No me acuerdo de aquel día y no tengo a quién preguntarle. Vaya, que no sé si nací con bolso o bolsa bajo el brazo, porque cada vez que me miro al espejo o en el interior de mi mismo, me veo con una bolsa en la mano, siempre llena de las cosas más peregrinas, las más de las veces basura. Pero a veces llevo patatas, cajas de leche, hueveros o hueveras llenas o vacías, zapatillas de deporte, el calendario zaragozano, frutas variadas, libros... Y es que sale uno a la calle y lo primero que hace es atentarse el bolsillo de atrás del pantalón, donde va la bolsa cuidadosamente doblada, por si cae a mano entrar en el Eroski, el Mercadona, El Corte Inglés o la frutería de Emilio, aunque Genoveva o Emilio siempre te dan bolsa y además te regalan el perejil sin poner mala cara. Y es que nuestra vida ya no se entiende sin la bolsa a mano. Lo que siempre me he preguntado, en esto de las bolsas, es por qué los pacenses somos tan guarros que las jondeamos en cualquier lugar, sin pensar en el medio ambiente. No hay más que ver cómo está la vegetación que malvive en la autovía asfixiada de bolsas, las que tiramos desde el coche. No hay parque en el que no se amontonen junto a las papeleras, más fuera que dentro. Aparte del chiste tonto del que se autodefine como corredor de bolsa, está el ciudadano medio cuya vida gira en torno a las bolsas: para comprar, para llevar enredos desde casa al trastero, del trastero a casa, del supermercado al frigorífico, de la despensa a la mesa, del cubo de la basura al contenedor; hasta para ir misa hay quien se las lleva. Estoy tan jartito de bolsas que si algún día alguien en la calle me amenaza : “¡La bolsa o la vida!” estoy convencido de que le diré: “¡Toma la bolsa y búscate la vida!” (Aplausos, estamos llegando a fin de agosto. ¡Ojo!: hay que retornar las maletas al altillo y forrar los libros, si es que aún los hay).
martes, 30 de agosto de 2011
Cuando la bolsa es la vida
No me acuerdo de aquel día y no tengo a quién preguntarle. Vaya, que no sé si nací con bolso o bolsa bajo el brazo, porque cada vez que me miro al espejo o en el interior de mi mismo, me veo con una bolsa en la mano, siempre llena de las cosas más peregrinas, las más de las veces basura. Pero a veces llevo patatas, cajas de leche, hueveros o hueveras llenas o vacías, zapatillas de deporte, el calendario zaragozano, frutas variadas, libros... Y es que sale uno a la calle y lo primero que hace es atentarse el bolsillo de atrás del pantalón, donde va la bolsa cuidadosamente doblada, por si cae a mano entrar en el Eroski, el Mercadona, El Corte Inglés o la frutería de Emilio, aunque Genoveva o Emilio siempre te dan bolsa y además te regalan el perejil sin poner mala cara. Y es que nuestra vida ya no se entiende sin la bolsa a mano. Lo que siempre me he preguntado, en esto de las bolsas, es por qué los pacenses somos tan guarros que las jondeamos en cualquier lugar, sin pensar en el medio ambiente. No hay más que ver cómo está la vegetación que malvive en la autovía asfixiada de bolsas, las que tiramos desde el coche. No hay parque en el que no se amontonen junto a las papeleras, más fuera que dentro. Aparte del chiste tonto del que se autodefine como corredor de bolsa, está el ciudadano medio cuya vida gira en torno a las bolsas: para comprar, para llevar enredos desde casa al trastero, del trastero a casa, del supermercado al frigorífico, de la despensa a la mesa, del cubo de la basura al contenedor; hasta para ir misa hay quien se las lleva. Estoy tan jartito de bolsas que si algún día alguien en la calle me amenaza : “¡La bolsa o la vida!” estoy convencido de que le diré: “¡Toma la bolsa y búscate la vida!” (Aplausos, estamos llegando a fin de agosto. ¡Ojo!: hay que retornar las maletas al altillo y forrar los libros, si es que aún los hay).
