Quizá
por ser un músico frustrado, he valorado siempre como se merece a
los profesionales de la música. Hace años ya que en mi casa somos
socios de la Orquesta
de Extremadura
y no nos perdemos ni un concierto de abono, así como las amenas
charlas
previas de Santiago
Pavón.
La Orquesta de todos, en cuya gestación tanto peso tuvo Paco
Muñoz
en su época de consejero de Cultura, es hoy ese lujo de todos que en
estos días nos trae su arte a casa, mientras dure penduleando sobre
nuestras cabezas el maldito bicho. No hay día en que no podamos
desde casa saborear ese chute de cultura, que nos traen con gracia y
arte. Tengo dos huenos amigos en el plantel que me visitan con su
música y me honran con su presencia. Javier
Borreguero,
violin y Gustavo
Castro,
trompa, pasean ya con soltura por el salón de mi casa y van dejando
caer notas y sonidos que me hacen más llevadero el confinamiento. Si
alguna tarde se retrasan, salgo al balcón de mi casa de Santa
Marina
y con la compañía de las palmas de mis vecinos de Agustina
de
Aragón,
les recuerdo que les estoy esperando, hasta que volvamos al día de
poder ocupar nuestros asientos en el Palacio
de Congresos de Badajoz,
ese templo musical que va a formar ya para siempre parte de mi
memorial de jubilado, ese escenario cultural de que gozamos en
Badajoz gracias a la gestión de personas como Paco
Muñoz.
Hay, en esos días que estamos padeciendo, algunas tardes en que nos
puede la melancolía, que nos echa para atrás el deseo de seguir en
casa leyendo, pero las palmas y los saludos de vecinas y vecinos, de
balcón a balcón, obran el milagro de espolearnos, para agradecer su
labor a tantos profesionales (de la sanidad, de Cuerpos de Seguridad,
repartidores de prensa, quiosqueros, distribuidores de alimentación,
servicios de Limpieza, funcionarios municipales anónimos,) que están
dado su alma por nosotros, por todos, Como, sin ir más lejos, a
gentes como Javier
y Gustavo
que desde sus casas nos alegran la tarde con sus músicas y sólo con
una trompa o un violin y unas generosas sonrisas nos hacen superar
esto del bicho con la magia de la música.
jueves, 9 de abril de 2020
martes, 11 de febrero de 2020
Muñequinos espías
(Hoy, abriendo agujeros en la calle Agustina de Aragón para reparar averías del colector general. Varios días han tardado los de la excavadora y han tenido copadas varias plazas de aparcamiento. A ver hasta dónde llega el agujero que están haciendo ahora, con la calle cortada al tráfico. En la segunda foto, las obras que dejaron el pirulo en pie. Ya se han llevado las vallas protectoras y han cubierto con herrajes el acceso al estanque, para que no se caiga nadie hasta el fondo. A ver si llueve y se desborda el estanque, en el que nadarán las botellas vacías que han dejado bajo los herrajes).
Rebuscando como Karina en mi baul de los recuerdos no encuentro un caso semejante al del concejal ese que se va con una limpiadora a registrar y hurgar en las bolsas de la basura a ver si halla allí las cartas que recibe el guarrete que saca las bolsas a media tarde. A mi me escriben cada dos días para que me compre otro sonotone y no les hago caso, ya me compré uno y no me convence, así que echo las cartas a la bolsa de los papeles y allí va mi nombre, claro, pero ¿qué le voy a hacer, escupirme las manos y arrancar mi dirección del sobre? Pues si quieren que me espíen y pillen cuando tiro los papeles y cartonajes. Bastantes veces he dicho en voz alta que en los contenedores de basura de Badajoz debían colocar una pegatina que diga clarito a qué horas se puede depositar la basura, pero no me hacen ni caso. ¿De 21 a 23 horas? Parece una hora razonable, pero que lo digan. En Portugal, sin tener que ir más lejos, escribían antes algo así como “ao sol, posto, lixo posto”. O sea, depositar la basura cuando se ponga (o se vaya) el sol. Aquí, como no hay carteles, habrá que acudir a una estratagema. Sugiero que faculten a los muñequinos de los semáforos, los que el entonces concejal del PSOE José Antonio Polo popularizó entre los años 1983/1987, para que se salgan del cacharro en el que están subidos y echen a correr tras los vecinos incívicos, les apunten la matrícula o se hagan un selfie con ellos...En la calle del Obispo hay sembrados muñequinos que corren y andan, hale, que los manden a controlar a los incívicos y así se ahorra el concejal ese ir tras ellos y filiarlos. Vaya tela...
(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles 5 de febrero de 2020)
lunes, 29 de abril de 2019
(Ahí sigue el pirulo, enorme, inmenso, extraordinariamente guarro. ¿Para qué sirve, si además ni funciona la fuente que vertía agua a la base del invento maléfico este?).
