A mis cortas luces que a Badajoz le harían falta más concejales y, con ello, más personajes. Con 27 no llegan a los múltiples cometidos que les encomendamos. Porque se ve además que a muchos de nuestros concejales, a los que tienen asignadas competencias, no les 'vaga' a hacer todo lo que deberían. Ahí está el concejal de los relojes, que para mi que o no tiene tiempo o no puede con su trabajo, sabiendo como debería saber que al reloj de la autopista, situado junto al bar El Dilema, no le entra en la cabeza (me refiero al reloj) que estamos en un año bisiesto y desde el 29 de febrero marca un día de más (?), con lo que el viajero que llega a Badajoz sabe que acaba de perder un día. O el reloj del Carrefour de la carretera de Valverde, que marca siempre igual temperatura (---- grados, asómense y los verán). Y el señor concejal de los relojes, desbordado y agobiado, no hace caso a las demandas de quienes queremos saber qué frío o qué calor hace cada vez que pasamos por allí. Esta ciudad necesita ayudar a los concejales, porque hay muchos cometidos para tan pocos. No dan abasto el concejal de los patos de Castelar, el del mercadillo (el de los martes, el de los domingos), el de las Crispitas, el del cementerio, el de los bomberos, el del azud, el de los barrenderos, el de la Semana Santa (que además es pregonero), el del tractor, el del carnaval, el del botellón, el de los muñequinos (los de los semáforos y los del suelo...), el de control a la oposición (?), el deslenguado... Necesitan ayuda, pero ninguno de ellos precisa tanta como el concejal no nombrado: el que le gustaría ser a Felipe Martín, el que sigue siendo necesario en Badajoz, el concejal de las tonterías.Y además, los concejales solían ser personajes. Y Badajoz se está quedando sin personajes. Sólo nos queda don Apolonio, que no es concejal. Y eso es grave. Alcalde, a vé...
domingo, 18 de marzo de 2012
Badajoz se queda sin personajes
A mis cortas luces que a Badajoz le harían falta más concejales y, con ello, más personajes. Con 27 no llegan a los múltiples cometidos que les encomendamos. Porque se ve además que a muchos de nuestros concejales, a los que tienen asignadas competencias, no les 'vaga' a hacer todo lo que deberían. Ahí está el concejal de los relojes, que para mi que o no tiene tiempo o no puede con su trabajo, sabiendo como debería saber que al reloj de la autopista, situado junto al bar El Dilema, no le entra en la cabeza (me refiero al reloj) que estamos en un año bisiesto y desde el 29 de febrero marca un día de más (?), con lo que el viajero que llega a Badajoz sabe que acaba de perder un día. O el reloj del Carrefour de la carretera de Valverde, que marca siempre igual temperatura (---- grados, asómense y los verán). Y el señor concejal de los relojes, desbordado y agobiado, no hace caso a las demandas de quienes queremos saber qué frío o qué calor hace cada vez que pasamos por allí. Esta ciudad necesita ayudar a los concejales, porque hay muchos cometidos para tan pocos. No dan abasto el concejal de los patos de Castelar, el del mercadillo (el de los martes, el de los domingos), el de las Crispitas, el del cementerio, el de los bomberos, el del azud, el de los barrenderos, el de la Semana Santa (que además es pregonero), el del tractor, el del carnaval, el del botellón, el de los muñequinos (los de los semáforos y los del suelo...), el de control a la oposición (?), el deslenguado... Necesitan ayuda, pero ninguno de ellos precisa tanta como el concejal no nombrado: el que le gustaría ser a Felipe Martín, el que sigue siendo necesario en Badajoz, el concejal de las tonterías.Y además, los concejales solían ser personajes. Y Badajoz se está quedando sin personajes. Sólo nos queda don Apolonio, que no es concejal. Y eso es grave. Alcalde, a vé...
miércoles, 7 de marzo de 2012
Todo está en venta. O casi todo. Todo está en alquiler. O casi todo. Ya no sabe uno muchas veces si el aire mismo, si la lluvia (já, esa es otra), si la brisa que nos conforta a primera hora, es de verdad o es una mentira más de las muchas que el sistema, los mercados, la Banca, el capital... todos, nos están echando sobre la cabeza. Mentira, mentira, mentira. Y sobre nosotros, una sensación de asfixia, de no poder respirar. Parece que se nos caen encima los cartelones de locales comerciales, de casas en venta, de piso que se malvenden o malalquilan, de locales cerrados. Se traspasa, se vende, cómpreme, lléveme, tráigame, haga, estudie, no escupa, oferta, barato, descuentos, no puedo atenderle, déjeme, no me empuje... Todo así, poco más o menos. Pero, además, es que ni siquiera llueve... Así no.
lunes, 27 de febrero de 2012
El desfile imaginario
-¿Y dice usted que las mulas atravesarían el Puente Real, tirando de las carrozas y de la tartana de las provisiones, pero llenando la calzada de cagajones y entorpeciendo la marcha normal de las comparsas y murgas, que veloces como rayos y para no perder la costumbre de los automovilistas pacenses, atraviesan el Puente Real raudos como posesos, en busca de la otra orilla?
