martes, 23 de junio de 2015

Pamplinas de manioso







Fran Fragoso se ayudó de la mano tonta para volver a ocupar el sillón de la alcaldía. ¿Nadie se percató de lo tonta que tenía el candidato la mano en esa foto del cartel electoral? Fotos M. L.)

No hay duda. Son pamplinas de un manioso como yo. Otros años por estas fechas ya había yo dado la tabarra con lo de  guardar los edredones en el altillo del pasillo, tras recomendar una preparación para forrar los libros que ahora ya no tiene mucho sentido, si acaso hoy debería ser con pedir de regalo de fin de curso de una buena funda para el Ipad. También por estas fechas hablaría yo de la necesidad de que pinten los pasos de peatones antes de la feria, porque en tiempos en que Luis Movilla era el alcalde eso se hacía para prevenir las carreras de nuestros visitantes portugueses que venían masivamente a ver los toros, toreros y rejoneadores y a comer calamares y langostinos “a la bella vista” en la cafetería Rioen los tiempos de Juan Polanco, q.e.p.d.. Claro que entonces no había rotondas ni pasos elevados, aunque sí estaban como ahora los muñequinos del concejal José Antonio Polo (salud, ex concejal, ánimo compañero) y circulaban los conductores que no los respetaban, como sigue pasando ahora. Pero para todas estas cosas yo había depositado mi fe en la mano tonta del candidato a alcaldeFran Fragoso (¿a quién se le ocurrió la idea de aprobar aquella foto para los carteles de campaña, con la mano caida de Fran?) esperando que me nombrara un concejal de tonterías y resulta que no ha sido así y sólo me queda confiar en las alforjas que en campaña electoral llevaba Antonio Ávila, con los mecheros y las piruletas de la gaviota. Más que nada por ver si de esas alforjas salen algunos de los remedios que debe este Ayuntamiento aplicar  en Badajoz cuando hayan pasado los cohetes de la feria y la pólvora se haya ido río abajo, aguas abajo, bordeando lo que queda del caño de la Cambota, hasta allá porAlqueva.

(¡Felicidades, Juan, Juanes y Juanas!)

(Publicado en la edición impresa de HOY el martes, 23 de junio de 2015)

lunes, 8 de junio de 2015

Muy señor concejal mio, dos puntos:











(Varias imágenes de Badajoz y carteles de publicidad electoral, algunos de ellos pegados donde no estaba permitido por las normas elementales y por la más mínima educación)

    Querido señor concejal: 
    En los próximos cuatro años voy a tener el honor de ser representado por usted ante el Ayuntamiento de este lugar en el que yo pago mis impuestos. Si es que antes no da usted la espantá buscando una mejor situación (me resisto a escribir prebenda) o huyendo de la quema, si no le imputan, si no le pillan haciendo lo que no debe, va a tener usted la oportunidad única en su vida de dedicar su tiempo a los demás, de vivir esa apasionante aventura de quienes dejan de lado la familia, quizá los negocios, el tiempo libre, de quienes se agarran a la bandera del esfuerzo colectivo por causas sencillas que le voy a contar. Trabajará usted para que las luces de mi calle estén encendidas todas las noches, no como ahora. 
    Que los empleados de la limpieza sean eficientes y cobren un sueldo digno, que las calles estén limpias, que los perros hagan la caca en los lugares indicados o, en su defecto, en las puertas de las casas de sus respetivos dueños, no los putativos, sino los dueños reales.
    Que los adoquines no se levanten porque sí, que los semáforos funcionen, que los imbornales estén limpios, que los grifos nos den agua limpia todos los días, que los pasos de cebra estén pintados claritamente todo el año, que los municipales sean simpáticos y amables pero inflexibles, que los necesitados de la renta básica la reciban, que los niños que lo precisen tengan comedores gratuitos todo el año, que los aparcacoches dejen tranquilos a los honrados automovilistas que buscan un sitio para dejar su vehículo, que sean regadas las palmeras de la plaza de Conquistadores con el mismo derecho que todos los árboles de todas las esquinas de la ciudad, y que se abra el parking de una maldita vez, que en todas las barriadas haya vigilancia y atención policial, que no haya desahucios porque no sean ya necesarios, que no haya pactos secretos para repartirse los pasteles y las reuniones de ustedes sean con luz y taquígrafos y no en los reservados de los restaurantes, que hagan ustedes unos presupuestos justos que repartan con equidad las cargas y los beneficios para los contribuyentes, que haya una revolución cultural a base de conciertos de la banda, teatro, libros rodando por las calles, que no se levanten los asfaltados, que no se cierren bibliotecas, que tengamos si puede ser un Mercado Central, que se tire el jodido Cubo, que se salven el parque Ascensión y todos los parques, que igual en Gurugú que en las Cuestas,  en Suerte de Saavedra o en Llera o en el Cerro los vecinos tengan limpieza viaria, tengan plazas escolares en todos los centros, tengan policía, tengan seguridad, tengan autobuses, …
      Señor concejal: no meta usted la mano donde no debe pero vigile porque a su lado también puede haber un chorizo por mucha acta de concejal que él también tenga. Y recuerde que dentro de cuatro años, si no me he muerto antes, yo voy a seguir aquí con derecho a voto y usted se va a ir a la calle si no cumple con aquello para lo que nosotros le hemos elegido.

