(Publicado en la edición impresa de HOY el jueves 4 de septiembre de 2014)
sábado, 6 de septiembre de 2014
La esquina ilustrada de Badajoz
Hay en
Badajoz un lugar que rezuma sabiduría popular desde que amanece. Yo lo llamo la
esquina ilustrada y está donde en su día asentó sus reales un negocio que
respondía al nombre de La Esquina
Educativa. En la Avenida de Fernando
Calzadilla, esquina con Avenida de Juan Pereda Pila, antes de
las oho de cada mañana de lunes a viernes se da cita una curiosa masa de
jubilados y jubiladas que acuden allí movidos por la pasión por la lectura y,
supongo, las escasas ganas de gastarse un duro en periódicos. Esa esquina, que
las palomas ponen hecha un asco cada madrugada y que luego a lo largo del día
es fregada por los titulares de una parafarmacia, es uno de los lugares
elegidos por los repartidores de periódicos gratuitos en Badajoz, Desde poco
antes de las 8 de la mañana, tanto en el jodido invierno como en el tórrido
verano, puede verse allí a varias docenas de jubilados que departen en animada
charla y forman las tertulias prerecepción de la carga de erudición que se supone
es llevada por los periódicos gratuitos. Esa esquina ilustrada recibe la lluvia
de la cultura periodística y no solo se registran colas esperando a los
repartidores y a Pepi (ex
trabajadora de Duven, Durán Ventura,
almacenes de mobiliario y oficinas), que se encarga de recibir de los repartidores
los folletos que los periódicos gratuitos también distribuyen entre los ávidos
y ahorrativos lectores. Son los que jamás van a pagar un euro por un periódico,
como los clientes de los bares a los que a veces no les importa esperar media
hora con tal de leer gratis el periódico, y que no dudan en gastarse uno o los
euros que sean con tal de disfrutar de la cultura gratuita. Todos ellos son los
otros lectores que no pueden incluirse en las estadísticas de lectura de periódicos.
Pero así es la vida. Por más que las palomas se empeñen en seguir cagando sobre
la letra impresa que se lleva infeliz las declaraciones de todos los astorga de turno. A vé…
domingo, 24 de agosto de 2014
El lejío es para el que se lo trabaja
Me
contaba Manolo Pérez, el veterano
locutor y ex director de RadioCadena Española en Badajoz, en aquellos buenos
tiempos en que en Sailor´s una noche si y otra también nos pasábamos “a lo
fregao”, que en su juventud (porque él también fue joven, no crean) se iba a
las murallas de Mérida a tirarle
pedruscos a los enemigos de Calamonte
al grito de guerra de “calamonteño, rabúo” (espero que no se me molesten ahora
ya por recordarlo). Porque en Mérida siempre han tenido muchas piedras, para
dar y tirar y no como en Badajoz, donde lo que abunda son los chinatos. De eso
quería yo hablar hoy otra vez porque hace unos días un colega colaborar de esta
columna, Fernando Sánchez Lavado, se
refería a la Plaza de Conquistadores diciendo que el pueblo la había bautizado
como el lejío de los chinatos y exactamente no es así. Fue el entonces alcalde
de Badajoz Gabriel Montesinos, (que
también llegó a la alcaldía de rebote como Fran
Fragoso), quien defendía la firma de
la cesión de terrenos a El Corte Inglés, a la que se oponía el Partido Popular
de aquel momento, con Miguel Celdrán
como primer espada (era concejal, pero en la oposición). Incluso el PP llegó a
propiciar la colocación de pancartas en los edificios que hoy miran a El Corte
Inglés, en las que podía leerse “Yo también quiero la plaza”. Tuve la suerte de
ser yo como plumilla el que recogió y aireó después siempre que pude aquella
frase: “Esa plaza no vale para nada. Es un lejío de chinatos”. Triunfó la opción
de El Corte Inglés porque el PSOE tenía mayoría en el ayuntamiento y parece que
el resultado no podía ser mejor de lo que ha sido. Hoy, junto a lo que fue el
lejío de los chinatos, por desgracia, permanece sólo el que bien podríamos
llamar el lejío de las palmeras.
