Soy uno de los pacenses que hace años llevamos con orgullo el carnet de socio de la Biblioteca Bartolomé J. Gallardo. Llevo el carnet y lo he usado muy activamente hasta que me lo impidieron por mor del traslado de la biblioteca. Me han privado meses del uso y disfrute de los libros, pero lo daba por bueno si a cambio puedo disfrutar de ese espacio tan vital para la ciudadanía.
En resumen, me he aguantado hasta ahora. Pero también debo añadir que soy uno de los más de 150.000 pacenses que no fuimos invitados a la inauguración. Natural, no cabríamos todos y seguro que a Wert se le erizarían los pelos (¡) de ver allí a tanta chusma ruidosa. Y aunque yo no podía estar ese día en Badajoz, quiero sumarme a los 500 que se concentraron a las puertas, aunque no soy de concentraciones y aunque no comparta algunos de los lemas.
Desde que lo que ahora es ya biblioteca era sólo un lejío, he pasado casi a diario a patita por ese lugar y he sido testigo del crecimiento de ese espacio junto al mastodonte de la jamonería de Caja de Badajoz. Y pese a la guevez en la puesta a punto, entrega, licencia y, ¡tachin-tachin!, inauguración, yo he dado mi confianza a la Consejería de Educación y a las personas que han de regir los destinos de este foco de cultura. Y como he pasado por allí a diario he visto incluso que hasta la tiranta 27 del Puente Real rechinaba y reculaba a diario con los sucesivos retrasos, con la lentitud burocrática, con la parsimonia en las tramitaciones. En España la Administración es cruel hasta consigo misma y eso que en este caso las dos administraciones, Junta y Ayuntamiento, son de la misma cuerda. Pero han estado tirando de la cuerda no desde el mismo lado, sino desde los opuestos.
Ahora ya hay libros abiertos otra vez, menos mal. Y Wert, que se vaya, a vé…
(Ahora, visto que algunos protestantes se excedieron, aunque ratifico todo lo escrito en la edición impresa de HOY el miércoles 30 de enero, lamento que alguien actúe como un energúmeno amparándose en la masa).
(En la foto, lateral del edificio de la torre de Caja Badajoz, junto a la Biblioteca del Estado).
miércoles, 30 de enero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
Badajoz merece un Mercado Central
Allá por el siglo pasado tuve la fortuna de encontrar mi primer empleo sin mucha dificultad. Como ya tengo escrito por ahí, fue en la Escuela Virgen de Guadalupe, en el barrio de los ‘machas’ de San Roque, donde me acosté repetidas noches con Pepe González Serrano (es decir, en la misma habitación que él, el cuarto de los educadores) quien luego, gracias a mi reconocida influencia (es otro decir), llegó a ser concejal en Badajoz y anda por ahí luchando con su vista y haciendo el bien de la mejor manera que sabe y puede.
En aquellos tiempos el sueldo, escasito, incluía una parte que era la manutención y era un dinero que nos ahorrábamos. Y recuerdo de aquellos tiempos, con cariño, que me escapaba las mañanas de los sábados al mercado de San Roque, donde un vendedor fontanés (“ino” les dicen cariñosamente) me proveía de quesos de todas las clases y sabores. Aceitunas, frutas, laurel, chacinas varias, mieles, flores, especias… de todo había en aquel mercado que murió con el paso del tiempo. Tenía el encanto hermoso que le ponía el vocerío de los vendedores y los compradores, el “¡chacha!” de las vecinas al reencontrarse, el “¡acho!” de los fruteros al tropezarse (así lo veo, las mujeres se encuentran y los hombres se tropiezan). Por eso muchos años después, ahora mismo, quiero sumarme a la iniciativa de un numeroso grupo de pacenses que recaban firmas y apoyos para que en Badajoz se pueda contar con una instalación similar por más que la idea no le agrade al jefe de prensa del Ayuntamiento, JuanMa Cardoso.
