viernes, 4 de julio de 2014

Como un pueblo sin su plaza







La Plaza de España de Salvaleón, desmantelada de su empedrado portugués. Las máquinas han invadido el lugar de nuestros paseos y nuestros sueños, nuestra infancia y juventud.


Lo que nos va quedando es sólo el recuerdo. Nuestros juegos en la plaza del pueblo, en este caso de Salvaleón. Ahí estaba el moral, ahí estaba el algarrobo, ahí se sentaban los viejos que hicieron historia en nuestras vidas, ahí vivimos nuestros primeros amores, ahí nos moceábamos. Ahí jugábamos al marro y a medias y enteras, ahí dormían junto a sus cargas los vendedores de melones de La Torre, ahí exponían su mercancía los alfareros de Salvatierra, ahí bailábamos en verano con Los Velasco, con Ramonito y Burrino y Blasito, con Los Sonics de Barcarrota. Ahí, en una plaza desnivelada, se invirtieron millones para que artesanos portugueses hicieran un hermoso mosaico de piedras con las que bordaron el escudo del pueblo… Miles y miles de euros sobre los que se ha echado capas de cemento que se iba a pulir. Pero los técnicos no han acertado y han optado por lo más vil, por descuajar las miles de piedrecitas y arrasar la plaza de un pueblo que se queda sin su plaza. En la mañana del martes primero de julio alguna mujer ha ido indignada a pedir explicaciones al alcalde, que ha dicho que el daño lo va a reparar la empresa, que no costará un euro al pueblo. Nos quedamos sin el mosaico portugués. Nos quedamos con la plaza descuajada como una encina vieja y ya se bromea diciendo que ahí se va a hacer un verjel. Nos quedamos sin Centro de Salud, sin Instituto, con un cura ambulante, con un médico ambulante, con un ATS, sin guardia civil, con un sólo policía local, sin el moral, sin el algarrobo. Eso sí, tenemos las excavadoras metidas en la plaza. Ya ni sitio tenemos para despedir a nuestros muertos a la puerta de la iglesia.
Pero tranquilos, porrrineros, ha dicho el alcalde que eso lo va a costear la empresa que ha destrozado nuestra plaza. Y lo ha hecho en las propias narices del alcalde y de toda la Corporación que este pueblo ha votado.

(Publicado en la edición impresa de HOY el martes 1 de julio de 2014)

Corcheas y semicorcheas


Mis recuerdos de infancia y pasmosa juventud van ligados a mis aficiones musicales, a mi querer y no poder ser un musiquillo aficionado que hacia lo que podía con la clave de Sol y el método Eslava. Mis primeros contactos con la Banda Municipal de Música  de Badajoz, cuando el concejal responsable de la Banda era el maestro Antonio Regalado, datan de una visita a lo que por entonces era lugar de ensayo y no sé si lo seguirá siendo en la calle Las Peñas (ahora Eugenio Hermoso), con varias sillas mal puestas que servían para sentar las posaderas de los señores músicos. In illo témpore yo había conocido en Pipo’s, aquel lugar de perdición, las habilidades trompeteras de El Maceta, un buen músico y gran persona, cuando pululaba por el local gestionándolo el desaparecido Gerardo Barredo., que se jugaba el tipo cada noche con los que se negaban a pagar las copas de “ las chicas”. Allí cantaba desgarrado el “me quemaste, me quemaste, como un muñeco de falla” un joven y entusiasta Ángel de España que hacía las delicias de la concurrencia a eso de las cinco de la madrugada, cargado el local de humo y de colonia barata y quizás hasta alguna vendedora de claveles. Ya iba yo por la vida con ciertos saberes de las corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas, garrapateas, etc, por lo que esto de que ahora se hayan filtrado preguntas de los exámenes para elegir nuevos componentes de la Banda Municipal me llena de disgusto, porque viene a ser como si alguien se hubiera tomado tan seria oposición como el pito del sereno.
  Y es que está visto que ni las corcheas son ya ajenas a la pillería humana. No sé yo si será mi colega periodista Paloma Morcillo la concejala-delegada de las corcheas, que para eso y para todas las cosas de la Cultura se la llevó ahí Migué Celdrán, que me imagino se encogerá de hombros y dirá aquello de a mi que “me dejen de musicas” o que se vayan con la música a otra parte. A vé…

