lunes, 7 de noviembre de 2011

Salvad las aceras de Badajoz











(Algunos ejemplos de la 'ocupación' primordial de nuestras aceras. Y la foto de los operarios llevándose uno de los bancos de hierro situado en la Avenida de Santa Marina, junto al olivar que hay al lado del 'Punto Caliente'. Fotos M. LÓPEZ)

Me siento cada día más atracado en las aceras de Badajoz. Los insensatos que circulan en bici a toda pastilla; el achicamiento al que están siendo sometidas para reubicar los contenedores quitándonos nuestro espacio vital; las motos de reparto que se dejan aparcadas contra la pared; las farolas y más farolas plantadas; los carteles de las ifebas; los anuncios de los pollos asados y los restaurantes chinos; los bancos escasos para sentarse a esperar el autobús; las cajas de algunas fruterías que sacan su mercancía a la calle, en contra de lo permitido; las motos aparcadas un momento que ahora vengo; los sacos de los ripios de las obras que al final de la jornada el de la paleta tirará indebidamente a un contenedor...
En Badajoz hay abuelos que envían cartas a los periódicos pidiendo aseos públicos y bancos para sentarse (¡ah!, la próstata y las artrosis y los juanetes y los espolones...) lo que debería hacer pensar seriamente a nuestras dignas autoridades, que precisamente hace sólo unos días han ordenado o permitido arramplar con varios bancos (no de los otros, ojalá hubiera sido así, sino de los de sentarse) que estaban en la avenida Santa Marina, al lado del 'Punto Caliente' (no piensen mal, es una pastelería), bancos situados sobre una superficie de tierra que ahora ha sido hormigonada, a ver para qué, para ahogar a los pobres olivos... Pero en Badajoz, y eso es gordo, a las aceras están llegando espacios cedidos a bares y cafeterías, que colocan -con licencia, eso sí- cierres a base de toldos, con lo que el Ayuntamiento está comerciando indebidamente con un espacio que es nuestro, de los paseantes. Son terrazas (que yo utilizo, y por cuyo uso pago, que conste) que el Ayuntamiento hurta a la ciudadanía. Porque la calle no es del Ayuntamiento; es de todos. Así, como suena. Pero... esto es lo que hay.

(Algunos ejemplos de la 'ocupación' primordial de nuestras aceras. Y la foto de los operarios llevándose uno de los bancos de hierro situado en la Avenida de Santa Marina, junto al olivar que hay al lado del 'Punto Caliente'. Fotos M. LÓPEZ)

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 7 de noviembre de 2011)

Primer comentario en la Web de HOY:



in-dubio-pro-reo

Lo de algunos bares es ignominioso. Que se pase policia local por la calle Garcia de Paredes, barriada de la estación. Cuando sacan los veladores a la calle dos bares que hay en ella (uno en cada acera), saltándose la nueva ordenanza a la torera incumplen todo esto: Sacan veladores a ambos lados de la acera, colocan artilugios, mesas altas, máquinas de bolitas, banquetas pegadas a la pared, sirven bebidas por una ventana y un largo etc. Todo esto que digo y denuncio incumple la normativa de veladores. ¿Actuará la policía local? Ya les digo que no, porque ya he denunciado esto otras veces por aquí y todo sigue igual. ¿Nadie de la Policiía Local lee estos foros? ¿El Jefe de la Policía local Sr. Venero, no da valor a estas quejas de los ciudadanos? ¿Tampoco lo lee o no le afecta a nadie del Consistorio estos incumplimientos de una normativa que acaban de aprobar? Bueno... yo seguiré insistiendo cada vez que pueda.

martes, 1 de noviembre de 2011

Salvaleón, todo jamón









Salvaleón ha sido escenario entre los días 28 al 30 del concurso de cortadores de jamón y de la Feria de Muestras Transfronteriza, que ha llegado a su XXV edición. Allí se ha dado cita medio pueblo y gran cantidad de forasteros, a los que hay que agradecer su presencia y el brillo que le han dado al festejo, que ha supuesto una importante aportación económica para industriales y empresarios de la población. El concurso de cortadores de jamón, en reñida competencia, fue ganado por Cándido Morillo Muñoz, de la población sevillana de San Martin de la Jara. Él era uno de los seis concursantes (cuatro andaluce y dos extremeños, estos de Puebla de la Calzada y Fuente de Cantos) que se emplearon a fondo durante hora y media para limpiar, despiezar y cortar seis hermosos jamones procedentes de las industrias de nuestro pueblo.
Como en ocasiones anteriores, hay que felicitar al Ayuntamiento y a los industriales por mantener esta feria y esperar que se repita un año más.