A quienes me preguntan si he estado activo en la semana pasada (ya saben, procesiones, cofradías, etc), yo contesto que no encontré quien me prestara una escalera, no para lo que cantaba Serrat eso de quitar los clavos, sino para ver si encuentro a quien endiñarle la tarea de escamondar y fregar a fondo el pirulí de la plaza de Santa Marta, que tiene mierda acumulada desde antes de las pasadas elecciones. Y mucho me temo, ya que parece que están trabajando con ciertas ganas en esa plaza, que llegue la hora de la inauguración y se limiten a abrir paso a las tropas infantiles y hordas juveniles y dar por inaugurada la nueva plaza sin limpiar y adecentar el pirulo, cuyo aspecto es deprimente hoy. Como deprimente es el aspecto de otra plaza, la de Santa María de la Cabeza, en otro tiempo lugar agradable, con su manantial de los escalones, con sus fuentes para beber o refrescarse los morros, con su pista reluciente y apetecible. Aquello se ha convertido en un lejío impresentable y mucho me temo que se ha echado en el olvido su arreglo. Los industriales asentados en el lugar, como Paco, del bar Avecilla, o Fernando el camarero, casi ni recuerdan cuánto tiempo hace que allí no corre el agua. Parece que la maquinaria del manantial se averió y alguien tachó con lápiz rojo la reparación y puesta a punto. Matojos, jardincillos sin cuidar, suelo de la pista levantado,... ¿Por qué, quién le ha puesto la cruz a esta plaza? Lo que está desarreglado no se rehabilita ni con la escalera que nadie me presta.
(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 26 de abril de 2019)
miércoles, 17 de abril de 2019
Ajetreo en la Comisaría de Badajoz
La
mañana prometía ser tranquila en la Comisaría, en los bajos
del Gobierno civil de Badajoz. Hasta allí llegaban los ecos
del mayo francés de aquella primavera del 68. Nadie podía suponer
que los alumnos de la última promoción del Plan Antiguo habíamos
programado irnos en fila desde la Escuela Normal por la avenida Colón
y la calle Santo Domingo hasta los Almacenes
David, en la calle La Sal (vale, Arias Montano),
para comprarnos una gorra (!) e iniciar así el Paso del Ecuador. Un
gigantón llamado Sebastián Preciados, bedel de la
Normal, se maliciaba con su compañero Chaparro (bajito,
regordete, con la lista de la compra a mano, inocente bigotito
hitleriano, restos de un balazo en la cara): “Estos están tramando
algo”. La directora de la Normal, doña Carmen
Álvarez-Arenas (la bondad y la prudencia en persona)
no sospechaba que tendría que mediar ante la Comisaría con el
profesor don Benito Mahedero, ante la chiquillada de
unos muchachos que pusieron de los nervios a los “secretas” de la
Brigada de Seguridad Ciudadana, con “Pepe el espía” a la
cabeza (así me lo definió años después Martínez Mediero).
Era 1968 y El Pardo era lo que todos sabíamos que era.
“¿A dónde vais? ¡Pegados a la pared, no se junten más de
cuatro! ¡Venga, el carnet!” Tras aquella peripecia, cuatro fueron
a Comisaría pero todos volvimos a la Normal con las
gorras puestas. No fue una rebelión, fue un canto a la amistad y
camaradería que luego hemos enseñado en las aulas de escuelas
desperdigadas por toda España. Si nos ven hoy por los aledaños de
la Normal sepan que los que sobrevivimos volveremos hoy día 5
a aquellas mismas aulas tras dejar sembradas en nuestras escuelas
sonrisas en los ojos emocionados y abiertos de nuestros alumnos, a
los que enseñamos a leer y a ver la vida. Eso es, la vida. Nada
menos.
(Publicado en la edición impresa de HOY el 5 de abril de 2019)
miércoles, 6 de marzo de 2019
¿Otro lejío de chinatos?, quién lo diría
Nunca
pensé que fuésemos a disponer en Badajoz de otro lejío de
chinatos como el que le tocó definir a Gabriel Montesinos,
en la plaza de El Corte Inglés, cuando tuvo que echarle valor
a los manifestantes del “yo-quiero-la-plaza”. Ahora la zona llena
de chinatos es la Avenida Manuel Saavedra Martínez, cercana
al Hotel Lisboa, un lugar víctima al parecer de la desidia
municipal, según denuncian los vecinos y ha narrado en estas páginas
la periodista Rocío Romero. Este lejío de chinatos
viene a ser un redomado ejemplo de dejadez y, especialmente, el
escenario del tuya-mia en que se entretiene el diablo cuando no tiene
qué hacer, que ya no es matar moscas con el rabo, sino incentivar, y
de qué modo, las trifulcas entre administraciones. En este caso,
ayuntamiento de Badajoz y Junta de Extremadura pelean a
cuento de quién es el titular de esta vía, en un tuya-mía que
pilla por el medio mismo a los vecinos, ajenos a la polémica y
sufridores de los celos y suspicacias. “Arréglalo tu, que es tuyo”
se dicen entre si los responsables, en una mesa de la discordia que
antes o después debería terminar con el apretón de manos, la firma
de la paz... y el arreglo de la calzada. Pero todo se andará, que
para eso estamos cerca de elecciones, aunque por ahora lo único de
cartelería abundante que se ve es la de los anuncios de viajes sin
Imserso (¡hasta a Lisboa a ver a Julio Iglesias
el 29 de junio!) y los de los toros de Olivenza.