(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 16 de junio de 2014)

sábado, 31 de mayo de 2014

Filosofía de mercadillo









(No se ve muy allá, pero ahí está la pintada en el suelo del mercadillo de los martes. Filosofía pura)


Siempre se aprende algo, todos los días. Y al hilo de ello confieso que soy un ferviente seguidor del mercadillo de los martes y persisto en el empeño de visitarlo (en plan chandalista, claro, arreglado pero informal) porque me encanta situarme ante los puestos y escuchar las conversaciones, ver a desoficiados y desoficiadas como yo vagando entre los puestos, compartir la sonrisa socarrona del currante Emilio Gamito y su clan (su hermana Isabel Gamito, su hijo Javi Gamito y compañeros mártires), a los que invariablemente pregunto si tienen garrapatos, que al final compro en otro sitio porque el jodido de él casi nunca los tiene. Pues en el mercadillo de los martes, por una de las calles, apareció hace ya más de un año una simpática pintada que aún persiste allí y ha aguantado el paso del tiempo y, como dirían los latinos, el peso del día y el calor (esta mañana me encontré en la plaza de Minayo a mi profesor de Latin/Literatura don José Huertas y seguro que él recordará de sobra la traducción del “pondus diei et aestus”, el peso del día y del calor). Pues allí en el mercadillo resiste la pintada ese pondus etc: “Que nos separe la ropa y no lo haga el tiempo”. Algo misterioso que quizá se refiera a trifulcas entre familias de vendedores separadas, porque no se explica de lo contrario esa alusión a la ropa separadora, porque la ropa más que separar tapa o esconde y abriga a los ojos de los demás. Camino del mercadillo me encuentro los martes al afanoso Francisco Centeno, doctor en biología molecular y PSOEconfeso por lo que puedo leer en su Twiter, ex alumno mio en los años de nuestra Escuela Virgen de Guadalupe. Y muy cerca de él veo también a Ricardo Cabezas, ese entusiasta cooperante, alma de la margen derecha del Guadiana y de los movimientos que tengan que ver con la lucha contra la marginalidad, de la que tanto sabemos. Pero en el meollo del mercadillo descubrí el pasado martes a eso de las 9:22 de la mañana a varios (y varios es más de dos y más de tres) niños de algo menos de 5 años, regateándole a pelotas de trapo entre los puestos de venta de ropa de sus padres o sus madres. Como también vi a dos polis locales recogidos en el coche oficial cuando ya me iba con los garrrapatos, imagino que los susodichos al empezar su ronda saldrían del coche y mandarían a los niños al colegio. Porque la labor de la Policía no es solo denunciar y poner orden, es también esa. Vamos, esa es al menos mi filosofía del mercadillo de esta vida. A vé.

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 30 de mayo de 2014)

jueves, 15 de mayo de 2014

Epidemia de jaras, de Jara





Tengo que pedirle perdón al poeta y periodista extremeño José María Bermejo por haberle robado  parte del título de su libro Epidemia de nieve con el que ganó el Premio Adonais de poesía. Hablaba él de su Tornavacas natal, sobre el que describía que se había depositado una epidemia de nieve. Hablo yo ahora de la epidemia de flores de jara que ha inundado Monsalud, La Jara, los hermosos campos que se atraviesan entre Salvaleón y Nogales. Las cunetas de El Regío, escenario de episodios poco agradables de los años 30, hoy felizmente superados. Y tengo que pedirle permiso también al cantautor extremeño Luis Pastor que  pide  en sus poemas “tráeme paisajes de encina en tus ojos, tráeme simiente de vida en tus brazos”. Esta explosión de flores de jara, este espectáculo único de nuestra naturaleza, casi acaba de morir hogaño. Porque la de la jara es flor de un día, flor que muere, pero que también alienta a las laboriosas abejas que liban su néctar para endulzarnos la vida con la miel de jara. En estos tiempos de tanta maldad urbana (¿no es eso lo que estamos padeciendo?) es un gozo pasar por estas carreteras, por estos parajes en los que la jara es casi único signo de vida, sentir la tentación de abandonar la marcha para sentarse a contemplar el enconado trabajo de las abejas, el devenir del nacimiento y muerte diarios de la flor. Alguna de las cercanas golondrinas, el reventar de la primavera que se nos está casi yendo de las manos atosigada por el sofocante calor del verano que se acerca. Estas flores de jara han sido y son aún el puente que nos une con la vida. En estos tiempos en que en los campos no hay casi ni pájaros y las casas están cercadas de palomas, al menos tendremos las amapolas y las espigas para recordarnos que antes estuvieron con nosotros las flores de jaras.

