lunes, 18 de febrero de 2019

¡ Que tiren ya el pirulo! Feo, innecesario, inútil...


¿Para qué queremos ahí este chisme feo? No sirve ni como lugar de citas. 

Alguien tendrá que decirlo. Tendré que echarme a las espaldas las protestas de quienes disientan. Así es la vida del opinador que, como en mi caso, se mete en jardines que no vienen a cuento. "Que la tiren ya" escribí con inconsciencia juvenil hace varias décadas en estas páginas a propósito de la vieja Casa de la Cultura de la Plaza de Minayo, que se asentó sobre lo que muchos años antes creo que fue sede del Seminario, tras dejar este su ubicación cerca de la sede de Capitanía en la calle Menacho y si no fue así que me lo corrijan, por favor. Donde estuvo la sede de la Junta Preautonómica y el primer despacho oficial de Luis Ramallo, un edificio que se iba cayendo a cachos y que disponía de un hermoso patio en el que asistí a la representación de El amor de don Perlimplin, no recuerdo con qué actores, quizá con Cristian Casares. En aquel lugar era conseje el ya fallecido pintor Paco Morán, siempre con su pipa a la boca. Depués de que lo tirasen, quedó un enorme socavón en la zona en lo que hoy es el parking. Algo pasó algo con el escacharre de un coche y ello provocó que el periodista JuanMa Cardoso escribiera su deseo de que tirasen el coche al socavón. No a cántaros, pero ha llovido mucho y lo que sigue quedando en pie es el Hospital San Sebastián. Ya no están la Casa de la Cultura, la sala de exposiciones, el hipocampo hermoso que estaba al entrar a la derecha, el despacho de Ramallo, su Gabinete de Prensa (con Miguel Ángel Carmena, González Perlado...) Lo que sí permanece en otro lugar, en la plaza de Santa Marta que bautizó el boticario ya desaparecido Germán Meleno, es el Pirulo. Lo siento, Manolo Rojas, (q.e.p.d.,el alcalde que miró el proyecto con simpatía) pero tengo que dar mi opinión: ¿Por que no tiran ya el Pirulo, tan feo como innecesario? Es fácil y no hace falta ni que lo hagan de madrugada. De día, a pleno sol, ¡al socavón junto con las raíces de los eucaliptos!

(Publicado en la edición impresa de HOY el 18 de febrero de 2019)

martes, 15 de enero de 2019

Nosotros, los maestros del 69





Las escaleras de acceso a la Escuela Normal, que tantas veces subimos entre los años 1967 y 1969. Cerca, los naranjos y los paseos de Santa Marina. (Fotos, M. LÓPEZ)


NO solo es que no hubiera pizarras electrónicas, sino que estaban pendientes de inventar. No es que no hubiera calefacción ni aire acondicionado, es que ni se sospechaba que pudieran llegar algún día a las aulas. A lo lejos se adivinaba que algún día el maestro podría salir a la pizarra y pintar la palabra dictado con tizas de colores. Hasta entonces, a lo más que aspìrábamos era a imaginar en color las cigueñas que don Isauro Luengo quería enseñarnos a pìntar, entornando los ojos y mirando a la pared como si uno fuera un oriundo de la lejanísima y comunista China.

Era el año 69, hace 50 años, y una parva de estudiantes y estudiantas, rozando los 20 años, aspirábamos a salir del ya entonces viejo edificio de la Escuela Normal en la Avenida de Santa Marina de Badajoz con el título de maestros de primera enseñanza bajo el brazo, previo reválida y paso obligatorio por los campamentos de Chipiona o Puente Zuazo. El Servicio Social en la niñas también era obligatorio y juntos y juntas formaríamos la primera promoción en la que ya no era pecado que chicos y chicas asistiéramos juntos a las clases, excepto a las de Educación Física, faltaría más.

Ahora, 50 años después, aquella promoción se ha empleado a fondo en el watshapp para volver a juntarnos y celebrar la pervivencia de las ilusiones juveniles. En ello estamos, festejando que ya hay pizarras electrónicas y calefacción en las escuelas y tizas de colores en las manos de nuestros nietos.