(Imágenes: Con el cartel de logotipo a cuestas, el ganador y platos con este manjar tan nuestro. Fotos M. LÓPEZ).

miércoles, 19 de octubre de 2011

Ofrécese negro (en buen estado)









(Varias farolas ilustradas en Badajoz, con ofertas de todo tipo. Falta la del 'negro', porque nadie se atreve a reconocerse esa condición. Fotos M.LÓPEZ)


A lo de “pintor limpio” (juro que he visto un cartel encabezado por esas dos palabras) sigue en estos nuevos tiempos una oferta más variada: “Pintor, decorador, coloca papeles (?), arregla todo tipo de averías en el hogar”. O sea, que la oferta en las farolas no decae. Las pasadas han sido fechas de “Busco compañera de piso”. Y entre las ofertas para captar a la compañera destacan las de orden comercial (cerca de supermercado), otras de índole más doméstico (dos baños, todos los electrodomésticos, etc) y unas más rudimentarias (con ascensor) o ambientales (ventilado, luminoso). Las farolas, que yo llamo ilustradas por la abundancia de literarura que las acompaña, deberían huir como del diablo si pudieran cuando vieran acercarse al jubilado con su perro (o perra) o al mostrenco provisto de pasquines y papel de pegar para sujetar el anuncio. En los últimos tiempos también puede verse a otra especie, la de los mendas que acuden a hacer ese oficio armados de puntas y martillo. Son los que van por la tremenda y cometen el atentado contra los árboles: clavetean sus anuncios. La mayoría aún pega con cello o fixo sus proclamas: desde viajes milagrosos a Lourdes hasta casas rurales, cursos de baile, locales para despedidas de solteros, vendo gatitos siameses, chucho perdido, se forran botones, se gratificará,etc..
Lo que no he visto aún, en estos tiempos preelectorales, es la oferta de talentos dispuestos a rellenar el curriculum o engordar los méritos de candidatos, que esos sí que se ofrecen en estas fechas por lo bajini y a domicilio, reclamando al jefe una y otra vez (¿qué hay de lo mio?) en espera de ser designados. No hay aún expertos que, cual el ‘negro’ de Ana Rosa Quintana y de otros ‘escritores’, se ofrezcan para hacer ese papel: de negros. (Por cierto, hablando de otra cosa, es hora de sacar ya los edredones, a vé...)

(Publicado en la edición impresa de HOY el 18 de octubre de 2011)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Échenme (a) los perros



Confieso sin avergonzarme que soy de esas personas (o personos, visca la paridad) a las que no amilana admitir que no le gustan muchos de los animales de los que nos hemos rodeado en la vida cotidiana. Gatos, hamster, boas, pulpos (!) y perros serían animales preciosos si los dejásemos en su habitat natural: el campo, el aire, el mar, en libertad no vigilada. Especialmente ‘amigo’ soy de los perros y en particular de los que me han hecho pasar espantosos ridículos después de haber pisado algunas de las cacas que tan acostumbrados están a dejar desperdigadas por las calles de Badajoz. Sé que cada día hay más cívicos dueños de perros que se ocupan de recoger la mercancía que los perros dejan, pero hay otros a los que importa ni mucho ni poco si detrás viene un niño que pueda pisar esos restos, que deje caer sobre ellos su balón, pelotita que luego cogerá con sus manos, manos que se llevan a la boca el donuts y la piruleta a peseta, piruleta a real. En fin, que muy amigo no soy yo de la cosa esta del bicherío en mi calle, en la acera... Por eso, me tiro de los pocos pelos cuando me entero de lo que ha decidido el concejal de los perros (que lo habrá, aunque no haya un concejal de las tonterías): ha sacado la libretina del banco y se ha hecho de perras de todos los contribuyentes (euros, vaya) para hormigonar las base de las farolas de algunos parques de Badajoz, que se están pudriendo porque en ellas se mean los perros. Y eso se va a remediar con nuestro dinero. Así que ya saben lo que deseo: pulpos a la mar, boas al desierto, gatos a los tejados, palomas al viento y perros al campo. Sé que no agradará esto a muchos, así que a vé, si su gusto es ese, échenme los perros. ¡Este Badajoz...!