Y así empieza a desgranar su descabellada idea. Llevar todas las carrozas y arrancar el desfile desde la Plaza de las Grullas. Recorrer el trecho que va hasta el Carrefour, pasear despaciosamente por las avenidas que rinden homenaje a Vicente Marcelo Nessi, a Jaime Montero de Espinosa, pasar al lado de la avenida de Luis Movilla, todo Sinforiano Madroñero... en fin, recordar a personas que han sido o fueron pacenses egregios e ilustres y reconocidos amantes de cuanto ensalza a Badajoz.
La propuesta del muchacho es aprovechar el paso por las oficinas de la gran Torre y lanzar algún improperio a los que osaron tratar de hollar el cielo (dificilillo, ¿eh?, eso de querer pisar el cielo) de la ciudad con semejante signo de delirante grandeza bancaria, más en estos momentos en que la masa (no el Masa, sino nosotros) anda cabreada con el capital y no hace falta ser más explicitos, que no, que no hace falta. Antes, cantar unas décimas, cuartetas o lo que sea a la expectante Biblioteca Pública de Papá Estado, que un día de estos va a abrir sus puertas, a lo mejor incluso antes que el parking de Conquistadores, al que proponen hacerle un monumento para celebrar la tira de meses que lleva cerrado, o sea, lo que es lo mismo, sin ser abierto. (Todos se miran inquietos. ¿A que va a ser verdad que el Delegado del Gobierno, Alejandro, va a ser el que inaugure la Biblioteca del Estado que se hizo bajo los auspicios de un Gobierno que es tan saliente que ya casi nadie se acuerda de él, aparte de los que lo sufrieron?)
Para no darle mucho crédito
Y aprovechando que el Guadiana pasa por Badajoz, al llegar la caravana desfiladora al Puente Real permitir que los caballos echen unos tragos de agua y comenzar a tirar al río las cifras del paro, los duques innecesarios, los traductores del Senado, las instituciones eludibles, los mercados y los intermediarios financieros, los Correa, los trajes regalados, los represores de los indignados... en fin, una caterva de elementos y personas sin los que nuestras vidas, que son los ríos, serían más felices, más productivas, más deseables... El insigne concejal, apoyado en el quicio de la mancebía y en otro asesor que se había presentado por allí, decíale en un susurro:
-Pero, ¿qué seto?
Nadie daba crédito (y buena está la Banca ahora para eso). Vaya, que casi nadie se creía que tal oferta de reconducción del itinerario del desfile pudiera haber sido concebida por mente humana y menos la de un bellotero pacense, que si el proponente hubiera sido de otro lugar (dilo, anda, escríbelo, no te cortes: de otro pueblo) pues la cosa habría cambiado. El concejal estaba sopesando (los concejales no piensan, sopesan) seriamente si echar o no mano del último recurso que tenía guardado en la bocamanga de la sotana (porque el concejal había usado ropa talar en algún festejo como este, haciéndose pasar por deán de la catedral y provocando las iras de don Apolonio y de Su Eminencia, que Dios guarde).
Más hete aquí que el concejal arrugó el ceño y dirigiéndose al comparsero jaranero proponente, le increpó echándole en cara:
-Ahora que hemos mandado podar en forma los naranjos de Santa Marina... vas a venir tu con esas. Ahora que en prevención de que por el desfile todo pudiera devenir en una guerra de las Naranjas hemos decidido por una vez y aunque sirva de precedente podar los naranjos y llevarnos las naranjas, para que un año por lo menos la avenida de Santa Marina no sea un estercolero por el pisoteo. Ahora que el huerto de los olivos que teníamos frente al Punto Caliente se ha convertido en otra zona asquerosamente asfaltada, para que por fin en Badajoz la gente se dé cuenta de que hay que llevar a los perros a hacer las cacas al extrarradio... Ahora nos sales tu con esas marianas (dijo sin pensarlo dos veces y de inmediato se arrepintió; pero lo dijo, marianas, y ahí queda transcrito) y además, que a mi con esas no me vengas, culminó recordando su época esplendorosa y brincante de musiquero de los años sesenta.
