climático, de la que se están beneficiando más de cuatro, generalmente lo que se ha dado en llamar las grandes superficies. Y es que al pagar nosotros, viles consumidores, ese impuesto revolucionario, se supone que estamos ayudando a la salvación del planeta, no a llenarle los bolsillos al que nos sopla lo que quiere por la bolsa y dice que es ecológica. Cuando la cajera seiscientoseurista del supermercado me pregunta, “¿le pongo bolsita, caballero?; por tan solo 17 céntimos”, me acuerdo sin falta de Luis Landero  cuando recordaba a su peluquero y su pregunta, ¿cómo le corto el pelo, caballero? Mi madre, Jacinta García de Vera, que si viviera hoy día 11 de noviembre habría cumplido cien años, me lo decía un día y otro: 

Señor, ¡qué cruz! 

Iba a la compra de fruta (plátanos, si había alguien malito) en Los Aragoneses de la calle Hernán Cortés o en las Hermanas Romo Arcos en la calle El Tercio y llevaba siempre una bolsa de tela que se había confeccionado ella con retales comprados en los Almacenes Los Ángeles o La Paloma en la calle San Juan, cosida con hilo y agujas de Casa Manolo en la calle Granados, una bolsa que no era como las de ahora (por tan solo 17 céntimos en el DIA), que a veces tienen agujeros, será por las balas de la guerra del Putin.


(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 11 de noviembre de 2022)

martes, 19 de abril de 2022

La Coca Cola, Ángel de España y el Duo Dinámico


Era yo un tierno infante cuando oía historias de contrabandistas del café en Badajoz, mochileros que divulgó el escritor Antonio Ballesteros Doncel. Se daban cita en las traseras de la Coca Cola luego de haber pasado de Portugal a España con su cargamento a las espaldas, atravesando el Rio Caya o Caia. También en ese lugar, traseras de Coca Cola, se citaban a lomos de sus “ducatti”, los buscadores de los pichones que caían muertos tras los disparos de los tiradores que competían por las apuestas y por deporte (¿). La fábrica de Coca Cola que está siendo demolida era un símbolo. En sus pistas, que nos cedía Pepe Gómez Capilla, hice mis pinitos en el tenis jugado con Teresiano Rodríguez Núñez, mi director, y mis colegas Julián Leal y el fotógrafo Alfonso Rodríguez, que tenía fuerza para mandar las pelotas a la frontera de Caya. Al lado se alzaba el frontón del Tiro y después apareció ‘Dard’ys, que gestionaba Eduardo Polanco y donde escuché por primera vez cantar a Ángel de España, quien arrebataba a los comensales cuando cantaba “me quemaste, me quemaste”. Allí, junto a Dardy’s, cuando yo era aún un joven prometedor, trajo la Asociación de la Prensa de Badajoz a su Caseta de la Prensa en las ferias de San Juan, a Los Mustang, los Lone Star y el Duo Dinámico con Manolo y Ramón cuando aún no sonaba su “Resistiré”, sino “Esos ojitos negros” y otras por el estilo. Hasta hace cuatro días, como quien dice, he tenido en mi casa las toallas de la Fanta naranja que me regaló Pepe Capilla y me acompañaron algunos veranos a La Antilla y otros lugares de evasión. Ahora se va la fábrica de Coca Cola, como se fue el Tiro, Dardy’s y los salones Murano. Menos mal que aún, confiamos, nos queda el mes de abril. Ese no nos lo robarán, espero.

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 25 de marzo de 2022)

El fontanero timador

Me fijé como meta llegar desde Santa Marina a la Plaza Alta sin saltarme ni un semáforo ni atravesar la calle por lugares no señalizados y con expresa autorización. Tengo dos vecinos jubilados vigilantes, el bancario y el municipal. Este segundo parece que sigue con el uniforme puesto y la libreta de multas al cinto. Ambos son aficionados a reconvenir. En mi paseo cavilaba yo sobre la fugacidad de la vida y sobre la plataforma logística, sin olvidarme de la plataforma única del centro de Badajoz. Veía caer derribados por la piqueta los bordillos, alisarse los imbornales, repararse los alcorques, los sumideros sin hojarascas… cuando de repente un andoba (¡el andoba!) me vio cara de estimable (“este es timable”, se dijo) y me largó: “¿No te acuerdas de mi? Soy el hijo de Paco, el fontanero, que estuvimos en tu casa por la avería”. (¡Já, la avería!) En mi casa hace mucho que no pisa un fontanero. Este tio me confunde. “Ni mijita”, le dije mientras enfilaba la calle del Obispo para atravesar por el semáforo del muñequino bailongo y dirigirme todo lo gallardo que puede ir un jubilado  emérito. Iba yo a El Hospital de Gallardo. El individuo seguía a mi lado, sonriente. Con cara de muchos amigos. (Así escriben los columnistas ahora, a base de punto, frasecita, punto). “Mira, estamos arreglando los pasos para las procesiones (si llega a decirme “procesionar” lo estampo allí mismo. Punto.) “Que digo yo  (me dijo él) que podías colaborar con la hermandad”. Y me plantó muy cerca, como para que no lo pudiera ver, un taco de papeletas. “Mira, la Lotería, te aparto un décimo”. Y yo me dije que hasta aquí llegó la riada… Escudriñé (esto queda más fino y culto que “miré”, me dije) para todos los lados a ver si veía a alguno de los cientos de policías que (dicen que) hay en Badajoz, pero el gachó ya había enfilado no para El Hospìtal de Gallardo, sino para Martin Cansado. Y fuese y fuime. Sin haber metido la mano en la faltriquera. Ni en ningún otro sitio.