Publicado en la edición impresa de HOY en septiembre de 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

Perrunillas por la Virgen de Aguasantas






(Fotos:
Desde la casa en la calle El Medio se esparcían por todos los contornos los aromas de las perrunillas, llegando si cabe hasta la ermita. Y la gozosa salida del sol, al que se ve nacer desde el majestuoso Risco de Barbellío antes de las 8 de mañana, en los días en que ya se celebraban al anochecer las novenas a la Virgen
.
Fotos M. López. Prohibida la reproducción sin permiso expreso del autor).



El día que madre lo anunciaba con voz firme y ojos de complicidad (“voy a hacer perrunillas para la Virgen de Aguasantas. Vamos a encender el horno”) toda la casa se llenaba de saltos y alegrías y hasta la gata recién parida se asustaba y escapaba por los tejados llevándose los gatos (miau, miau) en la boca, dando jadeantes viajes y más viajes desde la cuadra hasta ponerlos a buen recaudo en el pajar, no fuese que con aquella algarabía que se había desatado (ahí es nada, perrunillas por la Virgen de Aguasantas. Y magdalenas, y cajonitos de almendra, y bizcocho). Empezábamos a correr la voz. Yo me iba con el aro hasta casa de mi primo Manolo el de tía Carmela a contarle que íbamos a hacer perrunillas por la Virgen de Aguasantas. Sí, aquel verano (del año 57 o 58, no lo sé) estaba haciendo calor. Se quemaron los rastrojos tarde y había habido algún fuego que a buen seguro habría investigado la Guardia civil (¿ya no estaba el cabo don Tomás Carrascal?). Por aquello del calor, seguramente padre habría advertido que habría que tener mucho cuidado con el horno, el humo, que una chispa descuidada podría llegar hasta el pajar, donde ya estaba recogida la paja para las bestias en el invierno. Y el grano en los atrojes del doblao, sobre el que empezaban a reposar los melones, vigilados desde el techo por los tomates de cuelga.

Sabíamos que llegando ocasiones como esta, tocaban unas cuantas de cenas sin comer huevos, para dar tiempo a que las gallinas abastecieran del avituallamiento necesario para las perrunillas (protestamos la niña y yo. “Si queréis patatas fritas tenéis que pelarlas vosotros”, nos dice madre, ¿te acuerdas?). Eran sólo cinco o seis gallinas que se comían ávidas todas las cáscaras de melón y sandía habidas y por haber. Había sido un año de sandías y melones y pepinos. Otros habían sido los años de las berenjenas o de los pimientos, asados en el mismo horno, pero aquel año seguramente habría que cambiarle a alguien leche por pimientos, para aprovechar que íbamos a encender el horno y así asar los pimientos, dijo madre. Y es que, decía padre, tenemos que aprovechar lo que tenemos y cambiarlo por lo que no tenemos. Menos mal que la Lucera y la Naranjita no faltan a su compromiso diario con la leche. A ver, íbamos a hacer perrunillas y todo giraba en torno a ellas, a los huevos, al harina, el azúcar. ¡El harina! Había que plantarse enseguida en el garaje o en casa del Conde (“ligerito, echa una carrera a ver cuándo viene harina buena para las perrunillas, para las magdalenas, pero dile que no sea harina tan aterronada como la de la otra vez”).

Buen susto se dio la gata, que había terminado el trasiego con los gatinos que se le habían enchufado a mamar, cuando nos sintió entrar en desbandada al pajar, buscando los cartones viejos, palos, taramas, algunos ejemplares de El Buen Amigo, un serón viejo dado para la hoguera, hasta latas de conserva de sardinas, el embalaje de cartón del Cine NIC, restos de maderas que se habían ido almacenando por allí desde la última vez que encendimos el horno. Ahora el objetivo a cumplir era ir llenando el horno de todo lo quemable. Y salir a la calle, a ver si en el Corral Concejo o por la era de los riscos Candilitos encontrábamos cosas que se pudieran quemar.