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 8 de Junio de 2015)

jueves, 28 de mayo de 2015

Al parking le falta la póliza





Fue el genial Antonio García Orio-Zabala quien escribió una columna fantástica en este periódico, que se nos ha recordado decenas de veces a los que hemos pretendido seguir los pasos de aquel genial plumilla. Eran los tiempos del ¡Arriba España! y por entonces era preceptivo comprar en el estanco una póliza que se pegaba en cuanto documento oficial o simple instancia hubiese de circular por las siempre tenebrosas oficinas de la Administración. Orio-Zabala bromeó rozando el filo de lo permisible y si no estoy mal informado, aquello le costó un soberbio disgusto al entonces director, Campillo, que se sometió gustoso y divertido al castigo impuesto por el Jefe provincial del Movimiento y gobernador civil, porque el castigo –el corte de pelo, no sé si al “cero”- al final se volvía contra la ofendida autoridad, de quien todo el mundo después se pitorreaba por haber llevado tan lejos la defensa de su honor, el patrio honor que se decía. En aquellos tiempos los directores de periódico (los que tenían pelo) estaban sujetos a esas pequeñas dictaduras.
  Hoy, muchos de los cargos directivos masculinos de la prensa, la radio y la TV lucen como cabeza unas hermosas bombillas que harían imposible aplicarles el correctivo. (No me imagino yo a Cristina Herrera, la delegada del Gobierno, ordenando un corte de pelo así a Urbano García, el de la tele regional, por un quítame allá esos ultras futbolísticos). Tampoco tengo yo claro a quién corresponderá hoy aplicarle un correctivo por el descalabro causado en torno al parking de Conquistadores sobre el que parece que desde mañana mismo, en la última decisión que se le pueda imputar a la actual legislatura del gobierno municipal de Badajoz, va a haber una solución administrativa, después de la tira de años empantanado. Y no se han podido adoptar medidas para agilizar el proceso, precisamente por culpa de las trabas burocráticas. Porque al final de toda esta historia truculenta hasta podía resultar que si el parking no se ha abierto antes de ahora no ha sido porque le faltaban más permisos, más obras, más informes o más licencias…No.  Lo que le faltaba era la póliza.

(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles, 20 de mayo de 2015)