(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles14 de mayo de 2014)

viernes, 2 de mayo de 2014

Mayores en la Universidad de Extremadura




(En la foto superior, de izquierda a derecha, Luis Ruiz, Luis Cintas y Luis Chávez, los tres luises. Debajo, Juan González Carmona, Valentín Sánchez Cerrato y un servidor. Los seis, alumnos de la Universidad de los Mayores, de excursión gastronómico-cultural en Borba y Estremoz el pasado invierno. Y para practicar algo de nuestras clases de portugués).

Cuando en las pasadas tardes del jodido invierno el cuerpo pedía quedarse en casa o en estas de la insultante primavera más apetece pasear (para desintoxicar, para acompañar a los nietos en el aprendizaje de los paseos, para quemar el jodido azúcar, para curiosear en los mercadillos o husmear en la bibliotecas) sigue habiendo un grupo de más de mil personas (que ya es grupo, ya y cuando se enteren algunos partidos políticos nos abordarán para pedirnos su voto o tratar de manosearnos) que en Badajoz, Cáceres, Plasencia, Mérida, Don Benito/Villanueva o Zafra acudimos a las clases de la Universidad de Mayores bajo el manto protector de la Universidad de Extremadura. Entre los alumnos hay muchos que solo conocen de la Universidad el nombre, que no han tenido la oportunidad de estudiar más allá de las cuatro reglas ni de acceder a una educación que pase de la elemental, que en muchas ocasiones es bastante más educación que la de quienes ostentan títulos de categoría aparentemente superior. Acudimos para seguir aprendiendo, junto a jóvenes alumnos (como los de la Facultad de Educación en Badajoz) que nos miran como bichos raros. Porque aparte de algunas clases ininteligibles que nos ofrecen hablando de los RCV (sí, lector, los riesgos cardiovasculares), estamos conociendo, ya con más de ¡sesenta y pico de años! tanto de las ideas de Marx o Descartes con Faustino Lobato como de las teorías de la psicología y las relaciones interpersonales con Isabel Cuadrado, de la Literatura extremeña con Enrique García Fuentes, de los avatares de la Historia y la Geografía con Inés Rodríguez y Encarna Masot, de los entresijos de la lengua de la Reina Madre (bueno, es un decir, con respeto, que se me entienda bien) con Manolo Becerro, de la Química aplicada a la sociedad actual con Lorenzo Calvo, de la grandeza del cine con Emilio Vàzquez, de la cultura del Renacimiento con ese caballero profesor que es Francisco Pedraja.

El papel que está prestando a la sociedad extremeña la Universidad de los Mayores es impagable y la sociedad ya lo reconoció dándole la Medalla de Extremadcura. Ahora somos los alumnos de esta Universidad los que estamos en deuda con la sociedad extremeña  por darnos esta segunda oportunidad que, para muchos, es la primera. Los becarios y el personal de la Secretaría y los responsables del programa Miguel Caballero y Florentino Blázquez bien merecen el aplauso que no les regateamos.

(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 2 de mayo de 2014)

lunes, 21 de abril de 2014

Pedrada en ojo de boticario







(Algunas medicinas sirven para ser lanzadas como arma arrojadiza por parte de los gobernantes contra las multinacionales de la farmacia. Eso sí, jugando con los enfermos. Ahora te doy estas pastillas, ahora te las cambio...)