(Publicado en la edicióm impresa de HOY el viernes 22 de agosto de 2014)
viernes, 8 de agosto de 2014
Tírate de la moto, mi teniente de alcalde
Los abuelos
recientes, como Manolo Becerro, acuden
a San Francisco a contemplar pasmados y felices los asombros de sus nietos. Asisten
a las miles de preguntas de los niños que quieren aprenderlo todo de golpe. A Manolo le preguntará su nieta Greta,
recién llegada a este mundo, si
los caminos y las carreteras se hacen y él contestará, como yo, que no,
que están trazados por otros y no se hacen, se escriben.
Los pajarillos y las asquerosas palomas
hacen sus caminos en el cielo de Badajoz. Ellas buscan las cornisas en las noches,
tras la hora dudosa que se inventó Paz
López (esa hora que va de las 9:00 post meridiem a las 10 p.m., o
sea, cuando el concejal-teniente de alcalde sale de paseo con su moto de
600 y pico c.c.), para dejar
caer su apestosa y sucia descarga (la de las palomas, ¡eh!). ¡Qué asco
de palomas en Badajoz! Ahí no hay
concejal que sea capaz de ponerles remedio (como tampoco el teniente de
alcalde es capaz de poner orden en su corbata) y las esquinas de la calle del Obispo, el campo de San Juan, Fernando Calzadilla, la Avenida
de Huelva, Ricardo Carapeto, la
de Colón, ofrecen un lamentable
espectáculo de excrementos palomares que ¡vaya tela!
En esa hora dudosa uno se acerca al quiosco
de San Francisco y no sabe si pedir
una tónica o una caña para acompañar un rato de lectura reposada que Miguel Murillo vigila, mordaz, desde la
Terraza del López de Ayala, a la que él ha subido para espantar las palomas porque Onofre no le hace ni caso. Mientras,
los del vaso largo siguen aún en La
Marina y Antonio Abril, el jubilado
de lujo de Sonytel, reclama un poco
de plática a los paseantes de Damián
Téllez, en el banco al lado de donde Hilario
dormita y Horacio bromea con el carnicero
Alberto Cerrato sobre la casta esta
que nos gobierna, mientras unos desaprensivos, con cara de amantes de los animales, llevan sus perros a defecar en los mismos
jardines de Damián Téllez en los que unos niños harán su primeros pinitos de paseantes mirando
el hermoso volar de las palomas, sembradoras de cacas por todas partes sin
concejal que pueda con ellas, porque éste está buscando la moto, esa de la que Los Inhumanos (unos músicos, oigan) conminan al concejal,"de la moto tírate..." Y mientras Greta, la nieta de Manolo Becerro, crecerá soñando palomas y caminos.Bienvenida, Greta.
(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 8 de agoso de 2014. El titular apareció cambiado)
http://manololopezgarcia.jueves, 31 de julio de 2014
Los burros de Badajoz
Historias de burros en Badajoz hay
para dar y tomar. Empezando por el burro de la lejía o siguiendo por las mulas
de El Chato. De eso saben algo los nacidos en el siglo pasado. También
historias de dos personajes extremeños, tristemente desaparecidos, que pusieron
un burro en algún momento de sus vidas. Uno fue el pintor Francisco Morán Cruz, funcionario de la Diputación de Badajoz, al
que organizaron una exposición en Madrid y dijo que él se encargaba de
jalearla. No eran tiempos de ruedas de prensa pero entre la prensa desoficiada
de la capital se corrió la voz en cuanto que Paco Morán apareció en la Gran Vía madrileña, montado en un burrito
capón con unas alforjas y traje típico extremeño, fumando su pipa. La asaetearon
con cámaras y micrófonos,vendió su mercancía, se deshizo en elogios de sus propios
cuadros, presumió de su extremeñismo holgadamente y cuando un listillo periodista
quiso cazarle y preguntó “¿de dónde es el burro?”, Paco soltó la respuesta que tenía preparada: “El burro es de Madrid”.