 

(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles 13 de abril de 2022)

miércoles, 2 de marzo de 2022

La plaza interminable



Cuando el chasis ya no responde como esperábamos, cuando el paseante se da cuenta de que los remos se muestran remisos al desplazamiento, cuando hay que pararse de vez en cuando distraídamente a mirar un escaparate que no nos interesa ni lo más mínimo o a ver al heroico albañil que logra colocar otra baldosa en la Plaza Interminable de El Corte Inglés (¿por qué si no Celdrán desde su estatua iba a darle la espalda?), cuando el cuerpo propio nos da un aviso de que debemos arrellanarnos un rato, cuando las rodillas empiezan a aflojar y, ainda mais, cuando uno echa mano a la cartera y descubre que se le ha olvidado el dinero en casa es cuando uno busca ansiosamente un banco, por dos razones. La primera, la más urgente, para sentarse. Y la segunda, no menos importante, para que algún cajero automático o humano nos resuelva de inmediato el problema de la liquidez, el cash, el money necesario para poder salir adelante airoso en la compra de la leche semidesnatada  o el calendario zaragozano o bien el pago de las mojastras. Y lo de buscar un banco para sentarse se está convirtiendo en Badajoz cada día en una cuestión más difícil. Porque sí, hay bancos, pero no tantos como se necesitan para la cantidad de parados, desoficiados o jubilados que zascandileamos por la calle. Y lo que ha venido a agravar la relativa escasez de asientos es que pedimos que estén vacíos y limpios (¡ay, las cagaditas aéreas!) y no tengan encima ramas de árboles que cobijan inocentes pajarillos, cuyos ellos (¡) evacuan sus cacas sobre los incautos que se sientan debajo.

Lo de las oficinas bancarias, los otros bancos, ya es más grave. Si uno comete la fechoría de tener una cierta edad y no disponer para la supervivencia más que de una sencilla pensión, lo más probable en que en muchas entidades bancarias le esperen tras la ventanilla recubiertos de cartelillos que advierten graciosamente de que la Caja está cerrada, usted es un gusano, váyase a intentar sacar dinero del Cajero automático y si no sabe hacerlo o es un cegato perdido, lárguese a las tinieblas y no venga con llanto y crujir de dientes, desgraciado. (Y casi sin llover a cántaros, que es lo malo).Señor, ¡qué cruz!


(Publicado en la edición impresa de HOY el 25 de febrero de 2022)

 

 

martes, 1 de febrero de 2022

¿Dónde estarán el gitano y la cabra?

Yo me pregunto dónde estarán todos ellos, el gitano, la cabra y la trompeta. A la cabra, ¿se la habrán comido? Solían aparecer en Badajoz por Santa Marina alta a media tarde, en la zona del barrio que en mis años jóvenes definimos como La Colmena, por lo apretujado de los bloques de pisos. Por la calle Médico, calle Boticario (Rafael Lucenqui y Francisco Luján) , la hoy Plaza del Pirulo… En los días de aplausos a los sanitarios a las 8 de la tarde ya no aparecieron los gitanos (Rafaé, Manolillo, “la” Dolores o “la” Lola) ni la cabra. Ya no montaban el estaribé de sus actuaciones, con la cabra en lo más alto de la escalera haciendo piruetas a cambio de un miserable cacho de pan o un trozo de lechuga o una zanahoria repasada. Ya no sonaba el “¡¡¡que viva Ehpaña!!!” ni Paquito el Chocolatero lograba que cayera un plátano (antes, ¡ay!, de la catástrofe de La Palma) desde los balcones o alguna moneda de escaso peso (¿y qué sería de la pedigüeña que rogaba “una monedita, anda, guapo, dame una monedita”?). Como tantas vidas, como tantas ilusiones, como tantas esperanzas, la pandemia se llevó por delante al gitano, a la cabra,  a la escalera, a la trompeta. ¿Qué harían con la cabra? Porque el destino de la cabra, como el del pavo, la gallina, el conejo saltarín… no es otro que acabar en la cazuela, como dice el refrán, “ave que vuela, a la cazuela”.

Con la carne de cabra se podrían hacer buenos guisos con patatas, aunque a mi me pega que la cabra que hacía los bolos en Badajoz debía tener ya las carnes duras y eso que según leo por ahí, resulta que es una carne cuyo consumo no está prohibido para los humanos por ninguna religión.

Ha pasado el tiempo de la visita del gitano con Manolillo, que se modernizó y ya acudía demostrando mucha destreza musical con un órgano de mala muerte pero que atronaba  los espacios abiertos en la plaza de Santa Marta gracias a una batería que era portada sobre un carrito. Un órgano electrónico que incluía su caja de ritmos y sus sonidos de batería chimpún, con el que Manolillo hacía virguerías, una pericia que imagino le llevaría a acompañar a alguna orquesta verbenera de esas que con mucha dignidad proliferaban en las fiestas de la patrona del pueblo en verano y que ya casi han desaparecido.

Pero, de todo esto, a mi lo que me preocupa no es otra cosa que el presente y el futuro de la cabra. Otros andan pensando en las listas electorales, si estaré o no estaré, cada uno a lo suyo, a vé…