No sabía yo por qué se decía eso de pedrada en ojo de boticario hasta que he ido a mi farmacia habitual y me han dicho que nones, que de mis viejas medicinas el SES del experto consejero señor Carrón ha decidido que naranjas de la China comunista y ahora me toca cambiarme las pastillas. De nada habrá servido la opinión de  mi abnegado médico Emilio Salguero. Porque nadie le ha preguntado. Algún burócrata de la Consejería ha decidido que el Bisoprolol y el Telmisartan y el Ganfort son mejor que los que me tomaba antes y ahora he de olvidarme de convivir con el Emcorcor, el Micardis, el Lumigan (ya saben, estos son mis males y mis remedios)… una leche auténtica. Me acuerdo de los tiempos del siglo pasado en que  yo no usaba tantas pastillas y un inexperto consejero de Sanidad llamado Rodríguez Ibarra (que sí, que lo fue aunque casi nadie se acuerde ya) asumía con humildad su ignorancia en el tema, frente a lo listo que es el consejero actual, seguramente un digno maestro pero me temo que un más que profano administrador sanitario.
  Y eso que no puedo dejar de reconocer que aún sin haberlo solicitado cada dos por tres me reembolsan cinco o seis eurillos de la demasía que estoy pagando, que no es tal demasía porque hasta hace poco yo no pagaba un duro por los medicamentos hasta que llegó mi hora, como en la pelí del salvaje Oeste y me vi obligado a aflojar la yesca con las medicinas. Que sí, que puedo pagarlas, pero que así ha ido empezando todo. Así que mis boticarios favoritos Pepe Pintor Amador y Jorge García Doncel ven mis lágrimas ahora al acudir a la farmacia y no ya por tener que pagar, sino porque me han cambiado las medicinas en un intento de presionar a la industria farmacéutica, poniéndome a mi y a todos los pensionistas como escudos, para que la sanidad vaya bien… Y aquí estoy sin saber muy bien si me están curando o me están salvando o están experimentando conmigo (vamos, como con todos ustedes). Señor, qué desbarajuste, a vé…

(Publicado en la edición en papel de HOY el lunes 21 de abril de 2014)

miércoles, 2 de abril de 2014

Yo denuncio al concejal, a la Policía, a mi mismo


   (El vagabundo de F. Calzadilla, liándose un cigarro a base de colillas recogidas en la calle. Al fondo, su equipaje a las puertas de lo que fue una oficina de Caja Extremadura, el lugar que usa para dormir y lo hace a cualquier hora del día, cuando la cerveza surte efecto. Foto: M. L.)


Hace unos años se nos murió un alemán que más que gritar, graznaba cerca de la estación de Autobuses. Nadie le entendía y no sé qué fue de él en sus últimos días. Y ahora, un día de estos, se nos van a morir un par de vagabundos que pululan por las avenidas Fernando Calzadilla y Saavedra Palmeiro (¡qué ironía, las llamamos avenida y sólo son un cacho de calle!). El que ha tomado por sede un portal de algún comercio abandonado, en Saavedra Palmeiro, con sus mantas perfectamente dobladas y sus enseres en un carrito de Carrefour, parece un poco más cívico por el trato a los paseantes. Igual de desgraciado es el de Fernando Calzadilla, aunque este pasado lunes golpeó con su litrona el paraguas de una mujer que se acercaba a hacer la compra al Eroski. Entre risotadas, ajeno al respeto, este mostrenco acostumbra a acosar al personal que pasa por Calzadilla, especialmente a las mujeres. Ahí ha depositado su humanidad enorme y sus reales. Se ha llamado a la Policía local, han acudido, se lo han llevado a la Unidad de Psiquiatría del Infanta tras rescatarlo de los techos de varios coches y a la media hora ha reaparecido gritando, salvaje. Lo siento. Este señor se merece que alguien se ocupe de él. Y por eso yo denuncio desde aquí al concejal de Seguridad Ciudadana (¿lo hay, no?), al Jefe de la Policía Local y a los municipales que pasan a diario buscando coches aparcados en doble fila y no se percatan de los ciudadanos que andan aguantando la doble fila de los que duermen en portales, a donde los hemos arrojado entre todos.Y me denuncio también a mi porque seguramente no he hecho todo lo que debía por resolver el problema de este ser humano que está bebiendo litronas desde las 8:15 de la mañana y durmiendo como si fuera un salvaje al lado de lo que en su día, ¡vaya ironías de la vida!, fue la sede de un banco bueno, hasta con su cajero automático para meter las tarjetas salvavidas de todos, menos de este ser humano. Y yo me acuso el primero (Y pronto, elecciones, ¿eh?)

(Publicado en la edición impresa de HOY el miércoles 2 de abril de 2014)