jueves, 11 de agosto de 2011
Lo que enseña una Diputación
Ahora que se debate sobre el sentido (común) de la existencia de Diputaciones, la de Badajoz -que según su incombustible y repetido presidente es modélica, ecuánime y atiende sobre todo a los municipios más pequeños- ha enviado a sufridos y pacientes obervadores al III Foro Europeo de Administración Electrónica sobre turismo, salud electrónica y servicios de e-administración en áreas aisladas. Se han ido a la ciudad finlandesa de Vuokattiy (¡ostras, vamos a enseñarle a los finlandeses...!) Allí los técnicos pacenses han explicado el progreso obtenido en el apoyo a los municipios en asuntos de turismo. También se expusieron las últimas novedades en la implementación del planificador de rutas y mapas del Servicio de Información Geográfica de Badajoz, “suscitando -dice el comunicado oficial de Diputación- un apreciable debate (¿en castúo, en finés?) entre los asistentes”.
Ainda mais, la Diputación de Badajoz participó en julio en el Foro de Asociacionismo Municipal celebrado en Paraguay (¡ hala, diputado, haga las maletas y viaje a Paraguay, ¿para qué?). El evento se llevó a cabo bajo el lema 'La Unión de voluntades es la fuerza que transforma' (muy ocurrente, vive Dios). El objetivo era analizar y debatir sobre el asociacionismo municipal. Y hemos ido a darles clase... Y por último (por ahora), inauguramos en Badajoz un edificio con 170 funcionarios (ellos no tienen la culpa) invirtiendo casi 5 millones de euros, para el cobro de impuestos y tributos de los ayuntamientos cuando, repito, se debate si no estaría de más que cerrásemos las diputaciones y así nos ahorrábamos al menos uno de los tres escalones de la Administración. Pero, ¿cómo dábamos entonces aire a los diputados? Esto es lo que hay, a vé...
viernes, 22 de julio de 2011
El coche, ¡al agujero!
Las fotos son del coche después de haberle echado un par de cubos de agua municipal)
lunes, 11 de julio de 2011
Manuel, ¿qué cuento te contaré?
Es seguro que varias manos como las suyas cabrían hoy en una sola mano mia. He querido acercar mis dedos a sus manitas y con un desparpajo increíble (¡sólo 5 días de vida, tan solo!) se ha aferrado a mi y ha agarrado mi dedo y ya me ha atrapado para siempre. Una mano en la que mandan aún los pliegues del recién nacido, una mano que tiene ante si toda una vida, una mano hecha para acariciar y ser acariciada. Será una mano fuerte, decidida, animosa, una mano formada y lista para empujar, para recibir en su palma los surcos que le vaya marcando la vida.
He imaginado sus manos protegiendo los pequeños tesoros que la vida irá poniendo en ellas cada día: cada vez que capture un pájaro, se llene de arena en alguna playa, derrame agua bajo un grifo, acaricie el cabello de su madre, empuñe un lápiz para esbozar el dibujo de una nube o un sol o la luna. Verás, Manuel: cuando seas mayor (no como yo, hombre, sólo un par de años mayor que ahora) tu y yo nos agarraremos de la mano. Ya habrás levantado unos centímetros del suelo, algunos más de esos 48 que ahora mides. De la mano iremos andando con tus pasos ya un poco asentados. Iremos por las calles de Torrelodones o mejor aún por allí por La Jara, por La Bejarana, por el camino del Monte, por donde sea. Podemos ir al bosque sagrado de los alcornoques de La Bejarana, junto a las encinas de La Jara, entre los higuerales de la cuesta de Salvatierra, por la cuesta Marin, por el Puente Real, cerca del azud o por Las Alameas o Los Sortines o Los Canchos, o aquí junto a tu casa de siempre, la que ha cobijado tus primeros sueños, tus desvelos, en La Barranca o paseando junto a la rotonda del Dedo Gordo , (ya verás cómo rien tus primos de Badajoz, Rubén y Jara y Ricardo, cuando se lo cuente), que a alguien se le ocurrió el nombre para ese pedrusco de tu pueblo que nos marca el camino a los