Las crónicas no dicen nada más y cuando Paco
me lo contó hace ya muchos años se enrojecía de satisfacción.
El otro protagonista fue Rafael Ortega, el alfarero de Fregenal de la Sierra, que exhibió una
de sus creaciones con Sancho Panza
delante en su burro y Don Quijote en
su jamelgo Rocinante detrás. Cuando
le preguntaron por qué había cambiado el orden contestó con guasa: “Ya estoy
harto de que vaya delante siempre el mismo”. Me confesó el buenazo de Rafael, un hombre de izquierdas, que
en aquellos tiempos temió que desde la lucecita que a decir de las crónicas
lucía por las noches en El Pardo se
le callara la boca. Pero la cosa no pasó de ahí y desde entonces Sancho Panza ya fue siempre por delante
en su burro. Y don Quijote detrás,
de segundón.
(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 28 de Julio de 2014)
viernes, 18 de julio de 2014
Triste como una casa sin cántaros
( Los elementos más identificativos de Salvatierra de los Barros, en el Museo de la Alfarería de la población, una joya que es a la vez un homenaje a una artesanía que se resiste a desaparecer) Foto: M. LÓPEZ
En las casas aún habitadas de la
zona de la Plaza Alta de Badajoz
puede que aún haya cantareras, esa reliquia del pasado que a algunos se les
antoja ya lejano pero que ofrecían una imagen de frescura en las casas que se
aprecia especialmente en verano. Revelaban las cantareras además el ingenio y
el buen hacer de los albañiles de antaño, que a su vez habían heredado la
sabiduría constructiva de sus ancestros. Puede que haya aún cantareras y cántaros
con agua en algunas casas del viejo San
Roque, en el Cerro de Reyes,
acaso en La Picuriña, tal vez en la Estación o San Fernando, por el Gurugú,
por la Luneta… Y desde luego, en la
inmensa mayoría de nuestros pueblos, que visitaban asiduamente los arrieros de Salvatierra llevando su prodigiosa y
artesanal mercancía, los porrones, los piches, los cántaros, los pucheros. Hace
unos días en esta sección recordaba yo esa simpática y nostálgica presencia de
los arrieros en la plaza de mi pueblo, Salvaleón.
Allí acudían con su mercancía mientras otros de sus compañeros llegaron con los
cántaros, los espiches y hasta los burros a Nueva York.
Hoy, ya digo, no hay cantareras ni
cántaros en muchos lugares y hasta al bar/pub La Cantarera de Sinforiano
Madroñero creo que le han cambiado el nombre y lo ha adoptado un kebab,
mire usted qué gracia. Menos mal que esa desaparición no será total mientras
haya personas que mantengan vivo en su espíritu y en su recuerdo el sabor
agradable del agua enfríada no en el frigorífico, sino a golpe del barro de Salvatierra. No se perderá todo
mientras podamos luchar incluso a favor de quien se empeñe en no tener alma de
cántaro. Pero sí, son tristes las casas sin cántaros.
(Publicado en la edición impresa de HOY el viernes 18 de julio de 2014)
viernes, 4 de julio de 2014
Como un pueblo sin su plaza
La Plaza de España de Salvaleón, desmantelada de su empedrado portugués. Las máquinas han invadido el lugar de nuestros paseos y nuestros sueños, nuestra infancia y juventud.
Lo que nos va quedando es sólo el
recuerdo. Nuestros juegos en la plaza del pueblo, en este caso de Salvaleón.