Uno de los entusiastas recogedores de firmas, entre las cuales tiene ya la mía y espero que a ellas se siga sumando más gente, es el maestro Carmelo Sayago, portavoz también de “los aburridos” que enervan tanto al jefe de prensa municipal y al mismo alcalde, creo. Entre los que piden un mercado abierto en Badajoz incluso hay profesionales de la frutería que firman y que se ofrecen a colocar su puesto en ese mercado central.
Una de las experiencias que procuro repetir siempre que salgo de Badajoz es visitar los mercados de las ciudades en las que me dejo caer y siempre me traigo aprendido algo de lo mucho de bueno que tiene un mercado central. No vamos a pretender tener en Badajoz mercados como el de la Boquería en Barcelona o el de San Miguel en Madrid, pero habría que intentarlo, según mis cortas luces. Aunque al parecer no le guste a alguien del Ayuntamiento.
(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 18 de enero de 2013. En las imágenes, un rincón del Mercado de la Boquería y detalle del montaje del mercadillo de los martes en Badajoz, con Isabel Gamito).
En aquellos tiempos el sueldo, escasito, incluía una parte que era la manutención y era un dinero que nos ahorrábamos. Y recuerdo de aquellos tiempos, con cariño, que me escapaba las mañanas de los sábados al mercado de San Roque, donde un vendedor fontanés (“ino” les dicen cariñosamente) me proveía de quesos de todas las clases y sabores. Aceitunas, frutas, laurel, chacinas varias, mieles, flores, especias… de todo había en aquel mercado que murió con el paso del tiempo. Tenía el encanto hermoso que le ponía el vocerío de los vendedores y los compradores, el “¡chacha!” de las vecinas al reencontrarse, el “¡acho!” de los fruteros al tropezarse (así lo veo, las mujeres se encuentran y los hombres se tropiezan). Por eso muchos años después, ahora mismo, quiero sumarme a la iniciativa de un numeroso grupo de pacenses que recaban firmas y apoyos para que en Badajoz se pueda contar con una instalación similar por más que la idea no le agrade al jefe de prensa del Ayuntamiento, JuanMa Cardoso.
Uno de los entusiastas recogedores de firmas, entre las cuales tiene ya la mía y espero que a ellas se siga sumando más gente, es el maestro Carmelo Sayago, portavoz también de “los aburridos” que enervan tanto al jefe de prensa municipal y al mismo alcalde, creo. Entre los que piden un mercado abierto en Badajoz incluso hay profesionales de la frutería que firman y que se ofrecen a colocar su puesto en ese mercado central.
Una de las experiencias que procuro repetir siempre que salgo de Badajoz es visitar los mercados de las ciudades en las que me dejo caer y siempre me traigo aprendido algo de lo mucho de bueno que tiene un mercado central. No vamos a pretender tener en Badajoz mercados como el de la Boquería en Barcelona o el de San Miguel en Madrid, pero habría que intentarlo, según mis cortas luces. Aunque al parecer no le guste a alguien del Ayuntamiento.
(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 18 de enero de 2013. En las imágenes, un rincón del Mercado de la Boquería y detalle del montaje del mercadillo de los martes en Badajoz, con Isabel Gamito).
viernes, 4 de enero de 2013
2013, el último año o el primero
Sería lo primero que vi del 2013, de buena mañana mientras motriles alborotados aún regresan a casa, por el puente de la Universidad en un día feliz del 1 de enero sin neblina. Las corbatas relucientes, aunque arrugadas, siguen en su sitio haciendo el imposible equilibrio con los cuerpos cansados. Convencidos de que han de regresar a casa aunque no vencidos todavía. Es la primera mañana de un año que quiere derrotarnos cuando nada más acaba de empezar. Este será el año en que, si lo conozco, cumpliré mis primeros 65 años, ahí es nada viejo Gabo. Aún los cafés siguen costando un euro o poco más. Badajoz se despierta entre el graznido de los patos que sortean las migas de pan que les echan unos caminantes en el Puente de Palmas. Los muchachos del Bar Venero despachan otras migas, animosos. Siguen en su sitio al lado del Gran Casino las vacas tozudas de la margen derecha, rumiando parsimoniosas no se sabe qué. Un taxista mira mi chandal viejo y le veo cansado de transportar muchachas en flor que regresan, zapatos en la mano con sus portentosos tacones, con el rimmel corrido, buscando el cobijo de casa donde papá les va a regañar mientras mamá esbozará un mohín de indolencia (“es la niña, déjala, su primera Nochevieja, mientras vuelva como se fue…”). Con bici también vieja un mozalbete de hosca mirada silba junto al Hotel Río y el Azcona mientras esquiva a un perro atolondrado que se le cruza llorando porque tal vez ha sido abandonado. También.
