lunes, 27 de marzo de 2023

Lechuza, ¿quieres aceite?


 

El astuto siseo y ulular de la lechuza por las noches me acompañó en mis insomnios infantiles. “Lechuza, ¿quieres aceite?” le preguntábamos, escondidos a las espaldas de la iglesia, porque era creencia que la lechuza habitaba en el campanario y salía sólo (con acento, por favor) de noche a cazar pájaros dormidos, que engullía con voracidad. Decíamos entonces que las lechuzas chupaban el aceite de los lampadarios, que no eran como los de ahora, cuando ya son pura tecnología y velas con luces led, para captar limosnas de los incautos feligreses. Por eso el aceite lampante ha sido visto por cuatro sinvergüenzas como una fuente de negocio, burlando los controles sanitarios y jugando con la salud humana. En fruterías y colmados de la avenida Juan Pereda Pila en Badajoz hemos podido comprar aceites como el “acebuche” por su bajo precio, de 21 a 24 euros la tarra de 5 litros. Hasta que Sanidad lo ha retirado. La pregunta es por qué no se ha actuado con más diligencia y no se ha trincado ya a los terroristas del aceite. ¿Están esperando como con la colza? Mientras, los pájaros han volado de noche, como la lechuza. Seguiremos otro lunes, a vé…


Publicado en HOY el lunes 27 de marzo de 2023


lunes, 20 de marzo de 2023

Si la gata se pone de parto en mi casa...

El Ayuntamiento de Badajoz se puso bravucón una vez (¡) y denunció y multó con 40.000 duros o más a una entidad cultural autonómica, cuya sede central estaba y está (como casi todo) en Mérida. Aquellas 200.000 pesetas de aquellos años eran la respuesta municipal a la Consejería que sembró de octavillas la calle del Obispo en Badajoz, a la que se condenaba además a recoger los papeles, dos semanas después de haberse producido los hechos. Nunca más se supo. Las octavillas se las llevó el viento y a un superviviente de aquella época se lo recuerdo y me sacude y me dice, “anda, chacho, mira, tienes una cagadita en la chaquetina, échate pallá” (Esto es, que te calles y mires para otro lado). Pero yo insisto: “Luis, dime si se pagó aquella multa”. (Me mira por encima de las gafas tras fruncir su entrecejo propio). Por eso y no por otra cosa me viene a la mente lo que dice en la eternamente inacabada plaza del Pirulo el frutero Emilio Gamito, de Villafranco, hijo del Emilio Gamito de Santa Marta de los Barros. Él se referirá a los que procuran nadar y guardar la ropa. Dice: “Si la gata pare en mi casa, los gatinos son mios”.

Ya, si eso, otro lunes hablamos de los gatinos, ¡miau!, a vé…


(Publicado en la edición impresa de HOY el 20 de marzo de 2023)

viernes, 17 de marzo de 2023

Mijina de tomate para hacer de comer

Del Gobierno ya hablaron Tip y Coll en Badajoz, en unos carnavales hace años. Ahora lo más próximo a hoy lunes son los mercadillos de domingo  y martes cerca de El Nevero y el Puente Real (¡a un leuro, a dos, a tres leuros!), en los que se vendía antes de casi todo, aunque las verduras escasean y las telas, pasado el carnaval, se han  caído. Ahora, un kilo de tomate se acerca peligrosamente a los tres euros (“niño -dice en un puesto un ama de casa-, ponme unos tomatinos pá hacer de comer”). Las distribuidoras de alimentación nos están sacando los higadillos. “¿Qué hacemos?” le pregunto al concejal de Consumo en Badajoz, si lo hay. Porque ya no es solo el galopante disparo de los precios, es también la cara de tonto que se nos pone cuando vemos que el precio del aceite se ha subido al séptimo cielo y que nos están timando (¿y también envenenando como con la colza?) con esa mezcla que nos quieren dar como si fuera aceite y es un zarrapastroso brebaje incomible y peligroso, cual aceite de ricino, que había que hacerles beber a los que quieren forrarse a nuestra costa. (Ahora nos dirán que se van a tomar medidas y se les va a sancionar y hablarán de miles de euros en multas).

