EL GATO DEL PALACIO
Un gato se pasea curioso y feliz por el patio interior del Palacio de Congresos. Da varias vueltas al aro central. Ha visto moverse algo por el suelo y sueña con ratones de verdad y de piel sedosa, con pajarillos descarriados llenos de plumas de colorines, que van como él, buscando alimento. Pero no hay tal. Ni lo uno ni lo otro. El aire ha levantado unas hojas mustias, ha removido unos papeles, ha hecho al gato del Palacio un guiño y con esa travesura el gato no podrá empezar temprano su día con un buen bocado. Pero por ahí anda paseándose a diario.
DAÑOS A LA VISTA
El bar Los Jardines luce con solera su rótulo. Es la calle Trinidad, muy cerca de Puerta Trinidad y el Parque de La Legión. El luminoso de la cerveza impide al forastero leer el rótulo. Hay más obstáculos. Como un insolente aparato de aire acondicionado que destroza la vista de la fachada y quita la alegría a las macetas. Como el farol, como el letrero de Royne, como la placa de prohibido aparcar. Todo un cúmulo de elementos que dañan a la vista del paseante quien, además, se encuentra la puerta cerrada a cal y canto.
UN BAR PARA EL RECOGIMIENTO
Muy cerca está San Andrés, la plaza de las incongruencias. Y es así porque la plaza está presidida por el pintor Zurbarán y el rótulo dice que esta es la Plaza de Cervantes. Pero todos le decimos San Andrés. Aquí está “El Claustro”, un bar que ha querido sacar a la calle sus esencias. Junto al letrero de la gallina ponedora de la Granja El Cruce el bar muestra un par de estatuas que alzan los brazos en demanda de piedad, de recogimiento... todo lo contrario de lo que podría esperarse de un bar. Pero este claustro es así y hay que aceptarlo.
TENGO UNA VACA LECHERA
UNAS MANCHAS ROJAS
Pintadas no son, son pelotazos de color rojo en la fachada de la sede del PSOE en Badajoz. Todo un símbolo que a buen seguro no es del agrado de los dueños del local, que supongo prefieren dar una imagen más limpia de su anuncio político. Alguien, desde la acera de enfrente, ha emponzoñado la pared y pienso que lo mejor que han podido hacer es lo que creo han hecho. Dejarlo como está. Que pase el tiempo. A fin de cuentas el rojo es un color más llamativo que otros, aunque haya quien lo deteste. Pero hay quien lo aprecia. Ahí está. Para borrarlo habría que pintar encima y ya de por sí es bastante pinturera la fachada. Como es pinturero un día en la vida de Badajoz.