que nos vamos... en fin, iremos donde tu quieras. Nos haremos unos cuantos metros de camino, yo te hablaré quedo y tu querrás coger piedras para espantar a un pardal, a un jilguero que nos revolotea travieso, o se te irán los ojos tras un gato, o te asustará el ladrido de algún perro. Te cansarás, del camino y de que todos los pájaros huyen cuando nos acercamos, de que tras un momento de tener empuñadas en tus manos unas amapolas estas se mustian y pierden color y vida. Pedirás sentarnos en cualquier piedra del camino y te abrazaré con mis manos grandes, agrietadas frente a las tuyas suaves, como de algodón. Si te dejas, te sentaré en mis piernas y te propondré: ¿quieres que te cuente un cuento? Vamos a ver, Manuel, un cuento de una oveja que bala asustada porque ha perdido a su madre, se ha distanciado del resto del rebaño y teme que algún animal mayor le haga daño. Un oveja que corretea ajena al peligro y ve llegar amenazante un perro... No, mejor te contaré un cuento de un gato que quiere jugar con un pájaro o mejor te contaré un cuento de una niña con bucles de oro en el cabello, que te ofrece su mano para que la ayudas a cruzar un humilde regato de agua. O te contaré un cuento de una letra M (de Mamá, de Mano) que anda perdida por los campos buscando a sus hermanas que se le han perdido, que persigue desesperada a una letrita A (de Amor, de Aire) que antes la acompañaba siempre, junto con una letrita N (de Nariz, de Nubes algodonosas) agarrada a la letrita U (de Uñas que nacen en tus dedos, de Uvas de una hermosa cosecha), todas ellas pegadas a la E (de Esperanza siempre) que vuelan tras la letrita L (de Luz, de siempre mucha Luz), que es una locuela que brinca y se escapa de sus hermanas y también se pierde de ellas. Te contaré, si no, un cuento de una Nube que es transportada feliz por el viento, que la lleva de la montaña al mar, de una nube que sobrevuela bosques, montañas, desiertos, mares, de una nube graciosa que a veces descarga agua sobre unos niños como tu que juegan en un prado, de una nube que es acariciada por águilas que vuelan libres, por milanos que se cobijan en ella de un sol abrasador que les persigue, de una nube que les permite cubrirse y escapar de un viento huracanado... ¡Tantas cosas tengo que contarte, Manuel! ¡Tanto tengo que decirte! ¡De tantos secretos tenemos que hablar! ¡Tanta vida tienes tu aún que enseñarme, que enseñarnos! Ven, Manuel, puedes caerte, vámonos, vuelve, camina saltando a mi lado, dame la mano.
viernes, 1 de julio de 2011
Garrapatos en el mercadillo de Badajoz
(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 1 de julio de 2011. ¡Qué calor!)
Listado de Comentarios
Pedro el negro
Muy cierto eso de enterrado referido al dinero, jajaja. Por cierto, esas judías verdes las hay también en Mercadona.
Manuel de Juan Méndez
Hacia mucho tiempo que no oía lo de garrapatos. La culpa, las malditas latas de redondas, planas, troceadas.. De mercadillos supe bastante en su día. Lo que me alegro y mucho es de leerte aunque sea de tarde en tarde. A los que somos carrozas, siempre nos traes recuerdos e historias que nos gustan, porque nos hacen recordar y reflexionar. Muchas gracias Manolo
Jota
Hoy por fin han crecido un montón de camiones, entre ellos uno con la "Betsy" de Cars, porque parece ser que por fin les han liberado el otro medio millón para asfaltar lo que antes era zona verde y ahora, sin recalificar ni nada, se convierte en el sepulcro de ese dineral. No sé desde cuándo está en obras este despropósito, se me ha olvidado ya cuando terminaron los baños "con vistas a la calle", y empezaron a trabajar con horario de político: Una mañana un camión tira un poco de riego asfáltico, y quince días después se dan cuenta de que tienen que soterrar la línea eléctrica que atraviesa el solar. En fín, como bien dices tu: ¡Qué Cruz!