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 14 de enero de 2019)




lunes, 10 de diciembre de 2018

Apósitos en el Infanta



HE dado por terminada una corta estancia hospitalaria de ocho días con sus noches (¡qué insoportablemente largos son los días y las noches en un hospital!). He sido huésped del centro sanitario del consejero Vergeles en la carretera de Portugal, sin que él lo haya sabido. Varias horas de quirófano con un equipo dirigido por el cirujano Florencio Monje, que viene a ser ya algo así como mi segundo padre. Varios días de Reanimación con sus noches. En los ratos de lucidez y de búsqueda de respuestas (¿por qué yo?) he recordado mis inicios laborales, frescos aún aquellos últimos exámenes de carrera, por los años 80 y pico del siglo pasado. Mi entonces jefe de Redacción, Ruiz de Gopegui, me enviaría a curtirme en el oficio periodístico informando de un pleno de la Diputación, con Chano Pérez de Acevedo de presidente, cuando me di de bruces con la cruda realidad. Se iban a aprobar unas partidas de bastantes miles de duros (años 80, recuerdo) destinados a dotar de apósitos al Hospital Provincial San Sebastián y al Psiquiátrico de Mérida y yo me dije: Pero esto, ¿qué es lo que es? ¡Qué atrevida es la ignorancia!, admito ahora, cuando he asistido al impagable trabajo en los quirófanos y he visto la labor de enfermeras y enfermeros quitándome, limpiando y reponiendo apósitos en mi maltrecho cuerpo (reuniéndolos en uno solo a todos ellos y ellas, pongo en su nombre a mi enfermera Amelia Gragera), he comprendido el significado de aquellos puntos en el Orden del Día de las sesiones de la Diputación a los que los diputados daban el visto bueno sin pestañear y a los que yo despachaba con par de frías líneas de texto en las páginas de HOY. Gracias, hoy, a quienes aún sin el suficiente reconocimiento social, desde pinches y pinchas hasta responsables máximos de los quirófanos, hacen posible esta sanidad que tenemos y que merece mi emocionado agradecimiento. ¡Más apósitos!

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 10 de diciembre de 2018)



lunes, 5 de noviembre de 2018

Camalote creciendo patrás






No sé si fue una corazonada, pero cuando vi que el estropajo azul (bueno, la esponja, es casi lo mismo) que uso en la ducha se había vuelto verde empecé a sospechar que alguien había metido la mano en mis pertenencias. Pero al agarrar la esponja y echarle un poco de gel comprobé que sí, que era verde y que parece que crecía como si estuvieran naciéndole hilillos que poco a poco se iban estirando y se me engarzaban en la mano y pasaban al brazo. Luego sentí un cosquilleo en los pies y vi que parecía que del desague salían más hilillos verdes, como los que se habían apoderado ya de mis brazos. Recordé que había leído a Allan Poe este verano y empecé a desear que todo fuera mi imaginación, que me estaba jugando una mala pasada. ¿Y si estuviera sucediendo lo que soñé noches atrás, cuando vi que el camalote en lugar de seguir aguas abajo del Guadiana en dirección al azud y enfilando a Alqueva se daba la vuelta atrás y empezaba a remeterse a mano contraria por el caño de la Cambota en dirección a la avenida de Santa Marina, a San Roque, a la Estación, al Cerro Gordo, a todos los sitios que desprenden las aguas sucias de todo Badajoz? Y el camalote, cual planta maléfica, empezaba a crecer patrás, a irse a buscar todas las cañerías y bajantes y a meterse en las casas, subiendo pisos, sorteando sifones, apareciendo en los desagues de las lavadoras, en los de las cocinas, por los bajantes de las aguas de lluvia, entrando a los baños y hasta saliendo por los grifos de los que tomamos el agua para beber, para cocinar, para hacer los biberones, para elaborar los cubitos de hielo... Aterrado empecé a mirar las calles que vierten sus aguas al rio, por si la planta invasora hubiera decidido poner a prueba también las aceras, salir de los imbornales, visitarnos en nuestras casas riéndose de todos nosotros, de la Confederación del Guadiana, de la Delegación del Gobierno, de la Diputación, del Ayuntamiento... No, no fue un sueño, el camalote y el nenúfar aún estaban allí. 