En la plaza de Santa María la Cabeza un gorrilla mira extrañado la ausencia de coches que no buscan aparcamiento, porque aún duermen. Un gato mía mientras contempla desconsolado a los solitarios paseantes, como él. Este Badajoz se ha resistido a que le nazca un año nuevo, que será para muchos el último y para no pocos el primero de su existencia. Y la vida sigue lo mismo: no abre el parking de Conquistadores, se levantan las losetas, decenas de coches reposan en doble fila, crece la lista de parados, cada día cierra un negocio y nace otra frutería que morirá, los comerciantes se quejan de que no se vende ni el calendario zaragozano, sigue subiendo el precio de los tomates y las patatas aunque no se nota en el bolsillo del productor, hay tras cada esquina otro impuesto y una nueva corrupción a la vista, sigue creciendo la cifra de amigos de lo ajeno, entre alguna clase política sobre todo. Esto es: todo ha cambiado para que todo siga igual. Y Badajoz se parece cada día más a sus relojes (menos mal que funcionan bien los del Palacio municipal y la catedral, que el arzobispo tiene bendecido el suyo y Migué le da cuerda al otro). Esto es lo que hay, a vé…
(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 4 de enero de 2013)
domingo, 16 de diciembre de 2012
Mis cinco nietos
La del alba sería (ya empezamos mal, copiando) cuando iba yo a dar la vuelta a la parva, como decimos en mi pueblo. Un día más me disponía a hacer la ruta de los relojes estropeados. Empecé por el del cruce de Juan Pereda Pila con Fernando Calzadilla y Damián Téllez, que va un par de horas adelantado. Me empitoné luego con el del cruce de Carrefour en la carretera de Valverde, que da siempre ni frio ni calor, cero grados, dos rayitas fijas. De ahí tiraba para el Cerro del Viento, donde vive mi amigo Evaristo Fernández de Vega y me acordé de él y de lo que dicen en su pueblo, Almendralejo. Porque eran las ocho de la mañana y no se veía ni a escupir.
Luego, desde el campo del Cerro de Reyes (¿por dónde andará Cachola, que ni se le oye ni se le ve?) se divisa el reloj cojo de la fuente de los millones, en el cruce de la carretera de Olivenza. Ese reloj da la hora y la fecha y los grados, pero solo para los vecinos de abajo, los de la calle del que fue alcalde Sinforiano Madroñero, porque los de la carretera de Olivenza sólo ven en el dichoso reloj un puntito. Luego, en el cruce del Puente Real con la carretera de La Granadilla, como está cerca la Torre de Caja Badajoz, pues vamos mejorando. Ese tira bien (lo de la Caja ya no es lo mismo). Y atravesando con la del alba ya un poco más despejada seguimos igual, no se ven ni los olivos. Más adelante, de regreso a la civilización, el reloj del Hotel Rio también lleva un cuarto de hora de retraso…
El del Venero ya va bien, que estamos en Santa Marina. Esto es Badajoz, así son los campos de la patria mía que dijo alguien… Tanta es la desidia que se observa en algunas cosas que a veces hasta yo mismo cuando me siento en el pupitre a escribir miro bien bajo el teclado por si alguien me ha puesto allí un concejal o una frutería. Que para el caso es casi lo mismo (y no hace falta explicarlo, no me pidan que lo haga, que estoy muy cansado porque acabo de recibir la llegada de mi quinto nieto, Teresa, que ha llegado con la Luna Nueva y se suma a Rubén, Jara, Ricardo y Manuel, todo un equipazo).