miércoles, 6 de mayo de 2015

Generación Imserso: de Chipiona a Colliure







A mis cortas luces que los que somos de pueblo tenemos muchos inconvenientes y bastantes ventajas. Entre los primeros, no haber visto el mar hasta la edad madura. Yo vi el mar por primera vez en las playas de Chipiona cercano a mis primeros 20 años. No me lo perdoné y por eso mi primera hija gozó aguas marinas con apenas tres meses, hace ya casi cuatro décadas. Ahora, pertenezco como muchos a la generación Imserso, a la misma que Alfonso Guerra criticaba cuando espoleaba contra la Ucedé bajo el lema de “¡qué buenos son, que nos llevan de excursión!”. Muchas personas en mi familia y en las de muchos lectores murieron sin ver el mar, la mar.
   Lo mío fue un viaje ansiado, una forzada presencia en el campamento Hernán Cortés de Chipiona, a donde había que ir por narices para refrescar los principios del Movimiento etc si uno aspiraba a poder sacarse el título de maestro después de tres años en la Normal de Magisterio de Badajoz. Por allí andaban como “mandos” (entonces no se decía monitores)Juan León, Manuel Mayorga o Gerardo Alvarado(+) personajes hechos y derechos allá por el año sesenta y muchos del siglo pasado.
   Hoy, con la cartilla de jubilado en el bolsillo, he dispuesto junto con otros cincuenta y pico extremeños (tras once horas de viajes en autobús, tren y otra vez autobús) de otras posibilidades de acercarme al Mediterráneo, ese mar mágico, y de pasar por lugares tan emblemáticos como Calella, Barcelona, Figueres, Tossa, Canet, Arenys (jartos de trenes cada veinte minutos) y de cruzar la frontera en escapada fantástica hasta Perpignan y Colliure, palpando de cerca la losa que da reposo a los restos mortales de don Antonio Machado. Casi sin solución de continuidad, con el parénteseis de ese medio siglo mal contado, he pasado de Chipiona a Colliure llevando en mi equipaje las ilusiones jóvenes del campamento y de las playas de Regla hasta mis canas y calvicie incipiente en el mágico cementerio que entierra al admirado poeta, bajo banderas hermosamente republicanas.

(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles 6 de mayo de 2015)

lunes, 4 de mayo de 2015

Borrachos, ya, de amapolas



No sé si han llegado antes de tiempo, porque aún no se ve el trigo verde y de siempre se ha dicho que las amapolas acompañaban a los trigales por el camino verde que va a la ermita. O eso eran  las margaritas, ya ni lo recuerdo. El hecho es que el campo se nos está emborrachando de amapolas y a mi siempre que veo esos adornos rojos de nuestros campos se me llenan los ojos de Jesús Delgado Valhondo. Pacientes, flores de escasos días, viven más que las jaras, esas flores pegajosas que sí son de una sola jornada.
Pero las amapolas también fueron tocadas por la poesía de Jesús, que en un arranque de aquella espontaneidad suya las ensalzó y subió a la máxima categoría. Ya ni sé si lo habré escrito antes de ahora. Es la anécdota que vivió el maestro poeta al que tentaron y casi obligaron a meterse en política, aunque sólo fue por tapar unos huecos en las listas electorales, algo que ahora está de actualidad.

En aquel tiempo de la Ucedé Jesús, que fue concejal en Badajoz,  se vio obligado a intervenir en un mitín electoral, creo que con el incombustible Isidoro Hernández Sito. Le montaron en un coche y le llevaron a algún pueblo perdido en La Siberia extremeña y allí desgranaba Hernández Sito sus propuestas agrarias. Ante el lamento de los agricultores de la comarca con frases del estilo “qué vamos a hacer con el campo, esto es una ruina, qué sembraremos este año, el año pasado nos dieron una miseria por la cebada y los trigales”, Jesús pidió la palabra y se subió al escenario. Agarró micrófono y ante el estupor de unos y el regocijo de otros repondió a la pregunta unánime: ¿qué sembramos?. Jesús, todo poesía, replicó serenamente: “Amapolas. El campo extremeño hay que sembrarlo todo de amapolas”.

(Publicado en la edición impresa de HOY el martes, 28 de abril de 2015)

sábado, 11 de abril de 2015

¿Quién ha parido tantos gatos?