(Publicado en la edición impresa de HOY el 5 de noviembre de 2018)

domingo, 21 de octubre de 2018

Que no se moje la leña



Admito ahora la visión de futuro que tuvo el entonces alcalde de Badajoz, Gabriel Montesinos, cuando al ser preguntado por el uso que se iba a dar a la Plaza de Conquistadores dijo una frase que servidor agarró como muletilla para todo. Dijo que aquella plaza no era más que “un lejío de chinatos”. Se demostró al final que iba a ser acertado dar los pasos a favor de la instalación en la plaza de El Cortes Inglés, eliminando los chinatos, aunque sus rivales políticos de entonces encabezaron manifestaciones con las pancartas de “yo también (¿o no?) quiero la plaza”. Durante unos años, hasta que vino don Isidoro a inaugurar El Corte Inglés con Rodríguez Ibarra, aquello siguió siendo un lejío de chinatos. Hoy ya no lo es aunque a veces, cuando se ven las sucesivas chapuzas que se hacen sobre la plaza con las baldosas, como con la calle Menacho, uno se pregunta si en efecto aquello sigue siendo un lejío, aunque ya no haya chinatos. Fue la del “lejío de los chinatos” de Gabriel Montesinos, una frase feliz que pasará a la pequeña historia periodística de Badajoz, como lo va a ser la que se ha sacado de la manga Juan López Lago, reportero dicharachero de este periódico, que hace días se refería al cuidado que hay que tener de que no se moje la leña, lo que sin duda entendemos los que somos de pueblo y los que tienen una parcelina, con una casina, en la que hacen una candelina para asar la chacina y calentar la cocina (y ya está bien, no hay más ina). Porque no es solo tener el campito para echar un rato los fines de semana sino que hay que cuidar de los cientos de cosas que implica, como vigilar que cuando se ponga a llover no le dé el agua a la leña o el chalé se llenará de humo al primer cerillazo. O esa nueva preocupación de los dueños de estos lugares con la instalación de los contadores inteligentes, que las eléctricas han implantado y que cortan la luz a todo vecino que se pase en el consumo de las potencias contratadas. Las eléctricas van a lo suyo, a vé…

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 19 de octubre de 2018)


martes, 3 de julio de 2018

El Guadiana como excusa







Más de 7 kilómetros de caminos a lo largo del Guadiana permiten gozar del paseo en la margen izquierda del rio 


Pongamos que podremos escribirle y hablarle a Badajoz con el Guadiana como excusa. Como si no fuera necesario recurrir a otros argumentos, a otros motivos, a otras palabras. Es el Guadiana y no hay nada más que hurgar en el recuerdo ni en las vivencias de los pacenses. El Guadiana, ese rio que nos lleva, que nos ha acompañado siempre, a veces traicionero (¿quién no ha oido hablar de las pozas del rio?, las que tantas vidas se han llevado), ocasionalmente furioso, hoy enfermo por esa planta que lo invade, alegre con las ferias por las luces y el estallido de miles de cohetes que acabarán ahogándose en sus aguas, al caer tras haber vivido una engañosa subida hacia el cielo.
Ese rio que ha inspirado a los poetas, como los tres extremeños que presiden los accesos en la obra artística de Martínez Giraldo, quien dio forma a sus cuerpos para depositarlos allí se supone que por los años de los años. Según destaca "trianarts.com", Manuel Pacheco detalló que "mi rio tiene nombre de mujer y se llama Guadiana"; a su lado Luis Alvarez Lencero confesaba que "sólo tengo un corazón tan grande como el Guadiana". Y Jesús Delgado Valhondo, que nació en Mérida y murió en Badajoz, ambas ciudades tan vinculadas al Guadiana, dejó escrito su homenaje a "el Guadiana, con falda siempre llena de cielos".