(En la imagen, uno de los relojes trampa que pone el ayuntamiento de Badajoz para confundir a los visitantes sobre la hora y la temperatura y el día y el mes y casi el siglo en que vivimos en Badajoz) (Texto publicado en la edición impresa de HOY el 14 de diciembre de 2012)
Luego, desde el campo del Cerro de Reyes (¿por dónde andará Cachola, que ni se le oye ni se le ve?) se divisa el reloj cojo de la fuente de los millones, en el cruce de la carretera de Olivenza. Ese reloj da la hora y la fecha y los grados, pero solo para los vecinos de abajo, los de la calle del que fue alcalde Sinforiano Madroñero, porque los de la carretera de Olivenza sólo ven en el dichoso reloj un puntito. Luego, en el cruce del Puente Real con la carretera de La Granadilla, como está cerca la Torre de Caja Badajoz, pues vamos mejorando. Ese tira bien (lo de la Caja ya no es lo mismo). Y atravesando con la del alba ya un poco más despejada seguimos igual, no se ven ni los olivos. Más adelante, de regreso a la civilización, el reloj del Hotel Rio también lleva un cuarto de hora de retraso…
El del Venero ya va bien, que estamos en Santa Marina. Esto es Badajoz, así son los campos de la patria mía que dijo alguien… Tanta es la desidia que se observa en algunas cosas que a veces hasta yo mismo cuando me siento en el pupitre a escribir miro bien bajo el teclado por si alguien me ha puesto allí un concejal o una frutería. Que para el caso es casi lo mismo (y no hace falta explicarlo, no me pidan que lo haga, que estoy muy cansado porque acabo de recibir la llegada de mi quinto nieto, Teresa, que ha llegado con la Luna Nueva y se suma a Rubén, Jara, Ricardo y Manuel, todo un equipazo).
(En la imagen, uno de los relojes trampa que pone el ayuntamiento de Badajoz para confundir a los visitantes sobre la hora y la temperatura y el día y el mes y casi el siglo en que vivimos en Badajoz) (Texto publicado en la edición impresa de HOY el 14 de diciembre de 2012)
miércoles, 28 de noviembre de 2012
La burra no llega al pesebre
Parece que al villancico de “hacia Belén va una burra” va a haber que cambiarle la letra. He preguntado a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Badajoz, que cada año montan su belén particular abierto a todos los visitantes en el Asilo, si este año va a haber Belén. Me han dicho que sí y que estará abierto desde el día 10 de diciembre hasta el 7 de enero. Pero no me he atrevido a preguntarles si este año el belén de Badajoz tendrá burra o mula o buey o algún otro semoviente. Con la pretendida reforma agraria, el paro, con Bruselas, el carajal de las pagas extra y, sobre todo, con este Papa, uno no sabe a qué atenerse. Habrá que preguntarle a Ricardo Cabezas, el entusiasta voluntario del Gurugú, si por aquellos lugares volverá otra vez el Belén viviente de todas las Navidades (hablamos a veces del Gurugú como de otro mundo, con evidente menosprecio a un lugar hermoso de Badajoz, un lugar que va a ser el futuro porque tiene al laíto mismo a Portugal, a la Raya, a los centros logísticos, a El Faro, al AVE -quita, quita, que me da la risa- ).
O habrá que saber si en la parroquia de San Agustín va a estar de nuevo el misterio con su burra, sus chozos echando humo, sus posadas de puertas abiertas, sus gallinitas, y su buey y sus pastores ronroneando a la PAC o si van a ponerle a la casa del herrero techos con placas solares o habrá alguna ocurrencia de nuestro presidente Monago aplicable al belén (algún caganer, por ejemplo, para echarle la pata a los catalanes, que es lo que se lleva ahora).