Padre puso orden en aquel batiburrillo y nos conminó a no pasarnos. Que aquellas tablas de cajas de sardinas que nos habíamos traído de la cuesta del cine, de las puertas de la pescadería de mana Rosario, podían valer para algo, hasta para echarle un remiendo a la silla vieja de la cocina que tenía el asiento de tabla. Que no fuéramos más a la carpintería de Tapones a pedirle tacos de maderas que no le sirvieran. Que no trajéramos serrín, que a quién se le había ocurrido poner en el montón la jáquima medio rota, que no se podían echar al horno los cristales de la penicilina de las inyecciones de los guarros, si acaso sólo las cajas, que la escoba vieja no era tal escoba vieja, sino escobón para barrer las gallinazas, que no volviéramos a tirar ningún nido de las golondrinas, que luego el horno olía mal...

Cada vecera que acudía a por su leche recibía el aviso de que el viernes íbamos a hacer perrunillas por la Virgen de Aguasantas, que si tenía algo que quemar lo trajese al horno. Alguna, no recuerdo quién, se ofrecía para ayudar, yo creo que por si caía algo. “Aquí no nos hace falta que nos ayude nadie”, decía Tía Toribia. Y hasta Alonsino la Paula, que estaba siempre por el corral de la casa y que entraba por una puerta y salía por la otra, se ofrecía con su voz ronca. “Yo vengo a ayudar también”, decía meándose de risa y mirándonos buscando nuestra complicidad. Cuando te encontrabas a Alonsino la Paula por la casa nunca sabías si entraba o si salía. Mano Juan el Quinto nos lo tenía advertido y me decía (con su risa tan singular, de perro viejo o de sabueso, a veces de granujilla), enseñando ora uno, ora otro de los dos dientes que le quedaban, uno arriba y otro abajo, en distintas esquinas de la encía. “Cuidado con ese, que es un pájaro. Anda, Manolito, o tu Josefita, dile a tu madre a ver si tiene por ahí una copina de anís para mi, que luego nos vamos a ir los dos al regato Los Pozos y te monto en el burro ese, 'El Lápiz', que yo te lo voy a regalar”. Alonsino no, Alonsino no pedía copinas. Ni tío Alejandro Cachimba (que le decíamos Aleandro), que entraba más de tarde en tarde, farfullando como en voz baja alguna cantinela de las suyas mientras Tía Toribia lo miraba con cara de pocos amigos.

Cuando madre hacía perrunillas por la Virgen de Aguasantas otro que no faltaba era tío Diego, el marido de tía Reposo, los padres de tía Conce. Siempre con aquel sombrero que le acrecentaba aún más la cabeza, con un pañuelo sudado al cuello, siempre con una colilla de cigarro en la boca. Madre lo miraba con sorna y yo creo que, con perdón, se cachondeaba de él, lo mismo que de todos los moscardones que llegaban por allí de vez en cuando, con el pretexto de siempre (“que ya me he enterado de que vas a hacer perrunillas por la Virgen de Aguasantas, que ya sabes...”). A padre no le gustaba que madre le gastase bromas al tío Diego, era su tío más directo y padre se enfadaba siempre que alguien quería sacar de sus casillas a otros, con risas (que lo conseguía siempre). Padre todavía estaba bien, aunque la rabaílla le daba problemas y tenía que fajarse por eso o por alguna hernia, no lo sé. Madre nunca se quejaba. Eso es, aunque las llamas del horno le pusiesen la cara ardiendo y se quemara literalmente los brazos para entrar y sacar las bandejas con las perrunillas, aunque aprovechara el día de las perrunillas para hacer jabón, aunque tuviera que lavarse catorce veces las manos para despachar la leche con la ayuda de la Toribia que fregaba el suelo con agua caliente para que se fuera pronto la pringue del jabón que se había vertido, aunque hubiera de atender a los garbanzos, aunque tuviera que espantar a la gata y a los moscardones, aunque por allí estuviéramos rondado a ver qué sacábamos Francisco, la niña y yo. Así era madre: nunca se quejaba.