Ya, si eso, la semana que viene hablamos de las multas y de los infelices que las pagan, que me da a mi que las multas son trompetería celestial. . A vé…


Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 13 de marzo de 2023


martes, 7 de marzo de 2023

Un ratito a pie y otro caminando

 Cuando Manolo García levantó  la vista del libro que firmaba en la Feria del Libro de Badajoz (aquel año en la Plaza de Minayo) supe que me había conquistado como hizo con Laura, la gerente de la frutería Golden que regenta con Lorenzo en Fernando Calzadilla. Y me dijo “que ya no me paro ni un momento, antes de que se nos lleve el viento”. Yo iba a acompañado de mi añorado compañero Manolo García Carmona, que se nos murió en maldita sea la hora. Y ante el también periodista JuanMa Cardoso, le dije al cantante y poeta y pintor “¡mira, otro Manolo García!”. Puso cara de no enterarse el ex de ‘El Último de la fila’, pero se arrancó: “préstame esta noche tu maleta de los sueños”. (Por allí se desenvolvía también, sinuoso -permítanme el adjetivo- Boris Izaguirre) A mi lo de la maleta me recordó a viajes, a carreteras, ¡a trenes! Ya está, otra vez la misma copla del tren (sí, presidente Vara, ya me sé la canción de los 1.700 millones invertidos), y me explotó el titular que escribió el jueves pasado el periodista Juan Soriano, “los grandes trenes de mercancías no caben en dos de las tres terminales de la región que están en obras”…Lo que dice el cantante, “iremos a San Fernando un ratito a pie y otro caminando”. Y ya, si eso, del Gobierno hablaremos el lunes que viene. A vé…


Publicado en la edición impresa de HOY el 6 de marzo de 2023


martes, 28 de febrero de 2023

Chaquetina tras Morales

Cuando me puse a hacer la calle y pasé a ser un reportero dicharachero me compré una chaquetina jaspeá que cumplió trienios. Y jaleé mucho la chaqueta del poeta universal Manolo Pacheco. Hoy, que sólo uso chaqueta en las bodas, me gusta la del venerable Santiago Corchete. Un día me agradó el chaleco negro de domador de Ángel Cristo , sobre un elefante calle del Obispo abajo huyendo del ayuntamiento con su Circo en la feria de Badajoz, sin  Bárbara Rey. Lucía chaqueta azul el gobernador civil Luis Julve, quien creyó leerme la cartilla en su despacho (también es guapa la entallada del delegado del Gobierno, Francisco Mendoza). Como la de cuero con que fardaba El Jerezano en el campo de San Juan. O el terno que se gastaban Reyes Honorio y Andrés Toscano (verde botella y granate pasión) tras la barra de Sailor’s, antes de pasarnos a lo fregao. Hoy las chaquetas son de quita y pon (ejemplo, la verde con abalorios de Ramón Tamames), basta mirar tras la estatua del Divino Morales, con su blusón, en San Juan. Hay allí un arsenal de chaquetas cambiadas. Oiga, ¿y lo del tren? Ya, si eso, mejor otro lunes. A vé…

(Publicado  en la edición impresa de HOY el lunes 27 de febrero de 2023)