Ahí estaba el moral, ahí estaba el algarrobo, ahí se sentaban los viejos que
hicieron historia en nuestras vidas, ahí vivimos nuestros primeros amores, ahí nos
moceábamos. Ahí jugábamos al marro y a medias y enteras, ahí dormían junto a
sus cargas los vendedores de melones de La
Torre, ahí exponían su mercancía los alfareros de Salvatierra, ahí bailábamos en verano con Los Velasco, con Ramonito y
Burrino y Blasito, con Los Sonics
de Barcarrota. Ahí, en una plaza
desnivelada, se invirtieron millones para que artesanos portugueses hicieran un
hermoso mosaico de piedras con las que bordaron el escudo del pueblo… Miles y
miles de euros sobre los que se ha echado capas de cemento que se iba a pulir.
Pero los técnicos no han acertado y han optado por lo más vil, por descuajar
las miles de piedrecitas y arrasar la plaza de un pueblo que se queda sin su
plaza. En la mañana del martes primero de julio alguna mujer ha ido indignada a
pedir explicaciones al alcalde, que ha dicho que el daño lo va a reparar la
empresa, que no costará un euro al pueblo. Nos quedamos sin el mosaico portugués.
Nos quedamos con la plaza descuajada como una encina vieja y ya se bromea
diciendo que ahí se va a hacer un verjel. Nos quedamos sin Centro de Salud, sin Instituto,
con un cura ambulante, con un médico ambulante, con un ATS, sin guardia civil,
con un sólo policía local, sin el moral, sin el algarrobo. Eso sí, tenemos las
excavadoras metidas en la plaza. Ya ni sitio tenemos para despedir a nuestros
muertos a la puerta de la iglesia.
Pero tranquilos, porrrineros, ha
dicho el alcalde que eso lo va a costear la empresa que ha destrozado nuestra
plaza. Y lo ha hecho en las propias narices del alcalde y de toda la Corporación
que este pueblo ha votado.
(Publicado en la edición impresa de HOY el martes 1 de julio de 2014)
Corcheas y semicorcheas
Mis recuerdos de infancia y pasmosa
juventud van ligados a mis aficiones musicales, a mi querer y no poder ser un
musiquillo aficionado que hacia lo que podía con la clave de Sol y el método Eslava. Mis primeros contactos con la
Banda Municipal de Música de Badajoz,
cuando el concejal responsable de la Banda era el maestro Antonio Regalado, datan de una visita a lo que por entonces era
lugar de ensayo y no sé si lo seguirá siendo en la calle Las Peñas (ahora Eugenio
Hermoso), con varias sillas mal puestas que servían para sentar las
posaderas de los señores músicos. In illo témpore yo había conocido en Pipo’s, aquel lugar de perdición, las
habilidades trompeteras de El Maceta,
un buen músico y gran persona, cuando pululaba por el local gestionándolo el
desaparecido Gerardo Barredo., que
se jugaba el tipo cada noche con los que se negaban a pagar las copas de “ las
chicas”. Allí cantaba desgarrado el “me quemaste, me quemaste, como un muñeco
de falla” un joven y entusiasta Ángel de
España que hacía las delicias de la concurrencia a eso de las cinco de la
madrugada, cargado el local de humo y de colonia barata y quizás hasta alguna
vendedora de claveles. Ya iba yo por la vida con ciertos saberes de las
corcheas, semicorcheas, fusas, semifusas, garrapateas, etc, por lo que esto de
que ahora se hayan filtrado preguntas de los exámenes para elegir nuevos
componentes de la Banda Municipal me llena de disgusto, porque viene a ser como
si alguien se hubiera tomado tan seria oposición como el pito del sereno.
Y es que está visto que ni las corcheas son ya ajenas a la pillería
humana. No sé yo si será mi colega periodista Paloma Morcillo la concejala-delegada de las corcheas, que para eso
y para todas las cosas de la Cultura se la llevó ahí Migué Celdrán, que me imagino se encogerá de hombros y dirá aquello
de a mi que “me dejen de musicas” o que se vayan con la música a otra parte. A
vé…
(Publicado en la edición impresa de HOY el lunes 16 de junio de 2014)
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