(Publicado en la edición impresa de HOY, viernes 1 de marzo de 2019)
lunes, 18 de febrero de 2019
¡ Que tiren ya el pirulo! Feo, innecesario, inútil...
¿Para qué queremos ahí este chisme feo? No sirve ni como lugar de citas.
Alguien
tendrá que decirlo. Tendré que echarme a las espaldas las protestas
de quienes disientan. Así es la vida del opinador que, como en mi
caso, se mete en jardines que no vienen a cuento. "Que la tiren
ya" escribí con inconsciencia juvenil hace varias décadas en
estas páginas a propósito de la vieja Casa de la Cultura de
la Plaza de Minayo, que se asentó sobre lo que muchos años
antes creo que fue sede del Seminario, tras dejar este su
ubicación cerca de la sede de Capitanía en la calle
Menacho y si no fue así que me lo corrijan, por favor. Donde
estuvo la sede de la Junta Preautonómica y el primer
despacho oficial de Luis Ramallo, un edificio que se iba
cayendo a cachos y que disponía de un hermoso patio en el que asistí
a la representación de El amor de don Perlimplin, no recuerdo
con qué actores, quizá con Cristian Casares. En aquel lugar
era conseje el ya fallecido pintor Paco Morán, siempre con su
pipa a la boca. Depués de que lo tirasen, quedó un enorme socavón
en la zona en lo que hoy es el parking. Algo pasó algo con el
escacharre de un coche y ello
provocó que el periodista JuanMa Cardoso escribiera su deseo
de que tirasen el coche al socavón. No a cántaros, pero ha llovido
mucho y lo que sigue quedando en pie es el Hospital San Sebastián.
Ya no están la Casa de la Cultura, la sala de exposiciones,
el hipocampo hermoso que estaba al entrar a la derecha, el despacho
de Ramallo, su Gabinete de Prensa (con Miguel Ángel
Carmena, González Perlado...) Lo que sí permanece en
otro lugar, en la plaza de Santa Marta que bautizó el boticario ya
desaparecido Germán Meleno, es el Pirulo. Lo siento,
Manolo Rojas, (q.e.p.d.,el alcalde que miró el proyecto con
simpatía) pero tengo que dar mi opinión: ¿Por que no tiran ya el
Pirulo, tan feo como innecesario? Es fácil y no hace falta ni
que lo hagan de madrugada. De día, a pleno sol, ¡al socavón junto
con las raíces de los eucaliptos!
(Publicado en la edición impresa de HOY el 18 de febrero de 2019)
martes, 15 de enero de 2019
Nosotros, los maestros del 69
Las escaleras de acceso a la Escuela Normal, que tantas veces subimos entre los años 1967 y 1969. Cerca, los naranjos y los paseos de Santa Marina. (Fotos, M. LÓPEZ)
NO
solo es que no hubiera pizarras electrónicas, sino que estaban
pendientes de inventar. No es que no hubiera calefacción ni aire
acondicionado, es que ni se sospechaba que pudieran llegar algún día a las aulas. A lo lejos se adivinaba que algún día el maestro
podría salir a la pizarra y pintar la palabra dictado
con tizas de colores. Hasta entonces, a lo más que aspìrábamos era
a imaginar en color las cigueñas que don Isauro
Luengo
quería enseñarnos a pìntar, entornando los ojos y mirando a la
pared como si uno fuera un oriundo de la lejanísima y comunista
China.
Era
el año 69, hace 50 años, y una parva de estudiantes y estudiantas,
rozando los 20 años, aspirábamos a salir del ya entonces viejo
edificio de la Escuela
Normal en
la Avenida de Santa Marina de Badajoz con el título de maestros de
primera enseñanza bajo el brazo, previo reválida y paso obligatorio
por los campamentos de Chipiona
o Puente
Zuazo.
El Servicio Social en la niñas también era obligatorio y juntos y
juntas formaríamos la primera promoción en la que ya no era pecado
que chicos y chicas asistiéramos juntos a las clases, excepto a las
de Educación
Física,
faltaría más.
Ahora,
50 años después, aquella promoción se ha empleado a fondo en el
watshapp para volver a juntarnos y celebrar la pervivencia de las
ilusiones juveniles. En ello estamos, festejando que ya hay pizarras
electrónicas y calefacción en las escuelas y tizas de colores en
las manos de nuestros nietos.
(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 14 de enero de 2019)
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