De lo que pasó después, el cronista piensa que es mejor no meneallo. El personal se aprestaba para para el desfile del 19 de febrero, esperando que ni los relojes ni los calendarios decidiesen también declararse en paro antes de ese día. Y ante ello, en esta fría mañana febreril, el cronista se disfraza y respetuosamente se tapa ahora los ojos para no ver lo que no quiere ni ver.
(Publicado en la Revista oficial del Carnaval 2012, del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz. Febrero, 2012).
martes, 21 de febrero de 2012
La eclosión de las fragonetas
El mercadillo de los martes, un paraíso de fragonetas y monovolúmenes, que son como el Arca de Noé del personal... ¿Y qué me dicen del tractor verde airosamente aparcado en Santa Marina? (Fotos, M. LÓPEZ)
La contemplación de la cabeza de un tractor aparcada días atrás en la Avenida Santa Marina en Badajoz me ha llevado, por asociación de ideas, a los momentos en que yo veía en mi infancia furgonetas estacionadas en las calles de mi pueblo y la ciudad. Particularmente señalada era la presencia de furgonetas en la Plaza de San Andrés, hasta donde llegaban las “dekauves” de los pueblos (la de Francisquino Marin, la de Genaro, la de Jacinto Marabel), que nos dejaban allí a los viajeros para que al término de los mandaos (luego se decían encargos, ahora se dice gestiones) volviéramos al lugar para emprender viaje de regreso. Después de San Andrés (donde también se aparcaban los “milquinientos”, otro vehículo mítico, igual que el Pontiac de Blasito) las furgonetas se trasladaron al salto del Caballo, al lado del bar del Micha, un flamenco de postín ya desaparecido. Y, a la par, en muchos pueblos, estaban los tractores como ese que he visto en la Avenida de Santa Marina y que no sé si es del Ayuntamiento (luego, habrá un concejal del tractor) que lo usa para retirar las ramas de los naranjos o es de algún agricultor que ha ido a las oficinas de Caja Rural a cobrar la PAC o a pagar algún impuesto, que es lo que más hacen, mayormente. Del tractor he vuelto a las furgonetas que ahora pueblan algunos lugares como esos nuevos objeto de culto que son los mercadillos, en los que ya se llaman fragonetas. En los dos mercadillos de Badajoz hay decenas que se agolpan en los días señalados, siendo gentes del pueblo gitano su casi exclusivos propietarios. Son las fragonetas como unas nuevas arcas de Noé (en ellas cabe de todo), donde no sólo se viaja acompañando a la mercancía sino que se hace una buena parte de la vida familiar, se come, se echa la siesta de media mañana, se hacen las oraciones, se jalea a Estopa... La fragoneta, hoy ya monovolumen, es ya para ellos una unidad de destino en lo universal. Sin duda.
(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 20 de febrero de 2012)
miércoles, 1 de febrero de 2012
Afilaor a domicilio
Fue en el portal de mi casa en Badajoz. Un individuo (debo llamarle así) no muy mal encarado y no muy mal vestido llamaba a todos los timbres. A cada vecina que respondía (todas fueron mujeres) les dijo lo mismo: “Señora, el afilaor a domicilio. Cuchillos, tijeras, ¿tiene algo que afilar? Subo y recojo lo que tenga y se lo afilo”. Por suerte, nadie le abrió el portal y el pájaro voló a otro portal, donde tampoco le abrieron. Le estuve siguiendo hasta que se perdió por las inmediaciones del Pirulo. No tenía en la calle ni la clásica bicicleta del afilaor ni nadie esperándole. Me hice el tontito cerca de él. Yo no llevaba teléfono ni me encontré gente conocida. Hasta fui a por el coche después y recorrí dos calles, Rafael Lucenqui y Francisco Luján. Ya no le buscaba yo a él. Lo que yo buscaba era un policía a quien poder transmitirle mi preocupación. Eran poco menos de las 12 del mediodía y en esta zona de Santa Marina alta no encontré ni un solo agente, ni Local ni Nacional. No dudo de que estarían en otro sitio. O no estarían. Lo de ese día de finales de diciembre, en plena vorágine navideña con cientos de personas en las calles, cargados de paquetes, nos pasa a diario. No es frecuente ver policías en la calle. A veces uno se las ve y se las desea para atisbar el color de sus uniformes. Estarán en otras cosas. Tengo depositadas mis esperanzas en una sociedad en la que no haga falta que siempre haya policías de patrulla por la calle. Pero esa sociedad tan casi perfecta o no existe o no es la que me ha tocado vivir a mi. Y bien que lo siento.