(Publicado en la revista oficial que la Hermandad de la Virgen de Aguasantas, que preside Antonio Trigo Lorido, dedica a las fiestas de la Virgen del año 2011)

martes, 30 de agosto de 2011

Cuando la bolsa es la vida




No me acuerdo de aquel día y no tengo a quién preguntarle. Vaya, que no sé si nací con bolso o bolsa bajo el brazo, porque cada vez que me miro al espejo o en el interior de mi mismo, me veo con una bolsa en la mano, siempre llena de las cosas más peregrinas, las más de las veces basura. Pero a veces llevo patatas, cajas de leche, hueveros o hueveras llenas o vacías, zapatillas de deporte, el calendario zaragozano, frutas variadas, libros... Y es que sale uno a la calle y lo primero que hace es atentarse el bolsillo de atrás del pantalón, donde va la bolsa cuidadosamente doblada, por si cae a mano entrar en el Eroski, el Mercadona, El Corte Inglés o la frutería de Emilio, aunque Genoveva o Emilio siempre te dan bolsa y además te regalan el perejil sin poner mala cara. Y es que nuestra vida ya no se entiende sin la bolsa a mano. Lo que siempre me he preguntado, en esto de las bolsas, es por qué los pacenses somos tan guarros que las jondeamos en cualquier lugar, sin pensar en el medio ambiente. No hay más que ver cómo está la vegetación que malvive en la autovía asfixiada de bolsas, las que tiramos desde el coche. No hay parque en el que no se amontonen junto a las papeleras, más fuera que dentro. Aparte del chiste tonto del que se autodefine como corredor de bolsa, está el ciudadano medio cuya vida gira en torno a las bolsas: para comprar, para llevar enredos desde casa al trastero, del trastero a casa, del supermercado al frigorífico, de la despensa a la mesa, del cubo de la basura al contenedor; hasta para ir misa hay quien se las lleva. Estoy tan jartito de bolsas que si algún día alguien en la calle me amenaza : “¡La bolsa o la vida!” estoy convencido de que le diré: “¡Toma la bolsa y búscate la vida!” (Aplausos, estamos llegando a fin de agosto. ¡Ojo!: hay que retornar las maletas al altillo y forrar los libros, si es que aún los hay)
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(Publicado en la edición impresa de HOY el martes 30 de agosto de 2011)

jueves, 11 de agosto de 2011

Lo que enseña una Diputación




Ahora que se debate sobre el sentido (común) de la existencia de Diputaciones, la de Badajoz -que según su incombustible y repetido presidente es modélica, ecuánime y atiende sobre todo a los municipios más pequeños- ha enviado a sufridos y pacientes obervadores al III Foro Europeo de Administración Electrónica sobre turismo, salud electrónica y servicios de e-administración en áreas aisladas. Se han ido a la ciudad finlandesa de Vuokattiy (¡ostras, vamos a enseñarle a los finlandeses...!) Allí los técnicos pacenses han explicado el progreso obtenido en el apoyo a los municipios en asuntos de turismo. También se expusieron las últimas novedades en la implementación del planificador de rutas y mapas del Servicio de Información Geográfica de Badajoz, “suscitando -dice el comunicado oficial de Diputación- un apreciable debate (¿en castúo, en finés?) entre los asistentes”.
Ainda mais, la Diputación de Badajoz participó en julio en el Foro de Asociacionismo Municipal celebrado en Paraguay (¡ hala, diputado, haga las maletas y viaje a Paraguay, ¿para qué?). El evento se llevó a cabo bajo el lema 'La Unión de voluntades es la fuerza que transforma' (muy ocurrente, vive Dios). El objetivo era analizar y debatir sobre el asociacionismo municipal. Y hemos ido a darles clase... Y por último (por ahora), inauguramos en Badajoz un edificio con 170 funcionarios (ellos no tienen la culpa) invirtiendo casi 5 millones de euros, para el cobro de impuestos y tributos de los ayuntamientos cuando, repito, se debate si no estaría de más que cerrásemos las diputaciones y así nos ahorrábamos al menos uno de los tres escalones de la Administración. Pero, ¿cómo dábamos entonces aire a los diputados? Esto es lo que hay, a vé...

Foto: Puente Real y la Torre de CajaBadajoz, aún en construcción. Sobre estas dos moles no manda la Diputación de Badajoz, pero no es por falta de ganas.

(Publicado en la edición impresa de HOY el jueves, 11 de agosto de 2011)