A Manolo de Juan y Jota
Pues sí, amigo y hermano, así es la vida. Se ha enterrado allí el dinero y los contribuyentes estamos como si hubiésemos sido invitados a una partida de caza de gamusinos, a verlas venir, asomándonos las velas a las narices, mientras otros nos tocan las propias narices. Y no os preocupéis por el espacio del mercadillo, que los vecinos todavía no tenéis problemas. Ya vendrán... hasta que los arregle el concejal de los mercadillos. No hay concejal para las tonterías, pero sí para los mercadillos.- Manolo
viernes, 17 de junio de 2011
Badajoz, la feria que somos
Es junio de un año más. Badajoz se viste de guapa, con sus calles más limpias que nunca. Cientos, miles de golondrinas, arden en veloces vuelos desde la Alcazaba a la catedral, del Puente Real hasta el Cerro Gordo, desentendiéndose de los vientos que las frenan, ignorando el siseo de los palmerales que tan extrañamente han crecido en Badajoz como si esta fuera una ciudad costera. Es junio y las muchachas desafían alegremente los calores que se empiezan a sentir, los mocitos de la estrenada pubertad se engallan el pelo, los abuelos se echan al hombro las chaquetillas primaverales, que bajaron del armario con los primeros calores que presagiaban el tránsito violento siempre en esta ciudad del invierno al verano, ignorando la primavera.
Es verano casi ya, con esta feria que nos trae el recuerdo de otros festejos, de otros años.
En el hoy plácido río Guadiana no se viven ya las escenas de la playa que generosa acogía a los bañistas, aquellos años en que el olor de las sardinas acariciaba a las parejas que se escondían entre los juncos de una más poblada orilla que esta de ahora, huérfana de vegetación. Ya no están las barcazas ni hay fútbol en las orillas ni se oye en la noche el croar monótono de las ranas, las que habían conseguido escapar la persecución implacable a las que las sometían los 'machas' de San Roque o los vecinos de Las Moreras o La Cañá, que ansiaban aumentar su caza y asarlas al atardecer en cualquier lumbre encendida en los patios de las destartaladas casas.
Es junio y los tiempos ya no se parecen a los que los nostálgicos quisiéramos tener siempre a mano. Había una feria que yo recuerdo con satisfacción especial, la del año aquel en que no sé por qué razones los cacharritos, el Teatro Chino de Manolita Chen y las tombolitas variadas fueron a parar a San Fernando. No existía aún el Hotel Lisboa, aquello era un purito descampado y ya estaba descascarada la avenida en la que por supuesto tampoco estaba el Casino ni el Hotel casino. Sólo en los huesos estaba el Hotel Río de aquellos años. Se podía bajar a la playa del Guadiana por varios sitios, Las Moreras ya era la imagen directa de la marginación y el refugio de gentes que se habían de ganar la vida con el contrabando hasta Portugal (a cuántas familias dieron vida el café y el tabaco, a cuántas otras llevaron a la perdición los inicios de la droga que estaba empezando a colarse entre nosotros), estaba aún intacto el Camino Viejo de San Vicente, se mantenía en pie el letrero de la calle Las Lavanderas, todo hasta el Seminario era una inmensa pista de prácticas de conducir, sólo había unos atisbos de lo que podría ser el embrión del Polígono El Nevero, con algunos viales a punto de ser asfaltados y que en los atardeceres acogían a las parejas amorosas que disponían de vehículo para esconder amores furtivos o ligues pasajeros en un “picadero” que mereció las iras de los canónigos y la catedral en pleno y el escarmiento propiciado tras algún hecho sonado como la muerte sobrevenida a un ciudadano que se supone se solazaba en su vehículo con alguna prójima muy próxima.
Putas, panaderos...