viernes, 16 de diciembre de 2022

El legío de la Biblioteca






Iba yo con mi bolsa y mis (sus) tres libros a la Biblioteca, seguro de que la funcionaria de turno no iba a soltarme esa frase tan manida ya de “¿bolsita, caballero?”, que la escucho en todas partes, que ya me cruzo con mi señora en el pasillo de casa y me dice ”¿bolsita?”… A lo que iba, que estaba llegando al noble edificio cuando me topé (topar, eso se dice mucho ahora) de frente con el lejío de la biblioteca lleno de cacharritos, los coches chocantes de Naranjo. Este año no han encontrado sitio en la plaza de El Corte Inglés, el antiguo lejío de los chinatos. Y en el entorno de la Biblioteca, que quedó perfectamente asfaltado, había aún un hueco junto a las pistas polideportivas y allí que ha caido este espacio para los cacharritos, rodeado de chinatos y de charcos de agua, menos mal, ¡agua virgen de Bótoa! Pues a lo que iba, que cambié los libros por otros y caí en la cuenta de que nadie me reclamó nada por la bolsa, y pensando, pensando, me vino a la mente la leyenda del contrabandista de bicicletas, que pasaba todos los días a Portugal y de allí vuelta a España sin que los civiles ni los guardiñas le dijeran nada hasta que cayeron en la cuenta de que el truco del almendruco estaba en la bicicleta. Y yo, mísero de mi, sin darme cuenta del negocio al que me estaba prestando con las compras en el supermercado Día, donde no contentos con poner las bolsas a 17 a los pocos días las han subido a 19 céntimos de euro, casi 120 reales de los de los tiempos de la oprobiosa. De modo que cada vez que voy a salir a la calle, aunque solo vaya a darle los buenos días a Emilio el frutero, me palpo las faltriqueras y me aseguro de llevar una bolsa que esté de buen ver, por si cae alguna compra. Que a mi no me soplan más por las bolsas y si puedo lo evito. Señor, que a fuerza de evitar los chinatos y los charcos, no sabe uno ni qué bolsa coger al salir de casa (de segunda mano, las tengo verdes, blancas, horteras como la furgoneta de los mejillones Jarry, azul claro, azul oscuro, del Día, de El Inglés (¡) y hasta guardada como oro en paño una de La Alianza) a enfrentarse a los precios, uf, los precios. Y eso no hay Gobierno que lo pare. ¡Qué cruz!


(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 16 de diciembre de 2022, página 11)

                                                                                

jueves, 1 de diciembre de 2022

Papá, ven en barco por el Guadiana


La del alba sería (Cervantes, lo admito) cuando entré, armado de valor, hasta el supermercado. La cajera me miró desde la honda lontananza y no me dijo “buenos días” sino algo más prosaico: “¿Ponemos bolsita, caballero?” (Sí, pensé yo, a 17 céntimos en el Día y a 15 en El Corte Inglés, qué te parece). Pasé el arco voltaico (cómo me acuerdo de mis colegas columnistas ilustrados que a todo le sacan punta,  Plácido Ramírez Carrillo, el galeno Agapito Gómez Villa, el funcionario proactivo Diego Algaba, el ex jefe de bomberos Fernando Bermejo) y aquello -el arco, digo- empezó a pitar como el tren de Chamizo (el tren, esa es otra, queridos canallas) y yo sin poder ponerle remedio al pitido constante pensé de inmediato en el nenúfar del Guadiana y supuse que si algún día perforan y encajonan el maltrecho rio y lo hacen navegable hasta Sanlúcar de Barrameda, ya desde el primer momento saldrá con retraso. O no arrancará, que no sabemos si los maquinistas de los barcos serán tan “eficaces” como los de la Renfe (no es “Renfe” sino “ten fe”, debería decir su publicidad). Y en ello estaba cuando se me fueron las ideas hasta la aventura de ese padre que se gana la vida fuera de nuestras fronteras y quiere volver a casa en tren, como el turrón, a celebrar el natalicio y esas cosas. La cajera, a todo esto, pensaría al mirarme que a dónde irá el viejo este, sin jeíto, arrastrando los pies con esas zapatillas  y esa gorra portuguesa, vaya  pinta el hombre. Y yo, que intuí su pensamiento, me miré y me acomplejé y hasta (para, por, según, etc) me compadecí de mi mismo porque miré los muros de la patria mia y, zas, se me vinieron cuerpo a tierra los palos del sombrajo, que es eso que se cae siempre cuando para el dolor propio (menuda piltrafa de redacción me está brotando) no hay alternativa humana y menos de la otra. Y en la alternativa humana inexistente sigo preguntándome hasta qué altura habrá subido hoy el precio de la leche, la semidesnatada, que es la mia. Porque espero que un día baje, menudo optimista estoy hecho. Menos mal que la leche me la venden en su propia caja, que va incluida en el precio y no me cobran los 17 céntimos de la bolsa… Anda, agila palante y sube al barco, que nos vamos al Guadiana y no hay más turrón (aunque siempre nos quedará Castuera).

Publicado en la edición impresa de HOY el 26 de noviembre de 2022)