Yo creo que alcalde y delegado del Gobierno ya conocen qué opina mucha gente de esas ausencias policiales en la calle. Y saben que se espera que ellos les pongan remedio. A ver si no se producen más los “hechos puntuales” que decía la señora Pereira. A vé...
jueves, 5 de enero de 2012
Las naranjas de aquellos Reyes y mi mandarina
(Por estas esquinas de Salvaleón, cerca de la calle El Medio, cabalgaban mis Reyes Magos, los que me trajeron una mandarina y algún caballo de cartón y un Cine Nic, todo ello en distintos años. Y, en la otra imagen, un Papá Noel que ocupa hoy el lugar de los reyes, el frutero Emilio Gamito que es quien me trae ahora las mandarinas y lleva los regalos a su familia. Ahí está Emilio, como un rey).
Soy un enfermo nostálgico, quizás irrecuperable. Adoro a quienes vibran con la añoranza por los buenos momentos vividos, en fechas tan sembradas en mi como la noche de Reyes. Quizá sería por el sonido imaginario de los cascos de los caballos en las noches frías en la alcoba cercana a la esquina de la Calle El Medio, con una sencilla mariposa que bailaba alumbrando sobre el aceite en un plato mil veces bollado y hollado, una mariposa que agigantaba en los pasillos las sombras de los bultos de padre o madre que pasaban por allí preparando la bienvenida a los Reyes y a sus pajes, poniéndoles quizás un polvorón o una perrunilla.
Prolífico, entusiasta y contundente conferenciante, el cátedro Fernando González Pozuelo me ha narrado que hace muchos años preguntó a unas viejitas en un pueblo de La Siberia extremeña qué recuerdo tenían de un regalo, el mejor, del día de Reyes. “¡Una naranja!”, cuenta que le dijo una anciana arrugada, con brillo en la mirada. Y pone él también su entusiasmo particular al contarlo a su clase en la Universidad de los Mayores en Badajoz, donde ocupo un asiento. ¡Una naranja! La anécdota me inunda de recuerdos, me llena los ojos de las imágenes que he vivido. Lo mio fue una mandarina. Y un caballo de cartón. Y también algún globo inexplotado atado a una botella de las afamadas gaseosas Curusan (Custodio Ruiz Sánchez, de Burguillos del Cerro, para servirle) o el lagarto de mazapán enroscado que fabricaba Marabel en Barcarrota, con aquellos alfileres negros de cabeza gorda que no eran sino sus inquietantes ojos. Me harán un daño inmenso si algún día me roban mi noche de Reyes o si me impiden que mi gente más cercana pueda soñarla y después vivirla y disfrutarla.
domingo, 1 de enero de 2012
Petardo a la vista
Si nadie le pone remedio, en unos días se perpetrará el inicio del lanzamiento de petardos por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades. En Badajoz los petardos han tenido siempre éxito, en parte porque no ha habido mano dura en la aplicación de la ley, tanto de la que autoriza la venta a mayores como la que la prohíbe a menores. Con los tiempos que corren, esto de que un menor se haga de un puñado de petardos o una botella de ron está chupado. Basta con que ‘unten’ a algún mayor conocido para que de la tienda salgan tanto los petarditos como los alcoholes de todas las graduaciones.
Tendremos que andar con cuidado dentro de unos días quienes gozamos del placer de pasear por la ciudad sin mayores molestias auditivas que las de algunas jodidas motos. Ahora habrá petardos con sus dos vertientes: el sonido estridente de las explosiones y el susto por nuestro miedo a que se trate de cosas de más calado, porque hay petardos que son auténticas bombas. Y al temor al estampido se suma el desconcierto tras las explosiones, por el miedo a que se nos caigan encima los palos del sombrajo.
Los que lo damos del oido, tenemos el consuelo de que el ruido nos llega más lejano, aunque la estridencia de las explosiones nos afecta más. A algunos, como es el caso del aquí escribiente, esas explosiones nos ponen de un mal humor total, tal que nos importa un bledo el negocio de los vendedores de petardos o de los que permiten que se revienten los hígados de los jóvenes a los que les colocan el alcohol en la mano con absoluta facilidad. Para poner freno a estas cosas están los concejales y la Policía Local, allí donde los hubiere. Porque hay sitios que yo me sé (¿saco la lista?), y ustedes también, en los que parece que no hay ni lo uno ni lo otro. Ea, feliz año mariano.