O, ainda mais, si en el rosario de deseos entrará el que por fin el concejal de las tonterías se ocupe de poner en hora todos los relojes públicos de Badajoz, que hay señores empleados del servicio de Limpieza que cuando pasan por la ‘autopista’ no saben si es hora de entrar a trabajar o la hora de salir. Pero, bueno, lo del Papa es lo más, que ha dicho (http://www.fratefrancesco.org/esp/navid.ratz.htm ) que ya no hay burra que llegue al pesebre, que lo del buey es un cuento chino, que ni estrella ni leches, que ya está bien y que el pesebre no da para más. A vé…
(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles 28 de noviembre de 2012) (¡Ah!, lo de la foto son vacas, cerca del pantano de Nogales, no son las de la portada del disco de Pink Floyd)
O habrá que saber si en la parroquia de San Agustín va a estar de nuevo el misterio con su burra, sus chozos echando humo, sus posadas de puertas abiertas, sus gallinitas, y su buey y sus pastores ronroneando a la PAC o si van a ponerle a la casa del herrero techos con placas solares o habrá alguna ocurrencia de nuestro presidente Monago aplicable al belén (algún caganer, por ejemplo, para echarle la pata a los catalanes, que es lo que se lleva ahora).
O, ainda mais, si en el rosario de deseos entrará el que por fin el concejal de las tonterías se ocupe de poner en hora todos los relojes públicos de Badajoz, que hay señores empleados del servicio de Limpieza que cuando pasan por la ‘autopista’ no saben si es hora de entrar a trabajar o la hora de salir. Pero, bueno, lo del Papa es lo más, que ha dicho (http://www.fratefrancesco.org/esp/navid.ratz.htm ) que ya no hay burra que llegue al pesebre, que lo del buey es un cuento chino, que ni estrella ni leches, que ya está bien y que el pesebre no da para más. A vé…
(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles 28 de noviembre de 2012) (¡Ah!, lo de la foto son vacas, cerca del pantano de Nogales, no son las de la portada del disco de Pink Floyd)
viernes, 9 de noviembre de 2012
Los olores de Badajoz
Esto de los malos olores que afectaron hace un par de semanas a Badajoz, que ahora ya se ha solucionado entre otras cosas por las lluvias, viene de antiguo. Ahora parece que nadie tiene memoria de ello, pero en verano los vecinos del polígono La Paz se acordaban todos los días varias veces de la dignísima Corporación municipal, estuviera presidida por quien estuviera, cada vez que al caño de la Cambota le daba por largar al exterior. Aquel olor era penetrante y llegaba a casi todos los barrios del Badajoz de entonces, que en aquella zona terminaba por los bloques de Santa Teresa, cuando allí no había llegado aún el olor del dinero del Banco de España y lo más que se olía (y mal, también) eran los efluvios que salían de la aceitunera, que dicho sea de paso me llegaban a mi hasta a las aulas de la Escuela Normal o a la pensión en la que vivía en las calle Las Peñas primero y Bravo Murillo después y se percibían, en su época, lo mismo en el gimnasio al aire libre donde nos daba las clases de gimnasia y formación del dichoso espíritu nacional don Leopoldo García Morera que en las aulas en las que don Benito Mahedero se empeñaba en enseñarnos la tabla de los elementos (litio, sodio,potasio…), que bien que nos costaba aprender a los que veníamos de letras.
Entonces no había Vaguadas ni Urbanización Guadiana ni Jardines del Guadiana… pero el pestazo era de campeonato. Menos mal que en Badajoz no todo han sido siempre malos olores. Y es que si se quiere que los jardines desprendan suaves y agradables perfumes hay que convenir en que es necesario acarrear estiércol y de eso también aquí ha habido lo suyo.