Las barcas de Vera, las sardinas de Cadenas...
Las márgenes del río, tan solicitadas en otros tiempos (las barcas de Vera, la sardinas que hacía Cadenas, vaya recuerdos...), tan revisitadas por quienes nos hemos moceado en sus inmediaciones, reciben ahora por suerte el reconocimiento de unos poderes públicos que sin embargo parece que están faltos de diligencia a la hora de erradicar la planta invasora que nos está matando el rio, en una lenta agonía a la que quisiéramos ponerle fin con unas aguas limpias y cristalinas, que permitan el baño, la navegación y , sobre todo, la vida animal de cuantos peces deberían habitar en el fondo y de cuantas aves sobrevuelan el cauce.
Al menos, y en ello quiero centrarme, se han dignificado las márgenes y los poderes públicos, organismos e instituciones con responsabilidad en nuestro rio, han echado el resto para ofrecernos a los pacenses unos paseos agradables y cuidados, aunque haya gamberros incívicos que se empecinan en destrozar lo que es de todos, sin obtener ningún beneficio. Contra esto debemos luchar y bueno sería que se mostrasen en lugares bien visibles los teléfonos a los que debemos llamar para denunciar cualquier atropello que se cometa con el patrimonio de todos.
La obra de la margen izquierda se completó con cierto retraso sobre los calendarios previstos, pero ha merecido la pena esperar. Más de 17.000 metros cuadrados de césped, 10.000 metros cuadrados de superficie arbustiva, casi mil árboles de especies variadas, entre ellas el roble australiano, la morera sin fruto, el cedro, el almez, el falso plátano, más de 50.000 arbustos, entre ellos olivilla, lantana, mirto, romero, hiedra y otras variedades ya aclimatadas en Badajoz y arraigadas en los arroyos cercanos de la ciudad, el Rivillas y el Calamón. Según publicó en su día el diario HOY, con estas actuaciones Acuaes, la entidad responsable de la salvación del rio o al menos de su regeneración, logra habilitar un recorrido ajardinado y a orillas del Guadiana de más de cinco kilómetros desde las inmediaciones de Carrefour hasta el Puente Real, al que dan continuidad otros 2,5 kilómetros hasta el azud. Y no solo ha sido el ajardinamiento, sino que además al paseo de la margen izquierda se le ha dotado de senderos peatonales a lo largo de todo el trazado, con hitos señalizadores de distancias para orientación de los aficionados a caminar, quienes pueden ser vistos prácticamente a lo largo de todas las horas del día haciendo sus rutas, algo que en verano ya no será tan frecuente debido a las altas temperaturas.
Como colofón, cabe destacar que cientos de escolares han acudido en los días de fin de curso a disfrutar de estos lugares y a vivir algo tan importante como es el contacto con la Naturaleza en nuestro rio. Ojalá prenda en ellos la semilla del amor a la Naturaleza y se aficionen no solo a disfrutarlo sino, sobre todo, a defenderlo y cuidarlo, porque por encima de todo hay que salvar el rio.

(Publicado en la revista oficial de ferias del Ayuntamiento de Badajoz, junio 2018)

sábado, 9 de junio de 2018

Yo solo pasaba por aquí



Me tengo dicho que desde la llegada del móvil empezó la degeneración de esta civilización. Yo vi a mi nieto Juan deslizar los dedos sobre la superficie de una foto como quien hoy hace lo mismo sobre una tablet o la pantalla de un Ipad. ¡Si hasta Mariano, sí, ese, el presidente, se aferra al plasma como solución para no dar la cara y hacer como que comparece! Digo lo del móvil a mi pesar, porque hace unos días el cacharrino que llevo en el bolsillo me escribió, sin yo decir ni tuje ni muje: "Has completado los diez mil pasos de la ruta de hoy, desde La Marisma al Carrefour de Valdepasillas. Te has parado en Clideba, has entrado al baño, has ido al mostrador a pedir cita para el médico, has tomado café en el bar Astoria en Sinforiano Madroñero, has retrocedido hasta el Mercadona de la Plaza de las Américas, te has detenido cinco minutos en una librería no identificada por este servidor, has seguido hasta una tienda de azulejos, has pasado ante La Cubana 2 (no sé pá qué te has parado ahí, me dice mi móvil, si el local lleva un año cerrado...), has estado sentado o en posición similar cerca del Instituto Domingo Cáceres (que no, que no voy a matricularme, le escribo ya bastante amoscado), has pasado al lado del Banco de España, te has detenido varios minutos ante el concesionario de Peugeot, has atravesado hasta el Colegio de Médicos (ilustre, ha mandado escribir su presidente en la fachada) luego te has parado en el bar El Rocio y ha salido la china a saludarte (hola, guapo, ¿quieres un café?), te has encontrado mirando las paletas loncheadas en la tienda Castillo de Azuaga de la calle República Argentina y ya, dispuesto a estampar el telefonino contra el suelo, este te ha preguntado si vas a comprar jamón y menos mal, te ha dado la opción de contestar: "No, sólo pasaba por aquí, hoy no tocaba ver los gansos del Guadiana". Y he pulsado SÍ. Y lo he apagado antes de pedir aliviado un café en Los Valencianos. !Qué castigo, qué cruz!

(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles 16 de mayo de 2018)