Eran los tiempos en que las cuatro P eran protagonistas de las profesiones de quienes hacían de la noche su modo de vida en este Badajoz alegre y desconfiado que preconiza Manolo Martínez Mediero. Putas (con perdón), panaderos, policías y periodistas se repartían el protagonismo de la noche, seguidos a salto de matas por taxistas, basureros, camareros de todas las pintas, sanitarios y cuantos, en fin, habían de acogerse a la oscuridad para ejercer su profesión que las más de las veces contenía elementos sólo vinculados al divertimento o el esparcimiento de los demás. Los panaderos eran reyes y héroes, porque entraban a trabajar más o menos cuando se cerraban los bares y los tugurios y si tenían algún negocio entre manos habían de dejarlo para ir a poner las manos en la masa, que de eso es de lo que vivían y no de lo otro. ¡Ah! Y la jodida vida de las mujeres de vida fácil (“¿fácil?, te contestaban. ¡Tu puta madre! ¿Tu crees que es fácil tener que soportar a un panadero portugués borracho a las cinco de la madrugada, puesta de rodillas delante de él, después no haberte comido un rosco en toda la noche y que ahora venga este vaina y te obligue a beberte un bagazzo y quiera pagarte con un saco lleno de papu-secos duros” ). Estas mujeres se dedicaban a enderezar y levantar los ánimos de los decaidos clientes que a horas intempestivas trataban de olvidarse que después de unas vueltas en la noria, varios vasos de cerveza caliente y vino de El Maño, una ración de pollo asado o unos churros con un chocolate que sabía a rayos, habían de emprender el camino de vuelta a casa, hediendo a sudores propios y ajenos, y enfrentarse a la dura realidad, la de la paciente parienta que no tenía el valor de cortar por lo sano y echar al mujeriego y borrachuzo fuera de casa dejándole en la calle con un ahí te pudras.
Las pobres prostitutas, con su bolso de charol, los labios pintados, el pelo largo y lacio, zapatos de increíbles tacones, las miradas cansadas. El recinto de las casetas era su último refugio en las noches calurosas del verano. Un cliente con coche que las llevase al polígono El Nevero, darse una vuelta por Mervic o la gasolinera de Pipo's, cuando no emprender el camino hasta el Tabarín de Mérida...
Policías y periodistas
Siguiendo pistas, como distraídos cuando había que hacer la vista gorda, los policías cubrían su último servicio del día, en franca discordia con los municipales, porque no eran tiempos de buenas maneras entre las fuerzas del orden y seguridad. Se llegaban hasta el bar de la gasolinera de la carretera de Sevilla antes de que lo cogiera El Chupi, o al puticlub de la calle Canarias o al bar Méndez donde los recién salidos del trabajo en el HOY se jugaban las perras a los boletos y comían mollejas o cangrejos que había pescado Juanito Pereira Jaramugo o Manuel Ledo o Manolo Macarro, que enseñaban a los periodistas de la última hornada a pelar los cangrejos sin ponerse las manos hechas un asco y sin mancharse mucho las camisas desabrochadas por el calor de la madrugada, que desprendía la cafetera aunque apagada.
De allí, de aquellos años de vinos en la madrugada de un Badajoz que empezaba a alumbrar un nuevo día, el personal se iba en bandada al Venero, a tomar café con migas, aunque fuese un junio caluroso.
Una noche se unió al grupo lo más granado de la crítica taurina y después de haber estado en casa del rejoneador Gregorio Moreno Pidal, el crítico Vicente Zabala (era por 1972 o 1973) animó el cotarro con una provechosa discusión en la que impuso su ley ante los periodistas locales. Quizás estaría allí el también recordado Antonio Macho y entre la canallesca varios de los periodistas guerrilleros de entonces.
Casetas de la Prensa
Con el entusiasmo de esos periodistas la Asociación de la Prensa de Badajoz montó casetas para animar el cotarro. Una de las primeras fue en el Polígono La Paz, cerca de donde ahora, tras sucesivos cambios de organismos ocupantes, está la sede de la dirección provincial del INEM, que en distintas épocas acogió una discoteca, un supermercado y algunas estancias más. En aquella caseta actuarían Los Etéreos, de Los Santos de Maimona, que se quedaron maravillados al ver cómo con sus instrumentos entonaban una de sus canciones los componentes del grupo Mocedades, que se acercaron como invitados a la fiesta, igual que Ana Belén y Víctor Manuel, pocos meses después del 'tejerazo', en aquel fatídico 23 de febrero de 1981, hace ahora la friolera de 30 años y pico.
Después, las casetas de la Asociación de la la Prensa pasaron sucesivamente por Los Montitos, con la genial actuación de Pedro Ruiz y por el Tiro de Pichón de la carretera de Portugal, antes de ser reconvertido al 'Dardy's'. Alli fueron memorables las intervenciones de Lone Star y Los Mustang, con el broche de oro del Dúo Dinámico.
En todos los casos, el rio Guadiana fue testigo silencioso de las ganas de folklore y jolgorio, que estos días espero se repita otra vez.
(Publicado en la Revista oficial de Ferias del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz, 2011)