Fue la glosa de los olores de Badajoz la que le valió un premio al periodista José María Pagador Otero (¿donde andas, Pepe?) que escribió “el Badajoz de los ciegos”, un cariñoso recorrido por la ruta que supuestamente hacía un ciego cada día y se iba guiando por el olor de rosas en San Francisco, el olor de los calamares de la Calle Zurbarán en Los Corales, el olor de los churros de Saymu en la calle del Obispo, el olor que salía incluso del antiguo jardín del Obispado…
Ha pasado felizmente el tiempo de aquellas penurias y hoy los olores han de ser muy otros. Son los purines, me dice la autorizada voz del poeta Santiago Corchete que, como experto profesional de la agricultura que sigue siendo, sabe detectar los olores con los que ha convivido décadas pateando el campo extremeño. Sean unos u otros, menos mal que el agua ha barrido las calles, ha aliviado los olores y se ha depositado en nuestros embalses. Y todo ello sin costarle un euro al ayuntamiento.
(En la foto, el lugar por el que estaba el caño de la Cambota, que fue definitivamente encauzado aguas abajo del azud. Este texto ha sido publicado en la edición impresa de HOY el 9 de noviembre de 2012)
Fue la glosa de los olores de Badajoz la que le valió un premio al periodista José María Pagador Otero (¿donde andas, Pepe?) que escribió “el Badajoz de los ciegos”, un cariñoso recorrido por la ruta que supuestamente hacía un ciego cada día y se iba guiando por el olor de rosas en San Francisco, el olor de los calamares de la Calle Zurbarán en Los Corales, el olor de los churros de Saymu en la calle del Obispo, el olor que salía incluso del antiguo jardín del Obispado…
Ha pasado felizmente el tiempo de aquellas penurias y hoy los olores han de ser muy otros. Son los purines, me dice la autorizada voz del poeta Santiago Corchete que, como experto profesional de la agricultura que sigue siendo, sabe detectar los olores con los que ha convivido décadas pateando el campo extremeño. Sean unos u otros, menos mal que el agua ha barrido las calles, ha aliviado los olores y se ha depositado en nuestros embalses. Y todo ello sin costarle un euro al ayuntamiento.
(En la foto, el lugar por el que estaba el caño de la Cambota, que fue definitivamente encauzado aguas abajo del azud. Este texto ha sido publicado en la edición impresa de HOY el 9 de noviembre de 2012)
lunes, 5 de noviembre de 2012
Luis Trinidad, el de la pala de oro
A Luis Trinidad, el contratista de obras más vinculado a la pequeña historia de Badajoz, le han reclamado algunos arreglos en la carretera del cementerio y allá que se ha ido con sus cuadrillas de trabajadores, aunque ahora la mayoría está en el paro. A los 73 años años, este hombre que se inventó para los anales periodísticos de Badajoz la historia de "la pala de oro", ha dicho adiós a las contratas, a su familia y a la vida. Su nombre era uno de los que más sonaba en la mesa de sesiones de la Comisión de Gobierno del ayuntamiento de Badajoz, porque era raro el día en que no había que recurrir de urgencia a él para alguna de las variadas incidencias urbanísticas que presentaba la ciudad.
Y eso ocurrió con los sucesivos alcaldes de Badajoz, Jaime Montero de Espinosa, Luis Movilla, Manolo Rojas, Gabriel Montesinos y Miguel Celdrán, a quienes ayudó a reparar las múltiples averías de este viejo Badajoz. Con sus máquinas y con sus trabajadores, siempre estaba Luis Trinidad al frente de cuanta obra de urgencia había que acometer en Badajoz. No hubo socavón en el que no tuviese que intervenir. Y fue su humor el que sirvió para hacer popular una historia que a lo largo de 20 años de periodismo nos ayudó a todos a llevar adelante con humor lo que no era más que una realidad cierta, la que esconde la pala de oro que en Badajoz muchos estamos aún buscando. Gracias, Luis Trinidad.
La imagen puede valor como homenaje a Luis. Una carretilla y una pala, restos de un trabajo de albañilería en la calle del Obispo en Badajoz. (Este texto ha sido publicado en Cartas a HOY el domingo día 4 de noviembre de 2012)
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