(Unos ejemplares de gatos que se me han puesto a tiro de cámara)

Un par de indígenas de Badajoz, como quien mira los muros de la patria mia, dialogaban contemplando el inclasificable e insoportable espectáculo de los ramajos y yerbajos que asolan la plaza de Conquistadores. “Aquí entran un par de vacas y en media mañana desaparecen todas las hierbas”, decían. Menos mal que alguien piensa no en máquinas sino en animales para buscarle solución a esta animalada de mantenella y no enmendalla con el susodicho ya renombrado parking de Conquistadores, el mismo que contra viento y marea sigue cerrado y por el que deambulan de noches gatos y algún perro abandonado. 
  También en las inmediaciones del Palacio de Congresos hay un gato perdido que mía y remía por las noches, por si encuentra un poco de calor humano más amplio que el que le pueden dar los integrantes de la Orquesta de Extremadura. “Miré los muros de la patria mía”, escribió ya Quevedo hace unos años, presagiando la inminencia de tanta desolación como pueden verse al contemplar la desidia con que nuestros prohombres están tratando temas que nos son tan cercanos, tapándolos con el concierto de clarinete, el invento del rap que se han sacado de la manga (ancha) los del hacemos, a los que se oponen los del tenemos, queremos, sabemos y se enfrentan a los que se lamentan de haber puesto poca piel y poca carne en el asador mientras se alisan el pelo luego de haber regado con abundante fijador para que no se les vean las greñas y para ocultarnos las patas de gallo y las arrugas que aspiran a seguir siendo una demostración de su perpetuación en el poder.
   Pero estábamos hablando de gatos y del asombro que me producen las docenas de mininos de todos los pelajes y tamaños que pululan al anochecer en las inmediaciones del Hospital  Infanta Leonor (no se llama así, pero todo podría pasar), en la explanada de la puerta principal, por la zona de la pista de aterrizaje, donde cada noche se dan cita decenas de estos animalitos salidos de no se sabe dónde. Dijeron en su día que los gatos estaban desapareciendo de Badajoz, atribuyéndolo a una explicación xenófoba relacionada con algunos restaurantes que no podemos tolerar. En fin, que dado que el Ayuntamiento no tiene vacas, podría hacer amplias redadas y encomendarle a los gatos la limpieza de la explanada de la Plaza de Conquistadores, lo que vendría a ser algo así como aliviar de malezas estos modernos muros de la patria mía aunque se nos llenen de gatos, los quejosos ganados de que hablaba Quevedo en su soneto. ( Cualquier parecido con la realidad, en lo tocante a tanto gato, partos, piel, desolación, desidia, patria, muros, etc.., es pura coincidencia )¡Miau!

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes, 10 de abril de 2015)

jueves, 19 de marzo de 2015

La trompeta, el número PÍ y la cabra



Ha vuelto otra vez a las calles de Badajoz el número de la trompeta, pero ahora viene sin cabra. Un trompetero muy repeinado y aparente llamado Antonio, un teclista de menos de 20 años que para mi es como el vaquerillo deGabriel y Galán y un par de palmeros que al tiempo que jalean al tio de la trompeta pasan la gorra entre los espectadores (¿a qué me recuerda todo esto, ahora que estamos ya en campaña electoral?). Andaban estos días atrás por la calle San Isidro y adyacentes e instintivamente me acordé de aquel trompetista afamado en Badajoz, Isidro, al que todo el mundo apodaba El Maceta, que hacía las delicias de los oyentes allí donde actuaba en solitario o con orquestas. El cantante Emilio Momi le recuerda con cariño, porque compartió con él numerosos escenarios y porque cuando se escuchan los cantes de España es imposible sujetarse el corazón. Bueno, pues el número de la cabra pero sin cabra es el llamado número pi (el de 3,1416 etc) y hete aquí que en la revista que ha editado la 51 Olimpiada Matemática Española, que se celebra este fin de semana en Badajoz y va a congregar en nuestra ciudad a los 77 mejores promesas de la Matemática española, aparece precisamente uno de sus trabajos con el problema de Monty Hall, que protagonizan estudiantes, tres puertas que se abren y se cierran, un coche y un par de cabras, justo las que no tiene el trompeta que jalea las calles de Badajoz y al que bien podrían seguir muchas de las ratas de alcantarilla de la ciudad si el jefe de la orquesta llevase un violín en lugar de una trompeta. Pero lo del jefe de la orquesta (ya saben todos ustedes quién aspira a serlo) ya es historia para otro día.



(Publicado en la edición impresa de HOY el jueves, 19 de marzo de 2015, día de san José y día del Padre,
según El Corte Inglés)